Marita todavía falta
La vorágine cotidiana de la política argentina, esa que nos lleva a hablar de huelga de docentes un día, al otro de la reforma del Código Penal, al otro de linchamientos, por ejemplo, no nos da tregua, saltando de tópico en tópico, opinando de todo, sabiendo de qué se habla o no. Y es por eso que cuando queremos volver a traer a colación un tema como el de la Democratización Judicial, parece que habláramos de algo que sucedió (pero aun no pasó) hace tiempo. Y de hecho es una cuestión que atravesó los medios de comunicación y las redes sociales y expuso la opinión de los dirigentes políticos hace muy poco, pero como ya se han sucedido tantos otros asuntos que invadieron y ocuparon las noticias, parece más alejado en el tiempo aquel debate que está muy lejos de haberse agotado.
Pero cuando vivimos un día de reparación histórica, como el que se vivió este martes en Tucumán, la necesidad de Democratizar el Poder Judicial vuelve a manifestarse con la fuerza y el resplandor de un rayo, casi tan fuerte y tan brillante como el deslumbramiento que impone la Justicia, cuando llega.
En Diciembre de 2012, los jueces de la Sala II de la Cámara Penal de San Miguel de Tucumán absolvieron a los trece acusados de raptar en 2002 a Marita Verón y obligarla a ejercer la prostitución en Tucumán y La Rioja. Ese día, la impotencia, la indignación y el dolor estallaron. Incluso, la misma Cristina Kirchner compartió por cadena nacional el sentimiento de tristeza de todo el pueblo que apoyó y apoya la lucha de Susana Trimarco.
Luego de que la Suprema Corte de la provincia de Tucumán revocara el fallo absolutorio dictado en primera instancia, un nuevo tribunal compuesto por los jueces Emilio Páez de la Torre, Dante Ibáñez y Juana Juárez, quienes debían establecer las penas a los 10 acusados del secuestro y la desaparición de Marita, condenó a 22 años de prisión a José Fernando Gómez y a su hermano Gonzalo José. Así también recibieron 18 años Alejandro González y su pareja, Daniela Milheim, considerados coautores de la “retención y ocultamiento”, agravado por “la promoción de la prostitución”. Los otros seis culpables recibieron penas de entre 10 y 17 años.
Este martes 8 de Abril, “Algo de justicia hemos conseguido”, en palabras de la luchadora feroz que un día parió a Marita, sin imaginar que la vida le pegaría donde más duele, desapareciéndole a la hija durante tantos años, haciendo que tuviera que criar a su nieta, y pelear contra los largos rancios y corruptos brazos de la política y del Poder Judicial. Buscando, enfrentándose al peligro, arriesgando su vida, pero liberando a centenares de chicas de las redes de trata de personas en ese cruel camino en busca de justicia, pero, sobre todo, en busca de Marita. Como alguna vez dijo Napoleón, “Cada uno de los movimientos de todos los individuos se realizan por tres únicas razones: por honor, por dinero o por amor”. No hace falta aclarar quien es quien en esta historia.
Marita sigue faltando. A Micaela le falta una madre, a Susana una hija y a nuestro país le sobran demasiados malparidos que van por ahí haciendo fortunas vendiendo mujeres, violando, torturando, esclavizando.
Doce años de lucha. Hay Madres en Argentina que después de casi cuarenta años aun siguen buscando a sus hijos, y Abuelas que siguen buscando a sus nietos. Porque todavía, y aun después de grandiosos avances en materia de Derechos Humanos, hay un aparato siniestro que secuestró y secuestra, que torturó y tortura, que mató y mata y que tiene una fortísima raíz y una probadísima complicidad en el entramado del Poder Judicial, que sigue siendo prácticamente el mismo desde la última dictadura. Y cuando se pretende modificar algo en esa ingeniería compleja y perversa saltan a la yugular de quien osa intentar alterar el status quo, porque creen que están por sobre todos nosotros, antes, ahora, siempre.
Susana Trimarco va a seguir buscando la Verdad junto a millones que apoyan su lucha, pero mientras tanto las redes de trata siguen arraigadas y protegidas en las provincias por quienes ostentan altos cargos y abultadas cuentas bancarias. Ésos, los que se escandalizan cuando se habla de Democratizar el Poder Judicial y se escudan en sus funciones de impartidotes de justicia, cosa que, excepto en raras excepciones como la que se vivió este martes en Tucumán, nunca hacen.
