Nosotros no

dilma rLe dicen “golpes blandos” porque no hay fuerzas militares tomando el poder. Nada tiene de blando desoir el voto popular, nada tiene de blando el ajuste violento ni la destrucción veloz de los derechos conquistados, siempre con esfuerzo. A Dilma la señalan como corrupta un ato de ladrones. Como en Argentina, donde Macri y su séquito, desde la campaña, construyen un relato ficticio sobre moralidad republicana, mientras dicen no recordar sus cuentas offshore en Panamá.

En Brasil no pudieron ganar con los votos, en Argentina sí. El problema -uno de los tantísimos-, es que votando a Macri, muchos creyeron que sólo elegían Presidente para nuestro país, pero en realidad estaban donando su granito de arena a la restauración concervadora en América Latina. Un nuevo neoliberalismo que se burla de la década del ’90 por tibia. Porque vienen por todos nosotros. Los originarios, los negros, los pobres, las minorías. Porque nos quieren sumisos y con hambre, para que nos traguemos con ansias voraces las patrañas que transmiten los medios. Y, atorados de odio y mentiras cedidas por el delivery oligopólico, creamos que nos quitan el pan de la boca por nuestro propio bien, que tenemos que pasar frío para “ayudar”, que no tenemos que reclamar derechos laborales para no “poner palos en la rueda”.
Y así parece que todo se pierde, irremediablemente. Y así sería. De hecho, así será si nos quedamos lamentando lo que pasa en Brasil, si no vemos lo que ocurre en Venezuela, si nos llenamos los oídos de falasias para no escuchar los gritos de la realidad en Argentina: tarifazos, despidos, ajuste, represión. La pobreza planificada por los ricos del mundo es un esquema que no deja a nadie afuera. Y no conoce de fronteras.
Entonces, que se apenen los que ya bajaron los brazos. Que se indignen los que sólo alzan el puño para usar un control remoto. Que se asusten los que no quieren involucrarse en la historia que viven y los atraviesa. Que se escondan los cobardes. Que se cansen los egoistas. Que se duerman los que sólo saben soñar con los ojos cerrados.
Nosotros no. No tenemos derecho a la pena. No tenemos derecho a la indignación que no lleva a la acción. No tenemos derecho a rendirnos. Nosotros no. Dejemos de lamernos las heridas, así cierran y empiezan a hacerse las cicatrices.
Porque si 61 corruptos logran destituir a una Presidenta votada por 54 millones, no tenemos tiempo de sufrirnos y llorar una derrota. Porque nosotros no perdimos, Dilma no perdió, porque siempre luchamos por quienes había que luchar, porque siempre estuvimos del mismo lado, porque nunca miramos hacia otro lado. Entonces no pueden ganar los golpistas, porque esta batalla no termina. Porque mientras seamos coherentes con lo que decimos y hacemos, mientras combatamos a quienes creen que ni siquiera valemos la bala que nos mata, no nos habrán vencido. Porque nuestras ideas son a prueba de balas.
Porque seguimos acá, bajo la tormenta de esta derecha siniestra. Organizados. Resistiendo. Conteniendo a los que cada vez la pasan peor. Porque volver y vencer, se escriben con v, con v de Victoria. Y esta Victoria la construiremos sobre las cenizas de todas las dictaduras, las que llegan con las botas y las que llegan con los votos. Porque derrotar a los opresores no es sólo nuestro invencible derecho a ser libres, es nuestra obligación.

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