Y un día llegaron «ellos» (o la loca historia del cable)

cablevisión

A fines de los años ’80, los videocables estaban de moda en casi todo el país. Impulsados por la “era del color” que se inició el 1° de mayo de 1980, plena época del “proceso”, donde cualquier recurso era bueno para mantener entretenida y maravillada a la población. La gente descubría que se podía ver por TV las imágenes “tal cual” eran en la realidad, dejamos de imaginar los colores para disfrutarlos.

La TV por cable se inició en nuestro país en los años ’60, obra del talento de un joven ingeniero, Don Carlos Muscio, que en la ciudad de Salta adaptó una cámara de circuito cerrado de TV, de esas que ahora nos vigilan a cada paso nuestras vidas, marca Philips, que emitía en el canal 2, para que su señal se propagara a través de una red de cables coaxiles. ¿Por qué en Salta ? Porque el terreno montañoso impedía recibir señales de TV por aire, como lo podían hacer ya varias provincias. Siguieron muchos pueblos cordobeses y tucumanos el modelo salteño, pero hasta entonces “el cable” estaba destinado a pueblos pequeños. Muchos se las ingeniaron para poner antenas receptoras de TV en los cerros, y “bajar” hasta el pueblo las señales de los canales de aire, multiplicando las opciones… luego el color y los televidentes cada vez mas exigentes, catapultaron “el cable” a grandes ciudades.
Y un día, cuatro marplatenses soñadores, medio locos de por sí, (se sabe que las grandes obras las hacen los locos ,no ?) pero no tontos, comenzaron con la utopía de hacer realidad la TV por cable. Fue durante 1985 que la ciudad comenzó a ver “raros cables” y “muchas cajas” colgadas de los postes de luz, y a fines de ese mismo año, comenzaron a ver “otra televisión”.
Los mas envidiosos y pesimistas dijeron: ja ja ja !! pero quien va a pagar para ver televisión!? no va a andar ¡!, parafraseando a un famoso comercial de una bebida alcohólica que no anduvo, protagonizado por “el contra” Calabró.
Esos “vivos”, años después querían ser socios de la “empresa de los locos”, viendo los jugosos dividendos que la misma producía.
Y unos que vieron los “jugosos dividendos” fueron Magnetto y cía, pope del Grupo Clarín, que a inicios de 1990 se adjudicaba “Canal 13”. Ellos querían entrar en el mercado del cable, y lo hicieron, no por las buenas, sino copiando a David Rockefeller con su “Standard Oil”: o sea, asfixiando a los cableros. Para eso inventaron TyC, Torneos y Competencias; compraron los derechos de televisación del fútbol por nada menos que 25 años, y lo sacaron de la TV abierta, pero… pero siempre hay un pero, si un cable quería retransmitir el fútbol, debería firmar con TyC un contrato donde literalmente le venderían la empresa al Grupo Clarín en el plazo de 3 años. Y así sucedió, quien no firmó eso, no podían transmitir el fútbol, y encima, el todopoderoso grupo, con el auspicio del “gran riojano” y su COMFER, que daba “licencias Express” a cualquier petición de Magnetto y Herrera de Noble; le ponían un cable en competencia, a mitad de tarifa, logrando en poco tiempo llevarlos a la quiebra.

Ya para 1996, el Grupo Clarín era operador de la gran mayoría de pequeños y grandes cables, al único que no pudo torcerle el brazo fue a Cablevisión, que había sido fundada por Eurnekian, pero que tuvo la visión (valga la redundancia) de predecir el futuro, y le vendió su empresa al consorcio norteamericano TCI2, que operaba redes y señales en estados Unidos, Clarín no peleó con ellos, sino que hizo acuerdos, de lo contrario nunca accedería a señales como FOX y HBO, después de todo, el cable no era sólo fútbol… en 2005 TCI2 y sus socios locales, le venden la totalidad de las acciones de Cablevisión al Grupo Clarín, que operaba bajo la marca de “Multicanal”, y usando su astucia logra mediante una compleja ingeniería legal, que la CNV aprobara la fusión, pasando como alambre caído a la Ley de radiodifusión 22.285, vigente en ese entonces. De ese momento hasta hoy, la historia es conocida. Hoy 29 de octubre, la Corte Suprema ha dado la última palabra: Clarín deberá deshacerse de un montón de licencias de TV por cable, y aceptar la libre competencia de “otros locos soñadores” que inevitablemente sobrevendrán a lo largo y a lo ancho del país. Una vez al fín, como le sucedió a Rockefeller y a su Standard Oil, el que a hierro mata, a hierro morirá.

 

2 comentarios