Y esto en poco más de un semestre

macri congresoNo era campaña del miedo. Mucho de lo anunciado se cumplió, y con mayor celeridad y brutalidad de lo pensado. Ojalá de aquí en más la realidad nos contadiga. Pero decir esto no es más que un cumplido. El panorama es oscuro y hay razones para seguir anunciando pálidos pronósticos.

Este gobierno ha favorecido a los intereses de una reducida minoría. Ni bien asumió efectuó una fenomenal transferencia de ingresos hacia sectores concentrados de la economía a costa de las grandes mayorías por la doble vía de la devaluación y de la quita de retenciones al agro y la minería y la quita de derechos de exportación en general.
Aquello constituyó un brusco ataque a la mesa de los argentinos. Fue un decidido puntapié para que se disparará la inflación. El alza de precios fue liderada por los productos de primera necesidad y aumentó notablemente el costo de vida.
Los aumentos de los servicios públicos y los aumentos en los combustibles han constituido otro golpe al bolsillo. Son de por sí un golpe al bolsillo y hasta donde mi entendimiento llega impactan en otros precios. Son muestra de insensibilidad social de parte del gobierno, son una impugnación de derechos, un “quien quiera tener que pagué” -si es que puede-. Son una enorme concesión de ganancias para el gran empresariado. De todos modos habrá que ver en qué termina la contienda por las tarifas de los servicios públicos, quizás termine aliviado el bolsillo de los usuarios.
Anuncian que este segundo semestre será mejor y que la inflación disminuirá. Probablemente la reduzcan pero a costa del salario y del empleo, por un enfriamiento de la economía, debido a que el bestial ataque al poder de compra ya haya sido tal que se vea acotada la posibilidad de seguir incrementando precios.
Los salarios –en su mayoría- han quedado muy por detrás de este incremento de precios. El porcentaje de los aumentos salariales ha estado muy por debajo de la inflación acumulada y proyectada. Esto con sólo observar lo que hace al empleo formal y sujeto a negociaciones colectivas. Además muchos de los acuerdos salariales han sido en cómodas cuotas que recién concluyen en los últimos meses del año. La pérdida de poder adquisitivo ha sido muy importante.
Estas políticas han redundado en un aumento de la pobreza y la indigencia como desconocíamos desde hace muchos años, acaso sin precedentes. Han conducido a un drástico empeoramiento de los niveles de vida de la mayor parte de la población, a caídas en los salarios reales y en los niveles de empleo.
Las familias involucran una mayor proporción de sus ingresos en alimentos y son muchos quienes se alimentan menos y peor. La caída fue muy grande y no veníamos de ninguna panacea.
Millones de familias argentinas deben comprometer una parte mucho mayor de sus ingresos a lo que habituaban en hacer frente a las necesidades más básicas y al pago de los tarifas de los servicios públicos, debiendo suprimir o reducir drásticamente numerosos gastos.
Esa supresión de gastos se tradució en una brutal caída en los niveles de actividad en general y de determinados rubros en particular.
Se lo percibe con sólo ver la situación económica personal de cada uno y de los cercanos. Se aprecia con sólo recorrer las calles y notar en la concurrencia de gente a los comercios y en ciertos rubros en particular una estrepitosa caída.
Se genera y se sostiene el empleo porque hay ingresos disponibles que se involucra en demandar determinados consumos. Hay empleo allí donde hay una demanda que lo genera y sostiene. Reducida la demanda en ciertos sectores de la economía, comienzan a peligrar empleos. Eventualmente, con la caída en el consumo se pierden empleos. La disminución de los ingresos por la vía de las pérdidas de empleo o de reducciones del poder adquisitivo del salario repercute negativamente en los niveles actividad y se entra en un círculo vicioso.
Se han suscitado despidos en cantidad tanto en el Estado como en la esfera privada. Los medios de mayor llegada expusieron los despidos de manera insuficiente cuando no directamente los ocultaron.
Los despidos en el sector formal han sido más rastreables y expuestos. Lo cual es lógico. Menos mencionados pero de mayor envergadura han sido los despidos o las caídas en el nivel de empleo en el sector informal, más sujeto a las coyunturas de la demanda y sin garantías de estabilidad.
No sólo es despidos. También es suspensiones, reducciones horarias, personas que ven asociado sus ingresos al volumen de trabajo y que con la disminución de la demanda han visto sucumbir su volumen de trabajo y sus ingresos notablemente.
Cantidad de empresas han cerrado y pronto podrían sumarse muchas más a esta triste lista. Muchas empresas, emprendimientos productivos, muchos empleos están en riesgo. A la mencionada caída en la demanda se le suman los tarifazos que incrementaron sus costos y el incipiente aperturismo comercial que amenaza con sucumbir gran parte de la industria nacional impotente para competir con la baratura de afuera.
¿Cuán lejos estamos de que el pueblo salga multitudinariamente a las calles diciendo “basta” al curso que toman las políticas del gobierno? Estas marchas contra los tarifazos son un incipiente inicio de movilización social contra las políticas del gobierno.
Muchos de sus votantes se han visto desilusionados. Muchos se lo tienen guardado. La mayor parte no votó esto al votar el “cambio” y hoy en día se saben damnificados. Es difícil reconocerse engañado siendo que muchos involucraron en su voto cierto aire de superioridad moral e intelectual y reconocer aspectos positivos del gobierno anterior al que quizás tanto se empeñaron en odiar y que saltan a la vista con estos seis meses de macrismo.
La imagen del gobierno ha caído rápida y notablemente. Sin embargo, sigue siendo sorprendentemente alta teniendo en cuenta lo que han hecho. Dicen “hay que darles tiempo”. ¿Tiempo para qué? ¿Qué es eso que pueden estar prontos a hacer y puede mejorar la situación? ¿No les resulta claro a qué han venido con sólo ver sus primeros actos de gobierno? ¿Será que increíblemente compran y ven asaltada su inteligencia por los medios de comunicación creyéndose que es por “la herencia”, que es porque el gobierno anterior dejó “una bomba pronta a estallar” y que estas medidas impopulares son correcciones necesarias, que es porque están pagando “lo que el gobierno anterior se robó”?
¿Esta gente pretende estar cuatro años? Uno imaginaría en principio que esta “gente” pretende perdurar en el poder, construir una mayoría que acompañe o por lo menos contar con un público cautivo más o menos importante, que si lo tiene creo que va camino a perderlo. Imagina también uno que desean quedarse más de cuatro años. ¿Pero cómo? ¿Qué pueden tener planeados para engrupir tan escandalosamente al electorado?
¿O acaso vienen a restituir un orden de cosas, conceder enormes e ignominiosos beneficios a fracciones del poder económico e irse con el daño ya causado, contentos por haber favorecido a quienes pretendían favorecer; acaso pretendiendo y planeando que otra formación política llegue al poder y sea más o menos funcional a sus intereses y les haga perdurar un estado de cosas? Sabiendo que causado tanto daño y destruyendo tanto, desandar lo hecho quedará cuesta arriba y demorará.