La valentía de Margarita
Me fui de vacaciones. Todo muy lindo, si, gracias. La cosa es que estuve ausente dos semanas en las que fui leyendo, como a través de un vidrio empañado, los temas más trascendentes de la política nacional. Porque aunque nos tomemos unos días, hay cosas que no estamos acostumbrados a dejar de hacer, somos esclavos de nuestros intereses, de nuestra curiosidad y, -es la vida que nos toca- de la información. Por eso es fácil para algunos intentar manipularnos, pero ese es otro tema, para otro momento.
En fin, leí algunas cosas, escuché bastante Radio Nacional, que dicho sea de paso era la que mejor señal tenía en la montaña. Me enteré de todo lo que hizo el Ministro de Economía, que estuvo representando al país en importantes reuniones internacionales, por ejemplo. También supe de la denuncia de Stolbizer por la no presentación de unos papeles en un sólo mostrador de una empresa heredada en parte por nuestra Presidenta. Pero, aunque entendí al instante la intencionalidad política de esto, me llamó mucho la atención como el Juez Bonadío, de la mano de Margarita, se ubicaba como actor principal de la escena. También fue interesante como la Jefa del GEN después quiso desembarazarse de este hombre eternamente cuestionado en los medios y lo mal que esto le salió. Pasa que es complicado intentar defender al Juez que figuraba en la famosa servilleta, allá por los ’90, donde se decía que era “fácil de comprar” su forma de impartir justicia. Esto último en sentido figurado, claro.
De hecho, también me enteré que el Consejo de la Magistratura lo sancionó con una quita del 30% de su salario por las causas que acumula en su contra (y está denunciado por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia por mal desempeño en sus funciones porque ya tiene demoras de más de diez años en casos de corrupción contra el Estado como el astillero Tandanor y la curtiembre Yoma). Ahora fue recusado como consecuencia de las irregularidades cometidas al ordenar sin ningún tipo de justificativo allanamientos en organismos públicos en la causa que se investiga a la empresa Hotesur, la de la denuncia de Stolbizer. Pero como CFK forma parte del directorio, Bonadío no esperó décadas como con el menemismo y accionó rápido y mal.
Del hecho de que Eduardo Amadeo, el saltarín ex diputado que en julio dejó el massismo para “militar por Macri”, haya dicho que había que hacer una colecta para juntar ese 30% que el Consejo de la Magistratura le recortó en el sueldo a Bonadío, no merece mayor análisis porque los chistes no se explican, dicen.
Pero lo más loco fue que cuando llegué a Mar del Plata encontré muchos afiches de Stolbizer, de esos más pequeños que luego las empresas dueñas de carteleras cruzan con la banda de publicidad ilegal. Una sola palabra acapara la atención en esos carteles: Valentía. Llamativo. Desconcertante, diría. ¿Cuánto valor se necesita para exponer a un Juez que fue denunciado penalmente por la Oficina Anticorrupción como si fuera la paloma blanca de la justicia? Quizá mucho. No lo sé, siempre me figuro a la valentía fluyendo de personas embarcadas en causas nobles, no de cosas así. ¿Se necesita mucho valor para hacerse la olvidadiza con lo que Bonadío hizo con la causa AMIA? Evidentemente. Porque aunque después haya querido despegarse de él, dijo que “Bonadío investiga delitos que al poder le molestan”. No Marga. Bonadío sólo investiga lo que le conviene al poder que lo sostiene, que se evidencia no es el oficialismo. Lo que molesta es que hombres como él sean parte de la Justicia. Mejor juntá toda esa valentía desparramada en miles de afiches y animate a decir eso.

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