Carrió y su locura selectiva

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Hay una visión poética de la locura, porque hay una visión poética para todo a estas alturas. Hasta un charco de barro o el contenido de un sanitario puede ser afectado a un enfoque poético, desde alguna perspectiva particular, atravesada de connotaciones, aspectos y figuras que quizá se nos escapan a algunos, pero otros logran ubicarlas en un marco simbólico y obtener también de eso una comprensión de la vida y del universo que parta desde allí. En fin. Todo parece posible.
Pero la locura es uno de los motores más afamados de diversas cosmovisiones ancladas en una creatividad ilimitada que nos ofrece diferentes miradas de lo que somos, de lo que nos rodea. Desde ya, así ha sido desde tiempos inmemoriales. Pero también, desde otrora, la locura ha sido, quizá en un plano más terrenal y menos abstracto, el sinónimo del caos, de un comportamiento que rechaza normas sociales establecidas. Poniéndonos teóricos sin llegar a tocar la ciencia, podemos afirmar que la locura es un desequilibrio mental, por el cual las personas padecen delirios enfermizos, impropios del funcionamiento normal de la razón, que se identificaban por la realización de actos extraños y destructivos. Todo suena muy siglo XIX, parece.
Pero ahora, en el siglo XXI, leemos esa definición, nos apoyamos en palabras claves como delirios, actos destructivos, extraños… la ponemos en la coordenada de la política argentina y ¡voilá! obtenemos un nombre y un apellido de inmediato.
Tal vez no necesitemos ninguna óptica poética, ni ninguna definición de manual en desuso para aplicar el término locura a las actividades, los dichos y las barbaridades que realiza Elisa Carrió. Y si prestamos un mínimo de atención quizá esa palabra que definimos más arriba surja sola al enterarnos que “Lilita” ahora quiere hacerle un juicio político al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, porque señala que “ha reconocido el más grave delito republicano que es la violación a la división de poderes”, por el voto expresado por este Juez en total libertad sobre la Ley de Medios. Carrió reflotó el viejo tema del ‘pacto’ de Lorenzetti con el oficialismo para zanjar cuestiones trabajadas en la corte. Pacto que parece se había suspendido cuando todas las decisiones de la Corte que dicho Juez preside habían sido desfavorables para el gobierno nacional, y no sólo con la demorada Ley de Medios Audiovisuales. Lorenzetti, en un reportaje radial, dijo que no habló de la ley con la Presidenta pero que considera que deberían “hablar mucho más”, y quizá ahí a Doña Elisa algún cable le humea en corto.
En una nota que sale este domingo en Tiempo Argentino dice: “Gracias a Dios no pudo convencerlos ni (a Carmen) Argibay, ni a (Juan Carlos) Maqueda y menos aún a Carlos Fayt, sus diálogos saltando el Parlamento Nacional en todos los casos, como fue en la sanción de las leyes de reforma judicial y en el Código Civil, configura el más grave delito republicano que es la violación a la división de poderes y esto es causal de juicio político”. Bueno, evidentemente Carrió no cree capaces de pensar y resolver su voto a los demás jueces que nombra y quizá en esa nebulosa en la que siempre se expresa la Diputada, crea que Lorenzetti tiene algún que otro poder hipnótico que ha fallado “Gracias a Dios” frente a sus colegas.
Es sólo que Carrió antes no pensaba así de Lorenzetti cuando durante cuatro años la Ley de Medios estuvo trabada, ni cuando la Corte falló contra, si, contra el gobierno nacional con la Reforma judicial. Pactos muy, pero muy selectivos, casi tan selectivos como los raptos de locura y coherencia.
Puede ser, como a Einstein, que haya una pregunta que la torture, y sea la de no saber si el loco es un o todos los demás. Pero no parece, de hecho muy de vez en cuando, Carrió tiene aparentes momentos de sensatez, que han de ser los momentos que más nos preocupan y nos hacen dudar, porque la locura selectiva sólo puede existir cuando se la finge, buscando algún beneficio, pero, por las dudas tengamos presentes las palabras de uno de los desquiciados más lindos, Edgar Allan Poe: “Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza”.

 

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