¿La antesala del “Vamos por Todo” neoliberal?”

Retrocesos y destrucción es lo que nos entregan estos meses de gobierno macrista.
Algunas de sus iniciativas de dañinas consecuencias han resultado más palpables, de inmediato efecto. Otras, en cambio, aun siendo dañinas en el corto, mediano o largo plazo y acaso con consecuencias más duraderas, de más dificultosa reversión, de más hondo calado, han quedado poco visualizadas y no han hecho sentir consecuencias negativas inmediatas sino incluso la sensación contraria.
Entre las medidas palpables, de inmediatos efectos, vividas como dañinas por la población se alista al combo de políticas de shock que despreocupadamente han efectuado: brusca devaluación, quita de retenciones, desregulación en los precios, tarifazos, incipiente apertura de importaciones. Se trató de medidas que condujeron a una brusca escalada inflacionaria, a un aumento del costo de vida y una reducción del poder adquisitivo de una amplia mayoría, empeorando acelerada y significativamente los indicadores sociales. Los salarios, las jubilaciones y la AUH han quedado por detrás de este aumento en el costo de vida. Han llevado a una caída en los niveles de actividad de numerosos sectores de la economía y nos han conducido a un escenario recesivo. Dichas medidas significaron pérdidas de empleo e incluso el cierre de empresas y han puesto en peligro numerosa cantidad de empleos y emprendimientos. Han menguado los niveles de empleo. Incipientemente desencadenan el inicio de un circulo regresivo en que las caídas en el empleo, en salarios reales y nivel de actividad se retroalimentan negativamente. Todas estas medidas y circunstancias golpean duro. Pero todo ello parece rápidamente revertible. Desde ya que con un golpe de timón en las políticas, uno que no está en los planes neoliberales del macrismo.
Han reducido significativamente el gasto público y la recaudación del Estado en términos reales. El déficit fiscal que decían iban reducir es mayor hoy que hace un año. Han quitado impuestos a la renta, sobre el patrimonio y al consumo de bienes suntuarios y han sostenido el peso de los impuestos sobre el salario y el consumo.
El acuerdo con los holdouts, el pago apresurado, al contado, entreguista, de rodillas y verdaderamente usurario a los fondos buitres ha sido una vuelta al endeudamiento a perpetuidad y el comienzo de una pérdida de soberanía. Ha sido volver a la saga de deber más y más, pagar más y más, comprometer más y más porciones del ingreso nacional al pago de deuda y abrir las puertas a que organismos internaciones se inmiscuyan en nuestras políticas. Ya lo vemos llegar al FMI. Ha sido volver al ruedo de tomar deuda para pagar deuda y para financiar políticas económicas de propósitos poco loables. En definitiva: introducir una deuda que la pagaran generaciones futuras y que exigirá comprometer enormes porciones del ingreso nacional y que constituye un verdadero saqueo. Ya hemos tomado más deuda. Estamos hoy más endeudados que hace un año y no sería de extrañar que la vocación endeudadora llegue mucho más lejos. Sus efectos tardarán en llegar o aun patentes podrán no ser reconocidos.
Detrás de la “Ley de Reparación Histórica a los Jubilados y Blanqueo de Capitales” que pone en la delantera el pago de la deuda a los jubilados por haberes “mal establecidos” se esconde el germen de una posible reprivatización del sistema previsional y de una pauperización del derecho a acceder a una jubilación para una porción importante de futuros adultos mayores que ha quedado excluida del mercado de trabajo formal. Veremos cuál será la suerte de su implementación y cómo andan en un futuro cercano las finanzas previsionales. Si los pronósticos oscuros van camino a cumplirse pueda ser que exista una oposición política que se interponga a semejante arrebato.
Esto ha sido hasta aquí. De esto fueron capaces en ocho meses. Y van por más.
La pretensión de sumarse a la Alianza Transpacífico con todos los compromisos ultraneoliberales que promueve y de llevar adelante reformas flexibilizadoras del régimen laboral y quizás un aperturismo más irrestricto de nuestra economía es lo que viene y definitivamente es la artillería pesada de esta nueva y reforzada ofensiva neoliberal. Los efectos de estas iniciativas hechas realidad resultan de más hondo calado y de más difícil reversión.
El kirchnerismo desando gran parte del legado de los años neoliberales. Pero la contrarreforma no fue tan lejos como la ofensiva neoliberal precedente. Se distribuyó el ingreso, se mejoró la participación de los trabajadores en la renta y se encaminó al país hacia un patrón de acumulación capitalista distinto pero la concentración de la riqueza permaneció inalterada y el Estado fuerte fue el contrapeso. La privatización de los servicios públicos perduró más allá de importantes estatizaciones e intervenciones del Estado haciendo de los subsidios a los servicios una forma de salario indirecto. Más allá del incremento del empleo formal, la restitución de derechos a importante número de trabajadores y la importancia de restituir instancias de negociación colectiva del trabajo, la informalidad, la tercerización, las modalidades de contratación irregulares y diversas formas de precariedad presentaban registros aún elevados. Etc.
Sobre las bases de una ofensiva ya efectuada y que no encontró desmantelamiento y reversión equivalente hoy se paran para llegar más lejos que donde supieron llegar.
En poco tiempo han llevado bastante lejos su programa neoliberal. Muchos no los creíamos capaces de tanto. Y van por más.
Las esperanzas quedan depositadas en que la ciudadanía le plante cara a estas posibles iniciativas; en que las fuerzas políticas opositoras que se dicen nacionales y populares, progresistas y sensibles a la suerte de las mayorías llamen a la movilización popular y le pongan limite a estas pretensiones ya que en última instancia el macrismo no tiene mayorías propias; y en que los sindicatos o si no los trabajadores con independencia de representaciones gremiales se movilicen y planten bandera contra estas reformas.
Hasta aquí han avanzado sin mayores resistencias, en mucho hasta con una importante aprobación social. Sus iniciativas han pasado como si nada por el Congreso, velozmente fueron aprobadas y sin mayores ecos en la ciudadanía. Con prepotencia han llevado adelante sus planes.
Considerado esto, tenemos un pésimo presagio para lo que viene. Aunque con el clima social enardecido que se empecinaron en forjar, la alerta de la ciudadanía que han levantado estos meses de gobierno y dado el tenor de lo que han insinuado para lo que viene, hay razones para pensar que a lo que venga de aquí en más se le opongan mayores resistencias.
