Contra un mal de siempre, el trabajo en negro
Cuando se habla desde el oficialismo nacional de “profundizar el modelo” que ha gobernado a la Argentina desde 2003, eso, más allá del discurso, debe materializarse en acciones concretas, en gestiones puntuales que avancen sobre las problemáticas que siguen siendo los grandes obstáculos que tiene nuestro país para prosperar. Obstáculos que vienen acarreándose desde décadas atrás, que han propiciado y desencadenado males que sufrimos de manera más acuciante en la actualidad, como es el caso de la seguridad.
Las reformas educativas neoliberales de los ’90 dejaron a miles y miles de chicos fuera del sistema educativo, la falta de empleo, el crecimiento veloz de la pobreza y la miseria en el gobierno menemista y ahondada en el de De La Rúa, no sólo provocaron la peor crisis vivida, allá en el 2001, sino que dejaron a tanta gente fuera del sistema, -no sólo olvidada de las políticas públicas, sino apartadas aun más por ellas-, que después de más de diez años de avances, seguimos sufriendo la desigualdad que el neoliberalismo salvaje plantó y regó en nuestra tierra durante tantos años.
Entonces, todo lo que se hace puede parecer poco, por un simple hecho: estaba todo por hacerse. Y luego de más de una década de gobierno, lógicamente aun hay mucho por legislar, muchos proyectos en los que avanzar, muchos derechos a recuperar o conquistar. Tal es el caso de un flagelo enquistado en nuestra sociedad que, me animo a decir, parece ser de los más difíciles de desenquietar: me refiero al trabajo en negro o “informal”.
Pero todo, cuando llega, parece remarcar la necesidad y el vacío que existía antes de que tal cosa sucediese, pero pocas veces resalta el esfuerzo impreso en el largo camino que se recorre hasta que al fin se logra. Ese es el caso del nuevo proyecto de ley de Promoción del Trabajo Registrado y Prevención del Fraude Laboral que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner envió al Congreso Nacional.
De esta manera, se profundiza sobre un área sensible a todos los argentinos, ya que luego de crear millones de puestos de empleo, se empieza a reparar la pata más floja de esa mesa, pues se pretende erradicar el trabajo informal a través de la formalización de 650 mil puestos en dos años.
Cristina, que calificó al empleo no registrado como “el segundo problema que afecta a los trabajadores argentinos, después de la desocupación”, pidió “abordar con seriedad” las discusiones sobre los distintos proyectos de país, a pocos días del Paro organizado por Moyano, Barrionuevo, Micheli y Venegas, quien dijo que el trabajo en negro y precarizado no estaba entre los reclamos del paro. Él, justo, que no acompañó el Estatuto del Peón Rural.
Para “continuar luchando contra la precarización laboral”, además de pedir a los sindicalistas que defiendan los puestos de trabajo creados, la Jefa de Estado afirmó que habrá incentivos a microemprendedores y pequeñas y medianas empresas. También se ampliarán dos instrumentos ya existentes: los beneficios para la contratación de nuevos trabajadores (Ley 26.476) y la difusión de los convenios de corresponsabilidad gremial, así como se establecerá un Régimen Especial y Permanente de Contribuciones a la Seguridad Social para Micreoempresas que desarrollen menores niveles de productividad. También se contempla la creación de un registro de empresas que incumplan sus obligaciones fiscales, quienes serán susceptibles al retiro de beneficios impositivos y subsidios.
Los índices de desocupación bajan trimestre a trimestre, de hecho, con la creación de 6 millones de nuevos puestos de empleo en los últimos diez años, hoy contamos con una cifra propicia que arrojó un 6.4% a finales del año pasado. Si recordamos, imprescindible ejercicio, que en el año 2003 casi la mitad del país estaba desocupado (49.6%), veremos que esta medida del gobierno profundiza un modelo de inclusión social que aun necesita apuntalarse y nutrirse, pero que no deja de ampliar derechos, porque esa es la única forma de construir un país para todos y todas.
