Progresar: pelea ganada en la Batalla Cultural

progresarPuedo decir que mientras escribo esto el dólar, (el oficial, el único que debe comunicarse públicamente), cotiza a $8. Y la verdad que mucho más no estoy facultada para decir, puesto que no sólo no soy economista, sino que analizo la economía desde una formación de las ciencias humanas, y por estos días, presumo con obvio margen de error, que casi nadie desea interiorizarse de las percepciones que pueda hacer con mis escasos conocimientos cuando lo que se quiere es la fría lectura en metálico, valga el juego de palabras. Ya vendrán los días en que desde una óptica social y cultural, podamos ser escuchados, -porque hablar podemos siempre- en materia económica.

Lo que me ocupa ahora es la mal llamada “reaparición” de nuestra primera mandataria: Cristina Fernández de Kirchner.

Ya lo dijo ella, no puede reaparecer alguien que no desapareció. Siempre se supo dónde estaba e, incluso, que hacía. Pero, como suele pasarnos, las operaciones mediáticas han estado a la orden del día. Operaciones que, en realidad, distan ostensiblemente de ser simples notas periodísticas, y son operaciones políticas dirigidas desde los medios de comunicación como uno de los canales que ciertos grupos de poder utilizan para alcanzar sus espurios fines. Son los cañones que disparan a los cinco sentidos de los ciudadanos buscando desinformar, básicamente.

Dijeron que estaba recluida e incomunicada en el sur. Dijeron que no estaba al tanto de lo que acontecía en el país. Dijeron barbaridades tales como que había sufrido un ACV y estaba postrada, sí, no agranden los ojos mientras leen: dijeron eso. Dijeron, más bien escribieron, (salió en Clarín) que pedía que no le hablaran de los problemas de Argentina porque le dolía la cabeza. Es decir: tejieron una red de infamias que se cayó a pedazos este miércoles, cuando Cristina habló el público y lanzó el programa Progresar, que le permitirá estudiar a miles de jóvenes argentinos, o sea, volvió con una muy buena noticia. No se si los ya casi 30000 chicos y chicas de entre 18 y 24 años que se inscribieron en este programa en las primeras 48 horas están consustanciados con la reciente devaluación del dólar y la especulación sanguinaria de las grandes empresas y los mercados, pero de seguro han de estar contentos con esta oportunidad que se les presenta, que no es más (ni menos) que un derecho más conquistado: es el Estado velando por la educación y la formación de los hombres y mujeres que serán el futuro de nuestra sociedad. Recordemos que hubo gobiernos que apalearon la educación pública, que dejaron, con sus métodos neoliberales fracasados, a millones de chicos fuera de las escuelas. Recordemos que hay quienes ahora meten a los alumnos en latas contenedoras porque no quieren o no pueden construir las escuelas que prometieron y porque cierran cursos y aulas.

Recordemos.

El Progresar no es sólo una medida de contención a los jóvenes, es mucho más. En un paso más en el difícil camino de la igualdad, que no quiere decir que seamos todos iguales, sino que significa que todos debemos tener las mismas oportunidades. Es una pelea ganada en la batalla Cultural en la que luchamos a brazo partido todos los días. Es, además, una estocada al corto, mediano y largo plazo al monstruo de la inseguridad. Porque los pibes tienen que terminar la escuela, porque los jóvenes que quieran estudiar, deben poder hacerlo. Porque no se cuán importante es que la Presidenta este apoltronada en su sillón de la Casa Rosada o en otro punto del país que gobierna, pero si se y estoy convencida que cuando se le mejora la calidad de vida a los que menos tienen, está bien, está espectacular.

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