La saga de la deuda y un triste capítulo que se escribe
La propuesta PRO, que se ha vuelto la de tantas otras bancadas y aparentemente mayoritaria, es por completo entreguista, es una absoluta subordinación del país, un hipotecar el futuro. Es derogar una serie de leyes referidas a la deuda externa y convalidar un preacuerdo con los buitres, con los holdouts, lejos de lo que nos prometen desencadenando tristes consecuencias.
He aquí una extorsión: la de que si no se aprueba este preacuerdo para pagar a los holdouts, quedará vedada la posibilidad de acceder a endeudamiento externo en buenos términos y no quedará más remedio que recrudecer el ajuste en marcha.
Ya tienen media sanción, la de Diputados. Resta la de senadores. En ella, el FpV es mayoría pero los miembros de dicha bancada se remiten más bien a sus respectivas provincias –lo cual es completamente razonable-. No se halla allí el núcleo más duro de parlamentarios kirchneristas y fácilmente puede haber de por medio intercambios de favores. Las esperanzas son mínimas de que sea por la negativa. Casi de seguro se aprobará lo que pretenden desde el gobierno. Escribo estas líneas probablemente a poco de que aprueben lo que en materia de deuda externa y pago a los holdouts pretende el gobierno.
Valga rememorar la gesta de desendeudamiento externo de la gestión kirchnerista, la histórica renegociación que supuso una muy significativa reducción del capital y de los intereses y la extensión de los plazos, la actitud de Néstor Kirchner de expresar que los muertos no pagan deuda, de cancelar la deuda con el fondo y emprender una política de desendeudamiento soberano. Fue en gran medida una corazonada y sentó un buen precedente. Fue deslindarse de la intromisión de los organismos internacionales y poder gestar una política económica soberana. Se cumplió religiosamente con los compromisos de pago de deuda externa. La relación deuda-PBI fue mejorando significativamente, el total del PBI involucrado en el pago de la deuda fue decreciendo. La deuda en gran medida fue absorbida internamente, pero indudablemente fue mejor eso que deber a afuera y en moneda extranjera en demasía, con todo lo que ello implica. Esos acuerdos pudieron gestarse con la inmensa mayoría de los tenedores de deuda, el 93%. El otro 7% no acordó, quedó fuera del plan de pagos y comenzó a litigar contra la Argentina exigiendo el pago de la deuda acorde al monto y los intereses “originales”. Valga decir que no son honrados ciudadanos de mundo que reclaman frente a la morosidad del Estado argentino, sino el más deplorable capital financiero, unos auténticos carroñeros, usureros que compran deuda de países periféricos a precio irrisorio esperando tener ganancias fenomenales a costa de los países, y jugando por cierto su carta en una dependencia y una asfixia financiera a perpetuidad de los países.
La historia de las deudas externas de los países periféricos y los Estados en general es la historia de una tragedia mayúscula, de un formidable mecanismo de expoliación de los países periféricos a perpetuidad, de subordinación de los Estados al capital financiero, una potente artillería de la dependencia, un instrumento para constreñir la soberanía de los países, un fenomenal nicho de negocios del capital financiero.
Por cierto, la historia de la deuda externa en Argentina y América Latina en general nos remite necesariamente a tristes páginas escritas por las dictaduras militares que poblaron nuestro continente a caballo entre los 70 y los 80 y de los gobiernos neoliberales siguientes.
La deuda ha venido a ser una trampa, un callejón sin salida. Una saga en que las presuntas soluciones no son tales, el supuesto remedio es peor que la enfermedad.
Desde ya que es harto complicado sobreponerse en una negociación con los buitres. Pero aquí se está renunciando a cualquier vocación de pelear el mejor acuerdo posible con una pretensión soberana.
Cuán lejos quedó la pretensión del desendeudamiento soberano. Pensar que a mediados de 2015 en instancias de Naciones Unidas con un amplio apoyo, el gobierno argentino vio aprobada su moción de pautar un marco legislativo de reestructuración soberana de deudas externas.
Hubo incluso quienes decían que un acuerdo con los buitres dentro de todo conveniente estaba pronto a cerrarse pero en tiempos de campaña los dichos del electo Macri referidos a pagar lo que dijera Griesa frenaron la negociación.
Enorme cantidad de ciudadanos desconocen lo que está en cuestión. Ignoran quienes son los fondos buitre, quienes son los holdouts, desconocen la historia de la deuda externa en Argentina y no conocen de aquello que casi seguro desencadenará un acuerdo de esta naturaleza.
El punto es que casi de seguro si efectivamente se encamina el acuerdo mentado se desencadenará el reclamo de igualdad de trato por parte del resto de los acreedores, exigiendo cobrar en las mismas condiciones que los holdouts, retrotrayéndose a la deuda primigenia, teniendo como consecuencia necesaria el fenomenal incremento de la deuda poniendo en compromiso las finanzas del Estado y la soberanía nacional.
¿Acaso lo que viene no es otra que endeudarse para cubrir el pago de deuda, prescindiendo de recurrir a financiamientos internos más genuinos y perpetuando e incrementando la deuda externa? ¿Acaso no va a hacer otra cosa que financiar la fuga de capitales, acaso traer la plata dulce del dañino deme dos aperturista? Porque de eso se trataron históricamente los endeudamientos externos aquí y por otras latitudes, y no de como se viene tramposamente a anunciar diciendo que accederemos a crédito externo para financiar obras de infraestructura, productivas. Ese es mi pésimo pronóstico, a sabiendas de esto, de lo que se viene. Como siempre espero estar profundamente equivocado y no advertir ciertas cuestiones, pero me es evidente pronosticar esto.
