Contra un mal de siempre, el trabajo en negro
Cuando se habla desde el oficialismo nacional de “profundizar el modelo” que ha gobernado a la Argentina desde 2003, eso, más allá del discurso, debe materializarse en acciones concretas, en gestiones puntuales que avancen sobre las problemáticas que siguen siendo los grandes obstáculos que tiene nuestro país para prosperar. Obstáculos que vienen acarreándose desde décadas atrás, que han propiciado y desencadenado males que sufrimos de manera más acuciante en la actualidad, como es el caso de la seguridad.

Se acabaron las salideras bancarias, ningún hombre quemó a su mujer, y tampoco tenemos noticias de una muerte violenta en la que hubiera intervenido un menor de edad reticente a ser incluido en los múltiples programas de inclusión social que abundan en la provincia. Ni hablar de los secuestros virtuales protagonizados por los reclusos que, amén de vivir a expensas del Estado, se resistían año tras año a resocializarse, y actuaban al amparo de algunos jueces que privilegiaban sus derechos por encima de aquéllos que les correspondían a las víctimas. Se jactaban de ser garantistas. Me pregunto de qué. Aquél que tenía las agallas de salir a delinquir, a convertirse por decisión propia en motochorro, a exponer su vida por unas pocas monedas que podía llevarse de la cartera de una dama, debía saber que la sociedad –nosotros, porque él se fue, eligió salir– debía defenderse a ultranza. Y en tiempos violentos, para los amigos todo, para los enemigos nada.
De levantar con ambas manos un cartel que rezaba una consigna que ha marcado la política de la última década, a ser la figurita más mostrada y mentir usando las mismas palabras de molde del diario cuyo dueño adquirió con torturas y amenazas Papel Prensa. El cartelito era simple, decía “Clarín Miente”, las manos que lo elevaban gustosas en el aire eran las de Hugo Moyano, claro. Nada más buchón que el archivo fresco del pasado reciente. Luego, cuando se puso la camiseta opositora, porque sus extorsiones al gobierno ya habían perdido efecto, en un programa de TN, mientras convocaba al paro nacional de camioneros, Moyano dijo, con sonrisas cómplices: “Clarín mentía”.
La vorágine cotidiana de la política argentina, esa que nos lleva a hablar de huelga de docentes un día, al otro de la reforma del Código Penal, al otro de linchamientos, por ejemplo, no nos da tregua, saltando de tópico en tópico, opinando de todo, sabiendo de qué se habla o no. Y es por eso que cuando queremos volver a traer a colación un tema como el de la Democratización Judicial, parece que habláramos de algo que sucedió (pero aun no pasó) hace tiempo. Y de hecho es una cuestión que atravesó los medios de comunicación y las redes sociales y expuso la opinión de los dirigentes políticos hace muy poco, pero como ya se han sucedido tantos otros asuntos que invadieron y ocuparon las noticias, parece más alejado en el tiempo aquel debate que está muy lejos de haberse agotado.
(Por Julián Axat*) Durante 2010 en la Provincia de Buenos Aires se registran 33.878 IPP (investigaciones Penales Preparatorias) abiertas con motivo de la infracción a la ley 23.737. Esto representó un 5, 4 % del total de los delitos denunciados ese año. En relación al Fuero penal Juvenil, la cifra es de 2.155 IPP, un relación del 7,8% del total. Los años siguientes, durante 2011, 40.482 IPP (6, 7% del total) contra 2.846 IPP Fuero penal Juvenil (10,2%). En 2012, 32.109 IPP (4, 89%) contra 2714 IPP Fuero Penal juvenil (9,8%).
Estamos atravesando épocas donde algunos se esfuerzan por hacernos creer que hay vidas con más valor que otras. Que hay quienes creen tener, por algún circunstancial hecho, potestades sobre las vidas de otros y que esos otros no tienen derechos, al menos no los mismos derechos que nosotros. Y hacen de ese nosotros un sitio oscuro, abyecto y peligroso. Vivimos momentos donde agitadores violentos, por diferentes medios, gustan de pinchar donde más duele esperando obtener réditos conspicuos. Donde dirigentes políticos justifican hechos aborrecibles con mentiras y así muestran qué sociedad construirían si ellos gobernaran: una sociedad en la que no quiero vivir.
Llamemos progresismo, en materia de políticas criminales, a todo el espectro que va desde el garantismo (políticamente liberales) a los “críticos” (de inspiración de izquierda). Curiosamente no hay ningún término para designar a aquellos que proponen como política de seguridad, más cárceles o castigos más duros. Llamémoslos, por oposición, conservadores, o de derecha (al menos, ese término es más amplio que “represivos”, que sería lo opuesto a garantistas).
“El que mata debe morir”, dijo alguna vez Susana Giménez en un rapto de absurda venganza al estilo de la más básica interpretación de la Ley del Talión. Ahora, el que roba, ¿también debe morir?
Si les digo Cristian Dzwonik, no van a saber de quién les hablo. Si se los nombro por su seudónimo, tal vez sí: Nik. Aunque si siguen sin ubicar a esta persona, pueden andar sin cuidado, no es importante. Pero me gustaría transmitirles algunas cosas en las que este señor, al que Wikipedia señala como “historietista argentino, creador del personaje Gaturro”, me hizo pensar gracias a unos mensajes que escribió en la red social Twitter, y que luego borró.
(Por Mariano Gaitan) Los notables avances del proceso de Memoria, Verdad y Justicia han convertido a nuestro país en un ejemplo a nivel mundial en materia de lucha contra la impunidad. Desde la reapertura de las causas por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura, más de 500 acusados han sido condenados por crímenes contra la humanidad y más de 1000 han sido procesados y serán juzgados próximamente. Entre los imputados se encuentran altos mandos de las Fuerzas Armadas que planearon los crímenes, ejecutores directos de las torturas y desapariciones y, más recientemente, civiles que colaboraron con el terrorismo de Estado ―incluyendo miembros de la administración de justicia y empresarios.