Messi es asado

messi 2Messi es asado. Asado gratis, ¿me explico? A SA DO. Qué sé yo. A mi me encanta el asado y me encanta Messi. Y Lionel siempre me pareció eso: una conjunción de cosas que me encantan. Porque juntarse a comer un asado no sólo se trata del simple acto de comer en sí, sino de compartir, de disfrutar. Y encima me lo regalan: me invitan, no me piden nada, me sirven el manjar. Un asado completo, eso es para mí ver jugar a Messi.

Porque me llena los ojos, me asombra, me sorprende, me deleita y me da alegría. ¿Entendés? Me da alegría. ¿Cuánta gente te hace feliz sin pedirte nada a cambio? Mejor aun: ¿Cuánta gente te hace feliz? Está claro: tu familia, tus amigos, ya sé. Pero Messi es otra cosa. Messi ni te conoce. Ni sabe, ni sabrá de tus críticas egoístas ni de tu agradecimiento eterno. Nada de eso. Ni un extremo ni el otro. Es como el asado que no sabe de tu disfrute.
Y Messi es asado.
Pero. Porque hay un pero gigante: te invitan a un asado completo, que no podrías pagar, peeeero, no te gusta el punto de la carne, y lo despreciás. Aunque es gratis, delicioso, no te alcanza. Te parece malo, frío, escaso, aunque abunde por todos lados. En fin, a mí no me interesa que el asado me cante el himno.
Y no despreciás al que hace que no puedas pagar esa comilona, el que aumentó la carne que más nos gusta. No. No le exigís felicidad a ellos. A los que elegiste con tu voto. Porque cuando te dejan sin trabajo o te llega la boleta de gas, supongo que ya sabrás que no es culpa de Messi. No. Lo despreciás a él, que no te pidió nada, que te regala todo lo que es. Ni siquiera le exigís lo mismo a los que están alrededor suyo, que no te llenan los ojos, ni te dan alegrías. Ni ganan nada con la camiseta de Argentina, tampoco.
Una vez este 10 disputó una Final del Mundo. Salió mejor jugador del torneo, aun perdiendo la final en suplementario, luego de haber llevado a la Argentina hasta ese lugar. Y no aceptó recibir ese premio. Y dijo que había venido a ganar algo para su país, no para él. Y despreciaste eso, que es una enseñanza que trasciende el fútbol, que invita a pensar en el trabajo en equipo, en los objetivos colectivos, en intentar, en buscar ser mejores juntos, no cada uno por su cuenta, aunque al final de la pierna izquierda tengas el pie más hermoso del planeta.
Pero no aprendemos de eso, de hecho le enseñamos a nuestros hijos que sólo vale ganar, que es lo único que queda, que es lo único que sirve. Y que si no ganás, te tenés que ir, porque sos horrible, porque no importa el esfuerzo, el laburo, la entrega. Porque perdiste y eso hace que seas despreciable, aunque seas el mejor. Porque no podemos disfrutar de lo bueno, aunque sea un regalo, aunque no exija nada a cambio. No nos permitimos disfrutar de lo bueno, si es que no termina en victoria. Y para mí la victoria es otra cosa. Muy distinta.
Será que soy de Racing, de Quilmes de Mar del Plata y socialista, entonces, para mí, el triunfo siempre ha sido esquivo, y tuve que aprender de las derrotas. Y eso me enseñó, por fortuna, a ver la victoria en otras cosas, no sólo en levantar una copa o ganar una elección. Para mí la victoria es que, después de que el fútbol de tu país te haya negado la posibilidad de hacer en tu tierra lo que te gusta y sabés, -porque parece que no crecés bien-, hayas invertido toda tu voluntad y te hayas convertido en el mejor. Vaya triunfo, ése. Porque Messi se fue a España porque dos clubes de Argentina no lo quisieron, como ya sabemos.
Para mí la victoria es buscar el beneficio de todos, no la comodidad propia. Y Messi, por las críticas permanentes de los argentinos, siempre juega incómodo. Como si nos debiera algo, porque depositamos en él las frustraciones que nada tienen que ver con el fútbol, pero como somos fútbol, le exigimos a él cosas que nosotros no podríamos hacer así viviéramos mil años. Nosotros, los mismos que, quizá, en una medida infinitamente menor, cuando tenemos la oportunidad de hacer algo por alguien que lo necesita, miramos para otro lado y escondemos la cabeza bajo tierra. Desde ahí le decimos fracasado al mejor.
No somos hipócritas, porque la hipocresía necesita saber esto, necesita un grado de cinismo que ni siquiera entra en las cuentas. Somos algo peor, somos ignorantes.
El tipo está ahí arriba, donde sus millones no lo abrigan del frío del desprecio, está ahí, tratando de hacerlo bien, no por él solamente. Porque quiere que vos festejes lo que, justamente, vos no podrías conseguir. Pero él sí podría, y lo sabe. Y no le exigimos que, por ser quien es, lo intente aunque pierda, le exigimos que si no gana, no vuelva. La lección más horrible que podríamos impartir en nuestra vida.
La mesa puesta, el olorcito de la carne, los amigos al rededor, el vino en las únicas copas importantes de la vida, esas que pueden chocarse con la gente que uno quiere. Todo para vos, pero no te alcanza.
Despreciamos el asado. Cuando tenemos hambre, famélicos, despreciamos el asado que nos regalan. Es loco, no lo entiendo. Qué sé yo. No sé nada. Sólo que Messi es asado, y a mí el asado me va a gustar siempre. Tanto como intentar, aunque no gane.

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