Los 90 de Mauricio Macri

macri congresoLos cambios de gobierno siempre traen consigo una expectativa popular por las medidas que se llevarán a cabo. La campaña había sido muy radicalizada con posiciones aparentemente opuestas, pero la campaña es sólo campaña y lo que debe analizarse es el desempeño del gobierno en lo que tiene que ver con medidas concretas. A lo largo de estos 90 días escuchamos mucho sobre la “pesada herencia” con respecto a diversos temas, fundamentalmente económicos. Vamos a intentar desmenuzar las mentiras y las verdades con respecto a este tema.

El tema más controversial fue, es y será la inflación. La inflación es un problema estructural de la economía argentina y no es conveniente sacar fotos de distintos períodos sino más bien ver la película entera. Es un problema que persiste hace varias décadas y no se resuelve de un momento para el otro. El lema del gobierno es bajar la inflación de forma gradual. El mismo presidente aclaró que va a llevar tres años tener una inflación de un dígito. Al problema de la inflación en sí, se le suma la dificultad de su medición. A partir del 2007, la intervención gubernamental alteró alevosamente los valores de los precios en su medición, subestimando la variación del IPC y generando una proliferación de índices de precios alternativos. Esto llevó a una dispersión absoluta, dificultando las paritarias, los ajustes de contratos, el cálculo del PBI y, sobre todo, dificultando la credibilidad de cualquier acto de gobierno referente a política (anti) inflacionaria.
Por supuesto, no se puede dejar de hablar del “cepo”. Las restricciones cambiarias fueron impuestas a fines del 2011. El sistema consistió en ir eliminando progresivamente (a través de parches) la posibilidad de la compra de dólares de manera oficial. Esto conllevó a la lógica consecuencia: el crecimiento del mercado ilegal de divisas. De esta forma surgió el famoso “dólar blue”. Éste dólar muchas veces jugó las veces de “riesgo país”, en el sentido de que los medios se hacían de las disparadas que ha tenido la cotización para generar expectativas negativas en la economía. El cepo tuvo varios objetivos, entre ellos frenar la fuga de divisas, intentar controlar el valor de la moneda, restringir la demanda de dólares y lograr un crecimiento sostenido de las reservas del BCRA, sin embargo, sus efectos positivos fueron escasos y trajo más problemas que soluciones. La prohibición de la venta de dólares por parte de los bancos generó una ansiedad y una paranoia en la población, generando que en lugar de disminuir la demanda, ésta haya aumentado (aunque la oferta se mantuvo casi nula, salvo para casos de turismo y otros ejemplos).
Durante los últimos dos años, a partir de la devaluación de enero del 2014, la estrategia gubernamental fue, a través del Banco Central, utilizar un “ancla monetaria” (de alguna forma “pisar” el tipo de cambio) para mantener el dólar planchado y tratar de disminuir la inflación desde ese punto de vista. Si bien tuvo efectos positivos en cuanto a variación de precios, existieron otros años colaterales como la fuerte apreciación de la moneda. La apreciación ocurre cuando la inflación es mayor a la devaluación de la moneda, es decir, nuestros productos son menos competitivos en el mercado externo. Esto derivó en varios problemas para ciertas industrias y actividades primarias (el puerto marplatense no fue ajeno).
Probablemente estas cuestiones hubieran sido menos problemáticas con un sector externo más tranquilo. Y aquí no me refiero sólo al hundimiento del PBI de Brasil, o el estancamiento de China, o la devaluación rusa. Aquí también hay que analizar la madre de las batallas, el conflicto con los fondos buitre. No es necesario hacer un recorrido histórico de cómo surgieron estos parásitos del sistema financiero, pero sí es necesario remarcar que el conflicto tuvo costos muy altos para la economía. Atención, el costo de arreglar con los fondos buitre (ver más adelante) es alto, pero probablemente el costo de no haber arreglado antes es mayor. Esto tiene que ver no sólo con los intereses punitorios anuales, que son aproximadamente mil millones de dólares, sino con el costo de oportunidad de inversiones extranjeras que hubieran venido sin que estemos en “default” y con la imposibilidad de obtener crédito a una tasa un poco más acorde a lo que pagan los países de la región.
