“De otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle”
(Hay un niño en la calle, Armando Tejada Gómez)
A esta hora exactamente hay un niño en la calle, hay un niño en la calle. Tiene seis años, más o menos, eso creemos, porque no lo pudieron ver muy bien los que supieron mirarlo cuando hecho un ovillo, en el piso, aguantaba las patadas de la vida, como todos los días. Con un vidrio, dice la dueña o la empleada, intentó robar su negocio, ese niño de la calle que creemos anda por los seis años. Con el odio ignorante de los más egoístas, lo sacó a la vereda y lo pateó, cuando en piso cayó, y le gritó que ojalá muerto estuviera. Y hubo otra gente que alentó. Y cuando una mujer se apiadó y quiso rescatarlo de ese horror, -no del horror de toda su vida miserable, sino de ese otro horror impensado que generó otra mujer al patear en el piso a un niño de seis años-, la insultaron también, los que comen todos los días y pudieron educarse y tienen casa y tienen trabajo y de seguro han tenido uno o dos padres. No como ese niño de, creemos, seis años, que vive en la calle, sabemos. Leer más