No tengamos miedo

hebe4No lo creí a la primera, de verdad. Necesité de tres segundos para recordar cuánto había cambiado todo y en qué poco tiempo para poder asimilar lo que estaba leyendo. Querían detener a Hebe. Un jueves, justo. Era demasiado horrible para ser real. Pero la estabilidad de lo real está sobrevalorada, sobre todo en nuestro país. Era así: quería detener a Hebe por no ir a declarar. Ya sé, ya sé… Macri tampoco fue a declarar varias veces y no pasó nada. Si, ya sé que a Niembro no lo citó ningún juez y que las joyas en valijas de la vicepresidenta, así como los cientos de miles de pesos que guardaba en su casa, fueron apenas la apostilla de los medios… y ningún fiscal se escandalizó, como a veces algunos estallan y arman causas en otras circunstancias. Ya sé. Por eso, me costó creerlo.

Es que son profanadores, tocan lo sagrado. Transgreden todo. Estoy segura que disfrutan pinchándonos las tripas donde más va a doler. No lo necesitan, pero pueden. Y como son sádicos, aunque esté mal, si pueden van y lo hacen. Porque no sólo quieren empobrecernos, embrutecernos y volvernos los tristes de antes. También quieren doblegarnos. Nos quieren sin voluntad, temerosos, necesitados, vulnerables. Nos quieren hambrientos. Porque el hambre engendra desesperados.
Entonces colocan la variable del ajuste asesino y la atraviesan con la de los golpes más bajos y trazan, así, la parábola del miedo. Y ahí nos quieren anclar.
Hebe estuvo en Mar del Plata, después de la gambeta en CABA, y volvió a dejar claro, -como si hiciera falta- su perpetuo compromiso militante, que trasciende su vida, porque sus ideas y su lucha se han convertido en algunas de las huellas que muchos elegimos seguir.
Después de eso nos enteramos que a la periodista Cynthia García le entraron en su casa el domingo y se la dieron vuelta. Sólo le robaron los dispositivos electrónicos: computadoras, tablets, discos rígidos. Es decir: sólo se llevaron información. El lunes, en la oficina que tiene Guillermo Moreno en Puerto Madero, también entraron a robar el mismo tipo de cosas. En fin, la casualidad no existe, es apenas el eufemismo que gustan utilizar quienes siempre miran hacia otro lado.
Y, mientras tanto, cartas amenazadoras llegan al domicilio de Cristina. Es todo bastante claro, ¿no? Porque quieren que sea así: querer meter presa a Hebe por no ir a declarar, luego, el sábado, hubo amenaza de bomba en el hotel en el que estaba. El domingo, irrumpen en el hogar de Cynthia García y al día siguiente en la oficina del ex funcionario.
El miedo es un instrumento muy utilizado por quienes quieren gobernar a los otros desde la posición de mando que sólo admite gobernados sumisos y obedientes. Y el miedo es muy jodido, porque es sumamente contagioso.
“No tengamos miedo”, dijo Hebe, en Mar del Plata. No les demos el gusto de replegarnos, de guardarnos en la comodidad del silencio, que es, además, una forma de complicidad. No nos van a callar. No pueden, aunque lo sigan intentando.
Es muy difícil perforar la superficie del mar de los medios hegemónicos que siguen mintiendo e inventando como siempre. Pero debemos persistir en contar lo que pasa, en opinar informados, en explicarle a quien quiera oírnos (y a quien no, también), que nos están empobreciendo a las trompadas, que le sacaron el pan de la boca a los que apenas podían llevarse un bocado al estómago. Que están enriqueciendo a sus amigotes, que son la elite rancia de la riqueza y la soberbia y el egoísmo, que son los sectores más acaudalados, que han visto engrosar en pocos meses sus ya obscenas fortunas.
Nos quieren quietitos, calladitos, mirando al suelo. Quieren miedo. No se lo vamos a dar. Porque no lo tenemos, porque la bronca anula cualquier temor, porque la necesidad del otro tiene que ser siempre el motor de cada palabra que digamos, de cada acción que emprendamos.
Ellos seguirán con su ajuste voráz, quitándonos derechos conquistados, pisándonos con la bota cruel que tanto extrañaban. A veces parece que puede aturdirnos el ruido que hace todo al caerse. Entonces tenemos que hablar más fuerte. Tenemos que gritar.

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