Es el “mercado”, pavotes
En las últimas semanas, una entidad bastante olvidada por la falta de protagonismo en el rumbo de la economía global volvió al centro de la escena. Se trata de nuestra querida OPEP. Quizá si nombro la Organización de Países Exportadores de Petróleo usted no tenga idea de lo que estoy hablando. Pero seguramente, si tiene la edad suficiente, recuerde el Rodrigazo. Es que la OPEP, en contadas situaciones, ha influido en las crisis económicas de los países subdesarrollados, sin ser la Argentina una excepción a esta premisa. No vamos a profundizar sobre la obvia importancia que tiene el petróleo no sólo en nuestra economía sino en todas las economías del mundo, sino que nos vamos a centrar en el desafío que nos presenta la coyuntura con respecto a la caída del precio del barril de petróleo. Leer más

Hace 13 años Argentina implotó. La larga mecha siempre encendida que terminaba –como suele suceder- en los barriles de pólvora que eran el hambre y la paciencia, finalmente se consumió del todo. Y estallamos, de todas las formas posibles.
En los últimos días se festejó con mucha pompa lo que se presentó como “el final de una vieja disputa” al anunciar que se había aprobado la provincialización de la Reserva Puerto Mar del Plata, que finalmente no estaría a merced de las oscuras intenciones del club Aldosivi.
Me fui de vacaciones. Todo muy lindo, si, gracias. La cosa es que estuve ausente dos semanas en las que fui leyendo, como a través de un vidrio empañado, los temas más trascendentes de la política nacional. Porque aunque nos tomemos unos días, hay cosas que no estamos acostumbrados a dejar de hacer, somos esclavos de nuestros intereses, de nuestra curiosidad y, -es la vida que nos toca- de la información. Por eso es fácil para algunos intentar manipularnos, pero ese es otro tema, para otro momento.
Me preguntaba esta mañana qué hubiera sucedido si hubiéramos sido un país con instituciones en las primeras décadas del siglo XIX. Cuántos jueces, cortes, estrados de las distintas regiones hubieran pedido la detención de Belgrano y San Martín por no respetar órdenes de Buenos Aires, cuántos hubieran pedido el detalle de los gastos de sus ejércitos y de sus acciones, aún privadas.
Cada tanto hay un eclipse, cada tanto llega el Mundial de fútbol, cada tanto las hojas se caen de los árboles que las verán renacer con el tiempo y, cada tanto, Carrió abandona un partido político o un frente electoral que ayudó a construir. Es cíclico. No sorprende, sería como asombrarse por la inevitable llegada del verano el 21 de diciembre. Sabemos que va a pasar. Son noticias escritas a las que sólo se le deben retocar las fechas y algún que otro nombre propio.
Suele suceder en todas las sociedades: un grupo de personas no está de acuerdo con lo que hace el gobierno de turno y entonces reclama. Se han dado múltiples variantes y grados de protestas en la historia. Hemos asistido allá por los ’80 al reclamo por los derechos de todos, pisoteados con sangre por una dictadura cuyas consecuencias seguimos sufriendo, por los hijos y por los nietos arrebatados. Con el tiempo conquistamos la democracia y con su ejercicio, el imperio del derecho por encima de la imposición de unos cuantos perversos.
Pensá rápido: ¿qué tienen en común el Partido Socialista y el PRO? Respuesta. Ya. Nada. Al menos esa sería mi respuesta sin analizar ninguna de las variables prácticas que de seguro de nos empiezan a ocurrir algunos segundos después de responder. Y, quizá, hayamos dado una respuesta correcta desde una óptica ideológica. Pues un partido de centroizquierda y uno de centroderecha deben tener poco o nada en común desde el eje filosófico. Pero allí nos surgen las primeras disparidades en el básico análisis del principio. Porque el Partido Socialista de Argentina ha dejado de ser de centro izquierda y para evitar las similitudes con el PRO, que sigue a la derecha, debería esforzarse mucho, y sus actuales líderes políticos no parecen tener esas intenciones.
Fue la lucha, tu vida y tu elemento;