Algunas consideraciones sobre el conflicto gremial docente
Cuando se opina y se hace pública esa opinión se puede estar seguro de algunas cosas, como que habrá gente que se disguste con nuestros dichos y otras personas que se sientan representadas por ellos. Si escribimos lo que pensamos sólo cuando vaya a haber más gente a favor de nuestra palabra que en contra, no mereceremos ni siquiera ser leídos, más allá del contenido de lo que queríamos expresar. Leer más

(Por Ramiro Gual*) Durante la década de 1990 medidas de fuerza colectivas y motines carcelarios atravesaron el escenario penitenciario nacional. Sin pretender simplificar la complejidad del fenómeno, estos hechos de alta visibilidad produjeron un fuerte impacto en la agenda política que, al combinarse con otros factores, impulsaron la sanción de dos leyes trascendentales en términos de reconocimiento de derechos y garantías para los detenidos: las llamadas Leyes del 2 x 1 y de Ejecución de la Pena Privativa de Libertad (leyes N° 24.390 y 24.660).
Leonardo Paz vivió la mitad de años que Jorge Ibáñez, pero su muerte no llegó a ser ni la mitad de conocida que la del diseñador. Y eso no sólo pasa porque hay que explicar quién era el primero y, posiblemente, no hay que revelar la identidad del segundo. Es, además, porque hay muertes prioritarias, muertes que son más ‘importantes’ que otras, muertes que venden más, muertes que rinden mucho más que otras.
En esta columna ya nos hemos referido con anterioridad al manejo mediático de de las noticias, que pueden ir desde una manipulación tendenciosa y cuentapropista de la información hasta la formulación de mentiras que no resisten un análisis elemental, invenciones que sólo pretenden instalar temas que benefician o perjudican a determinadas personas, pero que no comparten nada con la realidad. Como sucede con el caso del anteproyecto del Código Penal, donde ya se conocen infinidad de opiniones en contra de éste, pero no se conoce el anteproyecto en sí. Opositores al gobierno nacional han tomado el tema con inusitada vehemencia y han prodigado una caterva de falacias dignas de un buen ejemplar de ficción, aprovechándose de la carta blanca que los medios, -tan o más opositores que esos políticos de lengua precoz e ignorante- le ofrecen en sus diarios, radios y demás programas.
En 1921 se aprobó un Código Penal para todo el país buscando, entre otras cosas, cumplir con la disposición constitucional que exige un compendio de leyes penales que no sea un mero amontonamiento, sino un cuerpo sistemático, unificado y coherente. Desde el momento mismo de su sanción ese código vio como las sucesivas reformas legislativas lo fueron lentamente destruyendo.
Por el valle de la Muerte, cabalgaron las 300. A las fauces de la violencia fueron arrojadas, a los puños del machismo. En la intemperie cruel de la indiferencia y la desidia fueron abandonadas. Así fue en este 2013 que pasó, parafraseando el poema de Lord Alfred Tennyson, el famoso texto de La carga de la Brigada Ligera. Así fue: una mujer asesinada cada 30 horas. 3oo casos de violencia de género. Números fríos, como las lápidas sobre sus tumbas.
A veces caigo en el error y lo pienso tan muerto y enterrado que me desespero. Porque eso de lo inevitable, lo que no se modificar, aturde. Son los momentos en los que flaqueamos, los más difíciles, los peores, los que su presencia se hace indispensable… y falta. Hay otros momentos en que no creo eso que dicen desde hace un año con tanta seguridad, unos con pena profunda, otros sin disimular la sonrisa nefasta. Dicen que se nos ha muerto Hugo Chávez y a mi hay días en que eso me parece un disparate. Y pienso, ¿cómo se va a haber muerto este hombre?, si puedo verlo en todas partes, aun más que antes. Si está en todo: en cada vez que elevamos nuestra voz para ponerle freno a una injusticia, cada vez que le tendemos la mano solidaria a alguien, cada vez que queremos superarnos por nosotros y por los que nos rodean. En las cosas simples, así como en las más grandiosas.
El miércoles 26 de febrero se conoció una resolución de la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal, mediante la cual se ordenó indemnizar con $30.000 a cuatro personas que habían sido detenidas y alojadas en el Penal de Devoto. Los cuatro hombres convivieron 14 meses en el Pabellón Nº 14 con otros 380 detenidos y todos compartían solo 80 camas, cuatro baños, cuatro duchas, una pileta de uso común y veinte sillas, rodeados de gran cantidad de cucarachas, sin luz y con un recreo de dos veces por semana de horas. 
¿Existe la malversación de la palabra? Así, como expresión: “malversación de la palabra”. Más allá de la invención, la mentira, la infamia, un compendio de todas esas vilezas que se obtenga de trastocar los dichos, recortar las frases, pulir los discursos de manera acomodaticia, para que terminen diciendo lo que no decían. Eso me pregunto. Y si no existe tal corrupción de los enunciados, inventémosla aquí.