Ahora bien, llega el turno de volver a la actualidad. ¿Qué hizo el equipo económico para intentar solucionar los problemas anteriormente mencionados? El primer anuncio rimbombante fue la salida del cepo el 14 de diciembre. ¿Fue exitosa? La respuesta es sí. En los días subsiguientes se vendieron menos dólares para ahorro que incluso en la época del cepo. La demanda era muy tímida y la oferta era bastante sólida. Es más, el primer valor fue $15 y llegó a bajar hasta $12,92. Pero, ¿por qué fue exitosa la salida si después el dólar llegó a $16? El dólar llegó a $16 dos meses después por otras medidas gubernamentales, la entrada de los importadores en el mercado y la escasa oferta de dólares proveniente del agro (quienes no cumplieron la promesa de liquidar U$S 5 mil millones en un primer momento). La devaluación, en Argentina, es siempre y en todas partes inflacionaria. El mismo Prat-Gay en un paper afirma que el pass-through (traslado a precios de una devaluación) es del 90% en dos años. Es decir, una inflación del 50% lleva a una inflación del 45% en 24 meses “sólo” por la devaluación -sin contar otros factores-. Si uno introduce el fuerte aumento de las tarifas (300% promedio), el número tomará un valor más alto, y probablemente haya que devaluar de vuelta si se quiere una depreciación real de la moneda que sirva a los exportadores, entonces, nos encontramos en un laberinto sin salida. Las tarifas fueron planchadas durante años para no impactar en el bolsillo de las personas con menores ingresos. El ajuste debería haber sido gradual y no de golpe. Incluso, el ajuste quizá debería haber iniciado en 2010, por ejemplo, para que no nos encontremos con las “tarifas reales” tan fuertemente.
Hasta ahora, no existió una política anti-inflacionaria. Lo único que intentó el BCRA fue elevar las tasas de interés (también para contener al dólar) y desacelerar fuertemente el ritmo de la expansión monetaria. Por ahora, estas políticas no tuvieron efecto visible. La inflación se disparó (previo a la salida del cepo) y se mantuvo casi constante al 4% mensual, con algunos signos de baja en las últimas semanas. Yo diría, además, que hubo muchas medidas inflacionarias. Quitar retenciones es inflacionario, debido a que los productores elijen exportar su mercadería en lugar de venderla en el mercado interno, lo que reduce la oferta nacional y aumenta el precio interno de los bienes (el caso más llamativo fue el de la carne y el pan). Uno puede estar a favor o no de las retenciones, pero en lo que existe cierto consenso es que quitarlas de golpe genera un exabrupto inflacionario fuerte. Esto retroalimenta la devaluación, ya que se va haciendo menos “efectiva” al tiempo que la inflación se acelera. Las expectativas inflacionarias son altas y uno puede llegar a pensar que el gobierno le soltó la mano a la idea de controlar la inflación este año y que el trabajo fuerte arrancará el año que viene. La visión del gobierno es clara, para que la inflación baje, los sindicatos deben estar más amaestrados y las paritarias no deberían dar lugar a una suba de salarios reales, sino que más bien deberían acompañar estrictamente la inflación.
Y aquí nos encontramos con otro problema. El gobierno tuvo la capacidad histórica de volver a poner al INDEC como ejemplo mundial en lo referente a un sistema estadístico nacional. Al principio parecía que iba a ser así, pero el pedido de renuncia de Graciela Bevacqua tiñó un manto de sospecha inadmisible.
En cuanto al sector externo, no hay buenas noticias. Las crisis de los países mencionados no parecen tener solución pronta, el barril de petróleo está en mínimos históricos aunque con cierto repunte, y la liquidez mundial parece en retroceso. Estamos en pleno debate por el arreglo con los fondos buitre. En mi opinión, arreglar es necesario, aunque hubiera sido mejor arreglar antes y en otras condiciones. Llama la atención que el pago sea en efectivo cuando podría ser en bonos, llama la atención la rapidez que se le quiere dar al “pequeño trámite” y llama la atención el visto bueno que le da Griesa a cada una de las decisiones argentinas en forma tan repentina. Este capítulo tiene final abierto, probablemente se tarde años en ver los efectos positivos y/o negativos del acuerdo y en hacer un balance real. Por lo pronto, el Congreso se apresta a aprobar la derogación de la Ley Cerrojo y de Pago Soberano y la emisión de unos aproximadamente U$S 15 mil millones.
En definitiva, en el gobierno de Mauricio Macri está todo en veremos, todo abierto, todo en disputa. Parece haberse quedado en el medio entre el “shock” y el “gradualismo”. Parece que las expectativas que tenía el presidente en cuanto al resultado de sus políticas (como por ejemplo en la baja de inflación) no se están realizando y se están aplicando ciertos parches temporales. Será cuestión de ver cómo funcionan estas recetas en este laboratorio de economía que se llama República Argentina (aunque algo me dice que esto ya se ha vivido).

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