Arroyo y la reivindicación de la muerte, el hambre y la peste

arroyo“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra.
Y nos dijeron: cierren los ojos y recen.
Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra
y nosotros teníamos la Biblia”

(Eduardo Galeano)

América no fue descubierta un 12 de octubre de 1492. El genocidio más grande de la Historia comenzó ese día, y sigue. Hoy no se festeja ningún descubrimiento, porque no podemos festejar el saqueo al que sometieron a nuestros pueblos.
Hoy la Patria Grande está de pie, porque la sangre derramada dejó de ser ese río por donde se escurrían los sueños de los postergados: ahora escribimos nuestra propia Historia con ella, porque lo escrito con sangre no se olvida. Porque hemos perdido el miedo al Imperio y lo miramos de igual a igual, porque somos soberanos.
Aunque se hallan reinstaurado gobiernos conservadores y neoliberales en nuestras tierras, nada es igual. Porque aquí nació un Ernesto Guevara y un Hugo Chávez, porque en Bolivia sigue gobernando un hijo dilecto de las entrañas de esta Patria inmensa. Porque en Ecuador, Rafael Correa combate el olvido que quiere volver a expander la derecha, como un manto de tinieblas. Porque no somos los mismos después de enterrar el ALCA. Ni después de los gobiernos que posicionaron la región a nivel global, que se unieron para enfrentar a los poderosos de siempre, que han hecho de nuestros países el pasto fértil del que siempre comieron con renovada hambre, década a década. Comieron hasta la raíz y siguieron engullendo con sus fauces inmensas, voraces. Somos un pueblo empoderado.
“Nosotros tenemos hoy una religión, un idioma y un estilo de vida gracias a España”, dice desde desde la Edad Media el Intendente Carlos Fernando Arroyo. Y así escupe sobre millones de tumbas sin nombre, pero bañadas con la misma sangre. Desconoce con sus palabras más de cinco siglos de ocupación, saqueo, violaciones y homicidios.
Arroyo no habla en mi nombre, nunca. Pero no alcanza con eso, creo que es imprescindible elevar nuestras voces cada vez que mujeres y hombres como él quieren imponernos su ideología prehistórica en pos de construir una realidad que se acomoda a esos cerebros obsoletos y que siempre nos deja afuera.
No le voy a pedir a Arroyo que piense diferente, ni que gobierne como yo lo haría, pero sí puedo exigirle que se haga cargo de sus palabras, para poder, una vez más, ponerme en la vereda de enfrente. Porque, en este caso puntual, reivindicar el genocidio del que fueron víctima repetida los pueblos originarios, como si no hubieran existido, como si España hubiera inventado América apenas pisando arena americana, bajados de sus carabelas, es aberrante. Repudio hoy, ayer y siempre todos los enclaves coloniales, del que nuestra Patria Grande sigue siendo rehén, como ocurre con Gran Bretaña y su ocupación de las Islas Malvinas.
Porque eso son “las conquistas”, avasallamientos brutales de los pueblos que habitaban los sitios donde iban llegando estos portadores de religión, idioma y estilo de vida. Cosas que impusieron a fuego y muerte. Ya existíamos, ya teníamos nuestros credos y lenguas, así como formas de vida. Aquí había civilizaciones, Arroyo, no tierra muerta donde gracias a Colón se sembraron personas, ideas y estilos de supervivencia que florecieron gracias, de nuevo, al cuidado paternal de adelantados humanitarios.
Porque no te regala nada el que viene a robarte, a exterminarte. A imponerte lo que él siente, lo que él piensa, lo que él hace. Quienes llegan y sólo traen biblias, pestes y muerte, sólo vienen a esclavizarte.
Cómo malversan la historia, cómo gustan de repetir el discurso de esos vencedores, que no son más que los asesinos que escribieron el pasado mojando la pluma en la carne de sus asesinados. Pero claro, eso son. Arroyo, en perfecta sintonía ideológica con Macri y sus políticas conservadoras, gobierna desde ahí. Entonces se entiende que no repudie, por ejemplo, que tipos como Pampillón agredan y amenacen a la comunidad boliviana en Mar del Plata. Porque tienen la mente viviendo muy lejos del presente, porque son súbditos ideológicos del Imperialismo, porque nos prefieren exterminados antes que libres y soberanos.
Es una época difícil, ésta. Volvieron los conservadores anacrónicos y son gobierno. Pero nosotros aprendimos mucho en estos años. Somos orgullosos de nuestras raíces, que penetran mucho más profundo y llegan mucho más lejos de lo que ellos están dispuestos a reconocer.
Es simple: mi apellido es Sánchez, claro que mis antepasados son españoles, pero yo nací acá, en esta hermosa Patria Grande. Todos esos muertos son míos. Nací y vivo en este territorio tantas veces arrasado por los que bajaron de los barcos, y luego por los que vinieron después. Porque el colonialismo no terminó. La vuelta del FMI a Argentina es prueba sobrada de eso. La diferencia, enorme, es que ahora quienes ganaron les abren las puertas de par en par, les sonríen y bajan la cabeza. Pero no en mi nombre, nunca.
Qué viva América, qué vivan los libertadores que de norte a sur batallaron contra los invasores, qué vivan los que aun luchan contra usurpadores, contra el hambre, la pobreza, el colonialismo económico y cultural y contra el patriarcado y la misoginia, que también vino con la biblia, el idioma y el estilo de vida que Arroyo con tanto cariño elige reivindicar.

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