Progresar: pelea ganada en la Batalla Cultural
Puedo decir que mientras escribo esto el dólar, (el oficial, el único que debe comunicarse públicamente), cotiza a $8. Y la verdad que mucho más no estoy facultada para decir, puesto que no sólo no soy economista, sino que analizo la economía desde una formación de las ciencias humanas, y por estos días, presumo con obvio margen de error, que casi nadie desea interiorizarse de las percepciones que pueda hacer con mis escasos conocimientos cuando lo que se quiere es la fría lectura en metálico, valga el juego de palabras. Ya vendrán los días en que desde una óptica social y cultural, podamos ser escuchados, -porque hablar podemos siempre- en materia económica. Leer más

Los criminólogos de comienzos del siglo XX tenían como eje de sus preocupaciones la búsqueda de las raíces del delito, preocupaciones que, válido es recordarlo, con el auxilio de la ciencia médica, los llevaron a trepanar cráneos para auscultar los vericuetos cerebrales e individualizar ciertos rasgos físicos (orejas apantalladas, narices ganchudas, mentones prominentes, mirada esquiva, etcétera) que, de acuerdo a sus pareceres, exteriorizaban una mayor propensión a las conductas antisociales.
Los Simpson se me aparecen siempre, hasta varias veces en un día, a veces, como ánimas simpáticas que me rondan. Lo digo y lo defiendo: para muchas situaciones de la vida hay una escena o frase de Los Simpson que la resume, ejemplifica, o hace más pasable, al menos. En fin, mi cerebro funciona así. Y de hecho este lunes Moyano y Barrionuevo no han sido la excepción a mi Ley Homero: me han traído a la memoria una parte de la gloriosa serie animada.
Si alguien pensó que el verano, con sus picos de calor extremo y agotador, iba a hacer que la política nacional se tomara un respiro o bajara un cambio después de las elecciones, bueno, se confundió bastante. Antes, es cierto, si bien los políticos y referentes sociales utilizaban la temporada estival para mostrarse en algunas ciudades balnearias y reunirse con colegas y posibles aliados, ahora eso es mero juego de niños. Una simpleza, casi un gusto para darse en vacaciones.
Podemos decir lo que ya sabemos, si. Abundar en las frases con las que hemos machado cada vez que pasamos –bastante seguido-, por estas circunstancias. Y mal no está expresarse aunque nos repitamos, quizá sea ese el recurso que tenemos, desde nuestros diferentes lugares: decir que no. 
Cierto es que si quisiéramos hacer aquí un racconto político o balance del año vivido nos extenderíamos demasiado y nos pasaríamos por lejos de la extensión acostumbrada de estas opiniones y, probablemente, aburriríamos con tanta cháchara porque seguro abordaríamos temas que interesan a unos y fastidian a otros.
Las últimas elecciones legislativas marcaron algunos caminos que con el paso de las semanas se hicieron calles, y con el transcurso de los meses se volvieron amplias avenidas donde ahora circulan dirigentes políticos, para un lado y para el otro. En el caso de la más reciente conglomeración que ya llamamos hace tiempo “massismo” en honor al ahora Diputado Nacional, Sergio Massa, esa avenida, brillante y llamativa como nuevos zapatos de baile, tiene un tránsito profuso, como la Ruta 2 en el recambio de quincena de enero. 
Llegan estas épocas donde debemos prestar aun más atención de la normal a los gastos que hacemos. Porque gastamos más de lo habitual, porque salimos a festejar con amigos y compañeros el Fin de Año, porque compramos regalos, porque viajamos a visitar familiares y por varios motivos más. Y como nuestro bolsillo es limitado y nunca podemos hacer todo lo que queremos, tenemos que hacer cuentas para tratar de abarcar más: es el mes de los excesos, se come más, se toma más, se sale más, se gasta más… y aunque a algunos no les interese la Navidad y el hecho de que cambie el año pase desapercibido para muchos, ir a tomar una cerveza fría por ahí es algo que no se le ha de negar a nadie.