Un sol que quema fuerte

macriEstamos en peligro. Nosotros, nosotras, todos. Y es un peligro sigiloso, zorro. Porque la mayoría ni se da cuenta: están con las puntas de los pies en el borde, casi saludando al abismo que abrieron a fuerza de robarnos derechos, y todavía felicitan la mano que los empuja hacia adelante, a la caída brutal. Y no hay límites.

Porque la caída es tan feroz que perforará hasta la lona tan conocida en la que hemos caído tantas otras veces, de la que aprendimos a levantarnos y ponernos de pie.
Hay un cinismo que descoloca, una hipocresía que recubre cada medida del actual gobierno como el fondant a una torta de cumpleaños. Se nos ríen en la cara. Nos dicen que debemos buscar ser felices, mientras nos echan de nuestros trabajos, transfieren toneladas de recursos a los sectores más acomodados de la sociedad, nos empobrecen a un ritmo demoníaco.
Y esa es otra estrategia, pegarnos unas trompadas detrás de la otra, dejarnos groguis, para que nos cueste reaccionar. Ya en esta columna una vez dijimos que éramos como un boxeador arrinconado. No aprendí nada más de boxeo de la nada que sabía cuando escribí aquello, pero sigo gustando de las analogías y las metáforas. Y así nos quieren, atontados, golpeados, respirando con dificultad. Y encima nos dicen que es nuestra culpa, que no hicimos lo suficiente, que nos merecemos lo que nos pasa. La locura del desprecio por el otro, hoy gobierna el odio.
Dicen, también, construyendo el relato, que así no se podía seguir, que lo que hacen es porque heredaron tener que tomar estas decisiones. No. Quitarle las retenciones a las mineras y al campo, no era una medida necesaria, es transferir millones de pesos a esos sectores ya millonarios. Pagarle a los Fondos Buitres no era necesario, era cumplir con los dueños del mundo, que son pocos y tienen hambre de hígado de pueblo. Eliminar subsidios no era necesario, pero eligieron que los que más tienen, más ganen. Simple.
Matar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ni bien asumieron no era parte de “la pesada herencia”, era cumplir lo pactado con los monopolios mediáticos que hicieron todo lo posible para ponerlos en el poder. Que ellos mientan, nosotros tenemos nuestra verdad, la que constatamos en la calle todos los días, la que nos demuestra que en seis meses destruyeron los salarios, dejaron a cientos de miles de argentinos y argentinas sin empleo, acallaron decenas de voces, cerraron medios, silenciaron periodistas, iniciaron una persecución ideológica que aun persiste, nos empujaron hacia al abismo que ellos mismos cavaron bajo nuestros pies.
Esa es la realidad. No es magia, nunca lo fue. Antes había una concepción de Estado sólido, amplio, contenedor. Ahora achicaron el Estado porque achicaron nuestros derechos. Pero el pueblo sabe. Cuando llora, el pueblo sabe por qué llora. Y somos millones que no olvidamos, somos millones los que no estamos dispuestos a seguir recibiendo las piñas de esta etapa superadora al capitalismo salvaje. Somos millones los que ponemos la cara, magullada, y seguimos para adelante.
Estamos en la calle, en las plazas, en los barrios. Estamos gritando fuerte por lo que es nuestro. Pueden evitar las fotos de las marchas multitudinarias, no publicar las noticias de las huelgas, de las tomas. Pueden y lo hacen. Seguramente, durante un tiempo, puedan tapar el sol con un dedo. Pero este sol quema. Y quema fuerte. No nos vamos a acostumbrar otra vez a pegar la nariz en la vidriera de la vida de los otros. No. No nos vamos a resignar pensando que merecemos pasar hambre, que merecemos ocupar el lugar de pobres en esta sociedad para siempre, como el mandato de un dios insensible que nos mira desde arriba sólo para saber con justeza donde pisar con más fuerza. No. No vamos a creer esas mentiras porque ya sabemos que no es así, porque demostramos que no es así. Probamos que la inclusión social es la respuesta a cualquier pregunta. Que la igualdad es la meta, no la utopía. Que no hay ni habrá paz social si la injusticia es la bandera que quieren hacer flamear sobre un país en ruinas.

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