La prédica y los hechos

macri congresoSu prédica y vocabulario es repetido y algo renovado a la vez. Esta fuerza política es la misma que gestó la primera embestida neoliberal con la última dictadura militar, la misma que colonizó la conducción del PJ y la UCR para aplicar el recetario neoliberal de los 90. Sin golpe de por medio y sin apoderarse de las estructuras partidarias tradicionales –aunque véase el papel de la UCR integrando la alianza Cambiemos-, consiguió hacerse del poder por la vía electoral una fuerza política de la derecha empresarial, que no mostró durante la campaña abiertamente sus políticas, aunque muchos la reconocíamos como tal y tantos otros votaban por ella con un relativo conocimiento de su carácter neoliberal.

“SincerAR” y “racionalizAR”, eufemismos de librar a los designios del mercado y ajustar, son sus prédicas y guías de acción. Lo mentiroso para ellos es la intermediación del Estado, lo que ella nos depara es una realidad artificiosa y distorsiva, lo natural y virtuoso –sostienen- es el mercado.

“Racionalizar” ha sido despedir empleados públicos, fijar el propósito de ir conformando un funcionamiento del Estado que prescinda de ciertos puestos y labores, y por ende despida. Es para esta gente recortar ciertos alcances del Estado por creerlos injustificados e ir acotando la presencia del Estado, es hacer “rendir mejor” la plata del Estado –consideran- bajando salarios reales, reduciendo partidas, reduciendo alcances del Estado por figurarse a las prestaciones en la esfera del mercado o por pensarlas en términos enteramente economicistas como si el Estado fuera una empresa, desentendiéndose de las implicancias sociales de dichos recortes.

“Sincerar” ha sido liberar el mercado cambiario para que el precio del dólar lo fije el mercado y se consume una brusca devaluación que desencadenaría una brusca suba de precios. Ha sido dar marcha atrás en cuanto a políticas de control de precios y retirar subsidios a los servicios públicos, a la energía, desencadenando también alzas en el costo de vida, subas de precios. “Sincerar” fue elevar el costo de vida y haber licuado el salario, lo que ha constituido una política de shock, adrede.

Tristemente celebran una “normalización”. ¿Y de qué va esa normalización? Va de volver al ruedo de las políticas neoliberales que tanto daño han hecho. Va de cumplir con los dictámenes de los organismos internacionales, va de entregar el país a la voracidad de los grandes usureros. Nada festejable es esa normalización. A eso llaman ser un país serio. Va también de dejar operar a los capitales con completa libertad, de que se fuguen capitales fabulosamente, va de volver más inestable a la economía argentina.

Dicen que de lo que se trata es de sembrar las condiciones para la llegada de capitales al país, de implantar reglas de juego claras, condiciones que no brindó el gobierno anterior que en su rol de permanente interventor no daba previsibilidad y por esa razón ahuyentó inversiones y resintió la generación de empleo genuino.

Anuncian la pronta llegada de inversiones que generen trabajo digno y verdaderamente hacen agua con esa promesa. Dicho a groso modo: más bien son las arduas y extensas jornadas laborales por miserables salarios, los reducidos costos laborales, y las generosas exenciones impositivas de los Estados lo que preferentemente atrae la inversión productiva de las grandes empresas multinacionales, y si acaso el pujante mercado interno que presenta expectativas de ganancias era una alternativa algo mejorada para atraer inversiones que generen trabajo genuino este nuevo gobierno vino a negarla.

Esta promesa es la prédica del “mientras tanto”, que sirve para justificar sus medidas, acaso para atenuar en alguna medida el reclamo popular y mantener algún público cautivo.

Vienen a corroer y decididamente han corroído el trabajo digno y genuino en los meses que llevan de gobierno: con su incipiente aperturismo, con el achicamiento del Estado (que ha supuesto despidos y reducción de salarios reales), con la caída del nivel de actividad que ha provocado despidos y ha menguado el poder de negociación de parte de los trabajadores.

Nos hablan de una Argentina que estaba aislada del mundo y que vuelve a él, cosa que es una falsedad. Mejor sería precisar qué era para ellos estar aislado y qué es para ellos volver al mundo. Se exalta a la globalización como señal de progreso, de estadio superior y carretera a la que la Argentina debe subirse, como si acaso no hubiera estado a bordo. Remitirse a un localismo es algo anticuado, obsoleto –sostienen-.

Modernización es otro palabra que aparece movilizando imaginarios sociales que dejan muchísimo que desear y es un término que acompaña su prédica de la globalización, que no es nueva, que perfectamente nos puede remitir a otros tiempos y que condensa varias cuestiones mencionadas. Es otro eufemismo.

Sostienen que lo anticuado e inconveniente es pretender que el Estado maneje amplios resortes de la economía en el mundo de hoy, que la apuesta por el mercado interno es anticuada e inconveniente.

En los recientes tiempos kirchneristas, sin haber dejado nunca de ser partícipes de un mundo globalizado, nos pusimos al reparo de tristes consecuencias de la globalización neoliberal. Eso era la apuesta al mercado interno, una proyección más ambiciosa y una concepción más sensible al destino colectivo de una nación, que suponía una apuesta a empoderar la demanda interna, recrear una situación de virtuosismo.

La propuesta PRO es la de dejar nuestra economía a la intemperie, aquella que fácilmente gana la adhesión de muchos y que remite a un pasado reciente de nuestro país que tristemente vuelve a asomar. Propuesta que sostiene la conveniencia de una apertura irrestricta de las importaciones, que expresa que si nuestras industrias son ineficientes han de sucumbir frente a la conveniencia de la mejor calidad y precio de lo importado o han de volverse competitivas para no perecer, que redunda en que la llegada de productos importados acecha la producción nacional y el empleo local jugando su parte en un triste efecto dominó.

Es impresionante como se han apropiado para sí palabras que al oído del ciudadano de a pie suenan -o acaso sonaban- a que su programa es correcto y festejable. Suena bien “racionalización”, el punto es cuál es la lógica desde la que se habla de racionalización. “Y… valga ser sinceros”, dirán. Es que suena bien la palabra liberar, “da a libertad, mejor libre que restringido”. Meten expresiones como modernización, como subirse al tren de la globalización y fácilmente a muchos les da a progreso. El punto es a qué le llaman liberar, qué consecuencias acarrea de manera muy distinta a lo que se postula, a qué le llaman sincerar, a qué le llaman racionalizar.