La derecha ha construido un lenguaje común que pueden hablar con fluidez en cualquier rincón del mundo. La derecha, -y digo el poder real, el económico, fáctico y transnacional- ha logrado que el odio sea la lengua unificadora que se impone sin restricciones de banderas, geografías o pasados recientes. Es el odio el hilo conductor que hace temblar la democracia en tantos países latinoamericanos. Es el odio el sendero minado que va explotando, sistemático, con el paso de las nuevas tiranías de traidores a la patria. Porque resulta fundamental, en la receta neoliberal, que nacidos en estas tierras elijan desangrarlas. El Imperio tiene sucursales más allá de sus Embajadas: en cada rincón de Latinoamérica pululan quienes entregarían a su madre o su patria, que es lo mismo, por cosas tan absurdas como el dinero. Leer más