Por el valle de la Muerte, cabalgaron las 300

violenciaPor el valle de la Muerte, cabalgaron las 300. A las fauces de la violencia fueron arrojadas, a los puños del machismo. En la intemperie cruel de la indiferencia y la desidia fueron abandonadas. Así fue en este 2013 que pasó, parafraseando el poema de Lord Alfred Tennyson, el famoso texto de La carga de la Brigada Ligera. Así fue: una mujer asesinada cada 30 horas. 3oo casos de violencia de género. Números fríos, como las lápidas sobre sus tumbas.

Según un estudio de La Casa del Encuentro, difundido en el marco del Día de la Mujer, que se conmemora este 8 de marzo, de esos 300 femicidios (figura incorporada al el Código Penal el año pasado), 19 eran adolescentes: tenían entre 13 y 18 años. También se informó que el 16% de esas mujeres había realizado previas denuncias contra quienes luego las asesinaron. ¿Qué quieren decir estos datos? Más allá del horror obvio demuestran las fallas en la justicia, en la sociedad que ve, que escucha, pero decide mirar para otro lado, hacer oídos sordos, callar. Y ese es otro tipo de violencia a la que son sometidas las mujeres maltratadas física y psicológicamente. Hay cosas que estamos haciendo muy mal: 300 mujeres ya no están porque el largo brazo del machismo las arrancó de la vida. Y han dejado a 405 chicos y chicas huérfanos, algunos obligados a tener que convivir con los asesinos de sus madres, o tener que visitarlos, porque la justicia, que a veces no entiende nada, los fuerza a que así sea.

Lo cierto es que hablamos de esto porque es el Día de la Mujer. Pero a ellas no las matan los 8 de marzo, las matan todos los días. Lo cierto es que esas mujeres de seguro no necesitaban un “Feliz día”, salutación simpática, si no se la piensa un instante, porque podemos hablar de las mujeres más bonitas, las que luchan, pero prefiero hablar de las que ya no están porque cayeron víctimas de la violencia de género.

Ellas de seguro no querían flores, ni bombones, ni halagos, ellas querían no morir. Ellas querían que las escucharan y las defendieran, por eso denunciaron a sus maltratadores. Ellas querían ver crecer a sus hijos, y ellas, las más pequeñas, seguro querían llegar a mayores.

Porque las flores se ponen en agua, los bombones se comen, todo eso pasa. En unos días de eso ya no hay nada. Pero la igualdad, esa que aun no conseguimos, esa que parece una simpleza pero que encarna toda la historia de nuestra humanidad, nuestra injusta humanidad, esa dura para siempre. La Igualdad no se pudre, no se derrite, aunque debe tener un sabor exquisito.

Ellas no querían que les abran la puerta y las dejen pasar, querían que no las revienten a trompadas. Ellas no deben haber tenido interés en los piropos, ni en las bromas estúpidas de los estúpidos que creen que es gracioso ridiculizar a alguno de los géneros. El machismo mata, y eso no causa gracia. Y aunque hemos avanzado mucho, es evidente que no alcanza.

Ellas deben haber querido no ser violadas. Las víctimas de estos femicidios del 2013, así como las anteriores y las que lamentablemente vendrán, querían no ser humilladas ni vejadas, no ser golpeadas ni despreciadas, querían vivir sin miedo, como todos nosotros. ¿No es eso acaso cierto? Y si todos queremos eso, hagámoslo, no podemos vivir libres entre quienes no lo son, entre quienes no pueden serlo. Por el valle de la Muerte dejamos solas a esas 300 mujeres.

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