Gran hallazgo para seguir construyendo la Memoria
Sin lugar a dudas, la noticia más importante de esta semana ha sido la del hallazgo de unas 1.500 carpetas con información de la última dictadura cívico-militar. Y aunque faltan algunos días para que termine la semana, difícilmente otra novedad empequeñecerá semejante descubrimiento. Leer más

¿Saben, las personas, reconocer el momento exacto en que se hace la Historia? ¿Pueden notar el cambio que empieza a generarse y se dan cuenta cuando son parte de esos hitos que marcan la vida de los pueblos? No lo se. Presumo que no, al menos no la mayoría. Es muy difícil tener incorporada semejante perspectiva y tomar esa distancia no sólo en el análisis, sino en la propia práctica. Pero tal vez existan los que mientras avanzan reconocen minuto a minuto los signos que deja la Historia cuando su huella se marca. 
Desde temprano arrancamos con los rumores, que si, que salía la constitucionalidad, que salía pero con posibles caricias a Clarín, como la de los “derechos adquiridos” por los cuales no debía desinvertir. Si salía así era horrible, si salía así no salía, perdíamos la larga lucha de la democratización de los medios. 
Este martes se sortearon 160 mil créditos Pro.Cre.Ar. ¿Qué son los créditos Pro.Cre.Ar.? Bueno, en la página web de ANSES, los definen como “una iniciativa del Gobierno Nacional que proyecta la entrega de 400 mil créditos hipotecarios para la construcción, ampliación, terminación y refacción de viviendas, como así también para adquirir aquellas que son construidas por el Programa a través de desarrollos urbanísticos”.
Sergio Massa tiene unos conceptos muy interesantes sobre el pasado y, por ende, sobre el presente y el futuro. Son interesantes y novedosos, porque son un tanto extraños, de hecho hasta llaman la atención por su singularidad.
No hay que defender a Juan Cabandié. No hay que justificar a Juan Cabandié, ni sus actos, ni sus dichos. Eso señala el Manual del No Te Metás. Eso enseñaron durante años, eso aprendieron mucho, muchos. Y siempre está vigente la tentación de seguir los mandatos de ese manual, para ahorrarse problemas, para evitarse discusiones repetidas, para no malgastar la saliva, incluso. No vamos a negar verdades, a veces podemos caer en esa comodidad y mantener cerrada la boca dejando la opinión detrás de los dientes, apretada, silente, desaparecida en la caverna cobarde de nuestra boca. 
Los juicios de valor, o los prejuicios, si se quiere. ¿Con qué vara medimos a los demás si no es con la propia? Para animarse a juzgar a alguien, si es que nos arriesgamos a tan osada y ególatra empresa, debemos sabernos al margen de sus supuestos yerros y equivocaciones, porque si conceptualizamos y valoramos a alguien y hemos hecho cosas peores, estamos abusando de la hipocresía.