Ahí pasó un elefante
Ahí pasó un elefante. ¿Lo viste? ¿No? Mirá, ahí pasa otro y, si prestás atención, si podés apartar los ojos del árbol de turno que te plantaron adelante, capáz lográs verlo. No, bueno, ya pasó. Pero no fueron los primeros, antes pasó el elefante de la mentira, cuando dijeron que no harían todo lo que después hicieron. Después pasó el elefante de la devaluación, seguido de otro, el de los despidos. Ese fue grandote y se quedó largo rato por acá.
Más tarde pasaron el elefante del ajuste, el del endeudamiento y el de la renuncia a la soberanía. Uno atrás del otro. Mientras van ocultando al elefante del hambre, que ya empezó a pasar y todavía no termina.
Y pasaron muchos otros, pero vos nos los viste porque estabas concentradísimo en el árbol que te plantaron adelante. Primero lo llamaron Milagro Sala. Después, por poco tiempo, lo apodaron Susana Trimarco. Después dijeron que no, que siempre se llamó Citan a Cristina A Declarar. Después hubo muchos árboles Lázaro Báez. Y ahora hay un ombú gigante que se llama José López y lo tapa todo. Y, mientras tanto, los elefantes desfilan detrás del árbol de turno, uno tras otro.
Nadie dice que el árbol no sea importante, pero por algo te lo plantan adelante: para no dejarte ver el resto. Nadie dice que esté mal ver el árbol, pero por algo el bosque es más grande. Y si empieza a pasar el elefante de la represión en el acto del día de la Bandera, te plantan el árbol de las bóvedas en los monasterios, ¿ves, ahora?
Yo quisiera que no sea necesario exponer como novedosa y sectaria práctica la corrupción sólo para tapar otros actos también perversos y egoístas. Quisiera que todo se difundiera igual, que la única versión de las cosas que cuente para vos sea la tuya, después de que viste todo lo que no querían que veas.
Quisiera que no edifiquen mentiras como edificios, agregándole a diario un piso más de nuevas infamias. Creo que lo que quisiera es que jueguen limpio. Pero no. Y estas son las reglas que imponen y en esta realidad tenemos que chapotear.
Repudio a cualquiera que se haya llevado dineros públicos a su bolsillo, se llame López, Baéz o sea Mandrake, el Mago. No me parece poro relevante, pero mientras tanto veo como usan eso para ocultar muchas otras cosas. Veo como los medios hegemónicos ponen en tapa día tras día esos títulos catástrofe, relatando situaciones cinematográficas hechas al dedillo, como si fueran una puesta en escena sumamente bien lograda. Y no dicen nada de la terrible corrupción que se demostró -no sólo en los medios internacionales- sobre las cuentas ilegales en Panamá del Presidente, por ejemplo. Y no dicen nada de que reprime con brutalidad hasta en el acto del Día de la Bandera en Rosario. No dijeron nada de que hipotecamos nuestra vida y la de las futuras generaciones porque Macri le pagó a los Buitres contra los que habíamos batallado tanto, y hasta en la ONU nos habían bancado. No dicen nada de la pobreza que crece de manera exponencial. De la gente que se muere de frío en la calle. De las ollas populares que volvieron, de las filas cada vez más largas de viejos y nuevos desocupados buscando empleo que no hay ni va a haber en el corto plazo, mínimo. No dicen nada de que hayamos entrado, acordando con Estados Unidos, al acuerdo del Pacífico, algo parecido al ALCA que enterramos en 2005 en Mar del Plata, cosa que destruye la industria interna y nos resta aún más soberanía. No dicen nada de Melconian, que resulta que era uno de esos Buitres que nos demandaban, y ahora es funcionario del gobierno macrista. Nada. Un elefante, otro, diez, veinte.
Quiero que jueguen limpio, y eso no va a pasar. Pero quisiera que todos sepamos eso, que juegan así, que son así. Que no buscan tu beneficio ni el mío, sino el de ellos, y te quieren hacer creer que no tenías derecho a vivir mejor, a viajar, a cambiar un celular, a ir a la universidad pública con apoyo del Estado, a tener el techo propio. Porque nos mienten, y mientras tanto destruyen todo, porque ahora vos sabés qué bien estábamos cuando nos decían que estábamos mal. Y quizá no lo hacen de malos necesariamente. Aunque si buscar llegar al poder para hambrear al pueblo a conciencia no es un acto de maldad suprema, no sé qué es. Mientras sus patrimonios en pocos meses se triplican, pero claro, eso tampoco lo lees en los diarios o lo ves en la tele.
Queda en nosotros, en nosotras. No nos comamos la tostada untada de oportunismo que nos quieren meter de prepo en la boca. Busquemos, analicemos, encontremos nuestra propia idea de las cosas que no debe llevar la firma de nadie, sino que debe estar sostenida en lo que sí sabemos, y para eso hay que desviar un poquito la mirada, cuando nos damos cuenta que otra vez nos plantaron un árbol adelante.

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