Cuando quieren moverle el piso al Estado, el suelo tiembla para todos

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Mientras pensaba que escribir hoy y buceaba en la información, -ésa que a veces escasea, ésa que a veces ahoga-, me venía a la mente lo que muchos argentinos y argentinas han utilizado como muletilla en los últimos tiempos para justificar un sinfín de conductas que oscilan desde el absurdo hasta algunas aberraciones míticas. Eso de decir que “hay dos argentinas” y acto seguido te tiran un “si yo los mando al paredón, no queda un ladrillo sin marcar”, lo he escuchado. O, también, los que afirman que “el país está dividido” y por esto se apuran en justificar al gobierno en todo, hasta en lo innecesario, por ejemplo.

Particularmente no creo en eso, así, al menos. Creo en que hay que tomar posiciones, que hay que saber de que lado se está en determinados temas. Es una cuestión de responsabilidades. Diría de “responsabilidad ciudadana”, pero suena muy Carrió. Pero los absolutos suelen marginarnos, nada ni nadie es tan bueno o tan malo como parece. O como quieren hacértelo parecer, claro.

Y pensando en esas cantinelas tan de moda, recordé (y no por vez primera) una canción de Fito Páez, Al lado del camino. Algunos pasajes de ese tema se prestan de buena gana: “En tiempos donde nadie escucha a nadie/ En tiempos donde todos contra todos/ En tiempos de egoístas y mezquinos”. La letra continúa con “en tiempos donde siempre estamos solos”, pero eso no me parece apropiado ni real, porque no lo estamos. Esto fue escrito en otra época, para otra época. Pero ahora también se nos dificulta escucharnos, prestarnos atención, ni qué decir entendernos.

Es como cuando dijeron aquella mentira de “El gobierno dice que se puede comer con $6” y quisimos explicar que no, que era un invento, que el Gobierno jamás dijo eso, sino que afirmó que quien no tenga $6 diarios para comer es indigente y eso no en absoluto lo mismo. Y no escucharon y lo siguieron repitiendo, aun hoy se escucha esa infamia.

No estamos todos contra todos, no es así, afortunadamente. Pero si hay quienes eso quieren y buscan. A quienes les beneficia el caos, la violencia, el desconcierto, el miedo y hacen todo lo posible por generarla y promoverla y cuando logran tener éxito y prenden la llama de la discordia, la cuidan como el excursionista perdido protege el pequeño fuego que logró conseguir y que le permitirá cocinar lo cazado.

Egoístas y mezquinos hubo siempre. Pasa que ahora los reconocemos mejor porque ya no pueden esconder sus motivos e intereses, sobre todo cuando salen en la tele, o cuando firman notas en los diarios o cuando hacen programas de radio cargados de odios y falacias.

Fito sigue y dice: “Habrá que declararse incompetente/ En todas las materias del mercado/ Habrá que declararse un inocente/ O habrá que ser abyecto y desalmado”. Que los incompetentes den un paso al costado, que los que no quieren involucrarse no opinen. Inocentes no hay, vivimos en una sociedad y como tal, hay que compartir los aciertos y los errores, claro, en mayor y menor medida, unos y otros de acuerdo a los niveles de responsabilidad que en ningún caso han de llegar a cero.

Abyectos y desalmados también hubo siempre. Pero también hay solidarios y luchadores por causas propias y ajenas. También hay quienes se ponen en los zapatos del otro, sobre todo cuando esos zapatos están rotos y gastados. Es por eso que yo no creo en dos Argentinas, no creo que el país esté dividido, creo en los argentinos y argentinas que se levantan todos los días para estudiar, trabajar o buscar trabajo, pensando como estar un poco mejor sin dañar a nadie y no pensando en qué invento instalar hoy para beneficiarse. Creo e los que apuestan al futuro, con la memoria siempre fresca, poniéndole toda la garra que pueden al presente. Es simple, es cursi, si se quiere, pero no despreciemos las cosas simples por eso. Y esos hombres y mujeres son mayoría, amplísima, estoy segura.

Lo cierto es que no iba a escribir sobre esto, pero así salió. Es que hemos pasado días complejos, donde han querido sembrar caos y miedo para cosechar desestabilización, y cuando quieren moverle el piso al Estado, sepamos que estamos todos y todas paradas en el mismo suelo que tiembla. Entonces, como también dice el gran Fito, hablando de posibles enemigos a los “Que todo lo que brilla en este mundo/ Tan solo les da caspa y les da envidia”, pasemos de ellos, pasemos de los que están pico en mano intentando cavar una grieta que nos separe. Asumamos la responsabilidad de vivir juntos y pensar distinto. Y eso no quiere decir que hay que mudarse a una u otra Argentina, sino aceptar la realidad: hay sólo una, y es de todos, seamos como seamos. Y si hay que dividir, que sea un pan dulce, en porciones generosas.

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