Muertes que venden más que otras

ibañez 2Leonardo Paz vivió la mitad de años que Jorge Ibáñez, pero su muerte no llegó a ser ni la mitad de conocida que la del diseñador. Y eso no sólo pasa porque hay que explicar quién era el primero y, posiblemente, no hay que revelar la identidad del segundo. Es, además, porque hay muertes prioritarias, muertes que son más ‘importantes’ que otras, muertes que venden más, muertes que rinden mucho más que otras.

Y aunque el asesinado de un joven colectivero hubiera sido pasto sabroso para muchos canales de televisión y programas que se alimentan en las praderas del morbo y la sangre ajena, dio la casualidad que Leonardo Paz, chofer de la línea 56 en Capital Federal, falleció el mismo día que el diseñador de alta costura, Jorge Ibáñez.

La experiencia nos dice eso, que hay decesos que resultan más vendibles que otros. El asesinato de Kevin Molina, de 9 años, en la Villa 21, prácticamente no tuvo difusión, pero del de Ángeles Rawson seguimos aun hoy hablando. El asesinato por encargo del joven campesino del MOCASE, Cristian Ferreyra, por defender su tierra de empresarios sin escrúpulos pero con balas y dinero, no pudo perforar la noticia del macabro hallazgo del cuerpo de Tomás, un nene que se buscaba desde hacía unos días y que había sido ultimado por su padrastro y arrojado a un descampado, allá a finales del 2011, quizá lo recuerden.

Leonardo, de 22 años, en su cuarto día de trabajo, junto a un colega de experiencia que lo estaba instruyendo, mientras de seguro intentaba aprenderse los recorridos del 56 -que imagino tortuosos-, encontró la muerte de manera violenta en un asalto que se produjo alrededor de las 4.30 de la madrugada, en la localidad de Villa Madero, partido de La Matanza, cuando dos muchachos subieron al colectivo “y empezaron a asaltar a los pasajeros despojándolos de sus elementos personales”, según informó el jefe de la Superintendencia Zona Oeste de la Policía Bonaerense, comisario mayor Sergio Bianchi. Según relató el comisario a la Agencia Télam, “En esas circunstancias, un agente de la Policía Federal, uniformado, desde el fondo dio la voz de alto y los delincuentes dejaron en el piso los elementos que estaban robando y huyeron”. No sin antes, desde abajo del vehículo, disparar sus armas contra el colectivo: “Uno de los proyectiles impactó en el chofer y otro en la ventanilla”. Su compañero manejó hasta un hospital, donde Leonardo falleció mientras era atendido. Este homicidio desencadenó un paro de colectivos que puso en jaque el tránsito porteño y complicó a todos a la hora de volver a casa.

¿Cuánta gente buscó información de este homicidio dejando de ver las horas y horas de homenajes y recuerdos que, todavía, le dedican al diseñador que vistiera a Mirtha Legrand? No lo sé, los intereses de cada son eso, justamente, de cada uno: privados, subjetivos. Pero en la televisión argentina nada dura tantos minutos si no se está viendo a mansalva.

Aunque entendamos el mecanismo de los medios y el porqué de sus programaciones, no está mal, creo, detenernos a meditar un poco en estas instancias, no sólo con el lamentable caso de Leonardo, sino con todas aquellas muertes que son opacadas por otras. El medidor de importancia tendrá indicadores que podemos o no compartir, pero si un paro de colectivos no hubiera perjudicado a la sociedad porteña, el escándalo no hubiera sido tal, y Jorge Ibáñez habría acaparado aun más las pantallas y las tapas de los diarios con su partida, también temprana.

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