Más cupos, más dignidad
El miércoles 26 de febrero se conoció una resolución de la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal, mediante la cual se ordenó indemnizar con $30.000 a cuatro personas que habían sido detenidas y alojadas en el Penal de Devoto. Los cuatro hombres convivieron 14 meses en el Pabellón Nº 14 con otros 380 detenidos y todos compartían solo 80 camas, cuatro baños, cuatro duchas, una pileta de uso común y veinte sillas, rodeados de gran cantidad de cucarachas, sin luz y con un recreo de dos veces por semana de horas.
¿Qué dijeron los jueces en la resolución? Que correspondía hacer lugar a un resarcimiento por las condiciones de detención, determinando que «eran indignas de la condición humana». Como corolario de la situación, los cuatro hombres estaban acusados de varios delitos pero finalmente se los declaró inocentes, y a uno incluso se lo había detenido porque la policía lo confundió con otro “de similares características”. Verdaderamente indignante.
De todas maneras, no queremos quedarnos solamente con el rechazo que nos produce saber que personas inocentes han sido privadas de su libertad por tanto tiempo. No. Que el árbol no nos tape el bosque.
La sobrepoblación carcelaria es –y aunque sea triste decirlo tan abiertamente– moneda corriente en las cárceles argentinas. ¿Cómo se ha llegado y permanecido a este nivel de encarcelamiento? Son muchos los factores. Los abusos de la prisión preventiva por parte de las agencias judiciales (entre un 60 y 75% de la población carcelaria están en calidad de procesados, esperando la realización de su juicio); la falta de imaginación y creatividad, y de sentido común en muchos casos, por parte de los legisladores y los actores del poder judicial al momento de establecer penas alternativas y distintas a la prisión y la vista gorda del poder que se dedica a controlar la infraestructura y condiciones carcelarias, entre muchas otras causales.
La sobrepoblación carcelaria afecta directamente derechos esenciales que tienen las personas privadas de libertad, tales como la alimentación, la higiene, la salud, la recreación y muchas veces en su mismísima vida. Se sabe bien que la cárcel solo priva (o debería privar) el derecho a la libertad de locomoción. Pero en la realidad el encierro implica la privación de múltiples derechos, y ello, en parte, está vinculado con las condiciones de hacinamiento y de abandono del Estado respecto de personas de quien ocupa un rol de garante.
Pero resta mencionar la condición que define la existencia de la problemática. Condición que, por elemental y evidente, a veces se deja de lado. Y ella es la capacidad máxima de alojamiento de las unidades penitenciarias.
Una prisión, por definición, está sobrepoblada cuando, en base a algún criterio, se ha fijado una capacidad de alojamiento máximo para sus celdas y pabellones, y la cantidad de personas privadas de libertad alojadas son superiores a las plazas previstas. Lógica pura, ¿verdad?
Tan lógico como que no deben enviarse más personas a un establecimiento que, por su estructura original, no da abasto para albergar a más personas. Tan lógico como que, cuando se esté por completar la capacidad máxima de plazas, se al menos avise al organismo correspondiente para que empiece a tomar medidas que impidan “sobrepasar” el número de personas que puede soportar la estructura del establecimiento.
El año pasado la Procuración Penitenciaria Nacional (PPN) presentó un proyecto denominado “Ley para la Acreditación Funcional de Establecimientos para la Privación de la Libertad y Control de la Superpoblación». Este proyecto propone determinar la capacidad de alojamiento de cada prisión en base a criterios definidos, controlar eficiente y diariamente dicha capacidad, y permitir el empleo de mecanismos para descongestionar la población carcelaria. Se erige al Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT) como organismo de aplicación de la ley.
Muchos demonizan y asocian la idea de establecer un cupo carcelario con la de “soltar delincuentes feroces a la calle, asesinos seriales, violadores…”. Lejos de ello, los mecanismos propuestos apuntan a otorgar la libertad a quienes tienen condenas cortas, por delitos menores, o que ya están en regímenes de semi-libertad.
La propuesta, entonces, nos parece esencialmente lógica. Cuando no nos entran más prendas en el armario, luego de ver si nos queda espacio en otros roperos, nos comenzamos a preguntar ¿no tendré ropa de más? Generalmente, las prendas más antiguas, gastadas, las que no son nuestras, suelen ser las primeras en abandonar la casa. ¿Porque? Porque compramos la ropa para vestirnos en distintas ocasiones y, como todas cosas, con el transcurso del tiempo cumple su finalidad.
Lo mismo ocurre con las personas privadas de libertad. Pero las personas, a diferencia de una mera cosa, tienen dignidad y derechos por su calidad de tales. No tiene razón de ser comprar más armarios con el fin de acumular y acumular prendas. Tampoco tiene razón de ser construir más y más cárceles, solo para contener masivamente a personas que han infligido la literalidad de una norma. Menos razón de ser aún, si cada vez más les preguntamos “¿qué hiciste?”, en vez de “¿por qué lo hiciste? ¿cómo crees que podés solucionarlo? ¿necesitás ayuda?”.
Con la intención de ir más lejos, tanto nos ha cegado nuestra sed de que “el otro” cumpla hasta el último día de su –cuando la tiene– condena (ese que infligió una norma, pasó a una prisión, empezó a padecer condiciones de hacinamiento y ahora nos oponemos a que salga en libertad), que nos olvidamos que también se le afectan derechos y salud a los empleados penitenciarios. Nadie cuenta que la sobrepoblación no hace más que agravar la violación a los derechos humanos de quienes, desde el vamos, deben regirse bajo un régimen anacrónico e inconstitucional. Nadie.
Entendemos que agregarle una cuota de racionalidad, humanidad y lógica al sistema penal en sus distintas manifestaciones es el camino que se debe recorrer. Hoy nos toca proponer el cupo carcelario en un contexto de lucha por una mayor dignidad humana, de quienes son alojados y de quienes están a su lado. Esperemos que, a mediano plazo, las deplorables condiciones actuales de nuestras cárceles sean solo una mera anécdota.

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Acá les dejo una columna que hice para @24baires sobre sobrepoblación carcelaria http://t.co/OZ4Hb43pVq vía @24baires Cc @pensapenal
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