La cruzada por la división de distritos

vidal¿De qué van realmente estos proyectos para dividir municipios y crear nuevos distritos?¿Qué los motiva? ¿Se trata de iniciativas convenientes, de reformas necesarias? ¿O acaso tienen un marcado tinte de oportunismo político, aspiraciones políticas, capitalización electoral? ¿División para la gente o para la clase política? ¿Qué puede decirse al respecto?

El proyecto de más avanzado tratamiento y que indefectiblemente más ruido ha causado ha sido el de dividir La Matanza en cuatro nuevos municipios. Ha tomado estado parlamentario y ha suscitado declaraciones, cruces, objeciones, reparos, argumentos a favor y celebraciones.
También han comenzado a tratarse los proyectos de división de Lomas de Zamora y Almirante Brown, proponiendo la creación de dos nuevos municipios: La Franja y Altos de Tránsito.

De prosperar estas iniciativas o alguna de ellas, si bien sería un hecho político “de magnitud”, no sería una rareza. En 1994, en tándem con las tantas reformas de aquel entonces, se llevaron adelante importantes divisiones distritales, creaciones de municipios en el Conurbano Bonaerense: el Gran Morón se desgranó en los municipios de Morón, Hurlingham e Ituzaingó, General Sarmiento en José C. Paz, Malvinas Argentinas y San Miguel, y de lo que era San Vicente y Esteban Echeverría surgieron los municipios de Pte. Perón y Ezeiza respectivamente.
Hay que insistir en que las iniciativas no son nuevas. Se relanzan, se retoman. Son postuladas en esta oportunidad por el legislador Marcelo “Oso” Díaz, del partido GEN, liderado por Margarita Stolbizer.
A “Cambiemos” le sienta bien la propuesta, forma parte de su agenda, cuaja con sus propósitos y sus discursos. Le da “luz verde”, hace propios estos proyectos y no querrá dejar de llevarse el rédito político. Si lo hubiere. El GEN no sin razón ha sido tildado de partido “satélite”, simpatiza, comparte un público con Cambiemos, comparten una misma agenda, retoman imaginarios similares.
Las objeciones al proyecto planteado para la división de La Matanza parecen fundadas. El sector de Massa las plantea con tibieza, jugando en el medio, arbitrando, con una actitud expectante, haciendo notar que es crucial para la aprobación de estos proyectos y jugando a llevarse los réditos propios de quien define. El FpV, decidido a salir al cruce, no sólo hace objeciones sino que plantea un contraproyecto para reglamentar la creación de municipios. Los elementos más salientes de ese proyecto son: el requisito de que en el Conurbano ningún nuevo distrito podrá contar con menos de 30.000 habitantes y en el resto de la provincia ninguno podrá formarse con menos de 5.000, contar con el aval de firmas del 20% de los electores del municipios, la creación de una Comisión Bicameral para analizar cada caso en particular.

Señalan que no se está teniendo en consideración la opinión de los vecinos, que un proyecto de semejante envergadura no puede hacerse sin un vasto trabajo de evaluación, maduración, planeamiento, y no puede surgir de la antojadiza pretensión de un gobierno de turno sin mayores miramientos.
Se sostiene que así como está planteado es inviable y está teñido de una indisimulable estrategia orientada a debilitar el poder político del peronismo gobernante del distrito y ganar nuevas intendencias de parte de quienes lo promueven.
El proyecto tal y como es presentado –dicen fundadamente- tendería a dividir a ricos y pobres, haría inviables a los distritos más pobres e incrementaría las desigualdades en este territorio en cuestión.
De la división propuesta resultaría un municipio que conservaría el nombre La Matanza, el municipio de Tapiales, el de Gregorio de Laferrere, el de Tapiales y el de Juan Manuel de Rosas. El primero de ellos concentraría a la población de mayor poder adquisitivo, comprendería Ramos Mejías, San Justo y Villa Luzuriaga.
Remitidos a sí mismos, no es de extrañarse que lo que siga sea mayor desigualdad entre los territorios y un más pobre alcance del Estado allí donde más intervenciones del Estado se requieren. Lo sustentable es ligar a en una misma jurisdicción a sectores postergados y sectores de mayor poder adquisitivo.
Así reconfigurado el territorio y tomando los guarismos de las pasadas elecciones, todo indicaría que el distrito más adinerado escaparía del control del FpV o el PJ, y caería a manos de una fuerza no peronista, acaso Cambiemos, alguna de sus fuerzas integrantes o color político similar. Dos de ellos, muy probablemente quedarían en poder del peronismo, del PJ, probablemente del FpV. Y uno parecería quedar en marcada disputa.
El FpV aparece esgrimir buenos argumentos en contra de la iniciativa así presentada.
Sin embargo, ¿cuán razonable es atribuir proyecto de semejante magnitud a una conveniencia política / electoral? Aún habiendo una pugna que se deja ver, sabiendo del poderío político de La Matanza o en general de los poderes locales de los grandes distritos, poderes locales de contrapeso, proyección, fuertes bastiones peronistas que desde la fuerza gobernante se quiere acaso diluir. En definitiva, capitalizar políticamente es una constante, no escapa a casi ningún acto parlamentario o de gobierno, parece estar de más señalarlo.
Indudablemente se asiste a un intento desde la gobernación de desembarco en La Matanza, y como no puede ser de otra manera, interceder en su territorio crispa la relación con la intendenta y la fuerza gobernante del distrito.
Desde las formaciones políticas que fomentan el proyecto activamente (Cambiemos, el bloque Progresistas) se argumenta en favor de acotar el tamaño poblacional de los distritos. Eso –dicen- es acercar el Estado a la gente, gobierno de proximidad, favorece un mejor gestión, la resolución de los problemas. Argumentación que parece convincente.
El imaginario y efectivamente algunos de los propósitos que pueden ir contenidos en esta avanzada se emparenta con la aprobada iniciativa de eliminar la reelección indefinida para legisladores, concejales e intendentes en territorio bonaerense, su denominador común parece ser la pretensión de menguar el poder de los caudillos, los líderes localistas, la deseabilidad de la renovación política y extirpar los males de la perpetuación el poder y la concentración de poder. Apuntan al repetido tópico “los barones del Conurbano”.
Haciendo una consideración ligera, asociando automáticamente Cambiemos a la reducción del Estado, la división de municipios pareciera ir a contra mano de este cometido. Exige más presupuesto, es más Estado. Sin embargo, concuerda con otros de sus predicamentos.