Traigan políticas públicas, que nazis sobran
Sí, son un grupúsculo, una minoría. Pero lo último que tenemos que hacer es subestimarlos. Es un árbol con pocas ramas, quizá, pero las raíces del odio son profundas. Y están arraigadas, porque no es una moda el racismo, la homofobia, la xenofobia, la violencia visceral contra todo aquel que piensa diferente: es ideología. Eso no se pasa, no llega a su auge y cae. Si creemos eso y no actuamos, por ende, en consecuencia, seguiremos viendo cómo se reproducen ante nuestros ojos los fascistas. Porque el odio es contagioso, como la ignorancia. Y estos sujetos están llenos de ambas cosas.
Se hacen llamar por varios nombres: “Bandera Negra”, “Los Pampillones”, “La Giachino”, “Batallón Brigadier”, “División Costa Atlántica”, “Frente Skinhead Buenos Aires”, entre otros motes. Son nazis. Exhiben orgullosos la simbología hitleriana, hacen el saludo con el brazo arriba, como Adolfo a sus tropas. Y gustan de intimidar, agredir verbalmente, violentar, golpear y amenazar.
Eso es lo que hacen. Por ahora. Y digo por ahora tocando madera, porque están armados, andan alzando cuchillos y armas de fuego por las calles marplatenses con la impunidad que sólo puede darles saberse exentos de un castigo inmediato. Y esa libertad es producto de una complicidad de la policía y del poder político local, que decide llamar “un hecho policial, como cualquier otro” a las repetidas amenazas de muerte que recibe Javier Moreno, reconocido militante por la Igualdad y la Diversidad. O el ataque a dos chicos en una plaza, donde les partieron la cabeza con tubos de pvc rellenos de cemento. O la golpiza a feministas durante el Encuentro de Mujeres. Entre muchos otros hechos que no son simples casos policiales. Decir eso es desligar la responsabilidad política, decir eso es ser cómplice de todo lo que suceda. Si yo se eso, Arroyo también.
¿Y qué hacemos con la policía que ve y deja hacer? ¿Cómo llamamos eso? ¿Otro simple hecho policial? Estamos a las puertas de algo terrible, estamos muy cerca de que estos odiadores uniformados de nazis maten a alguien. Están diciéndolo con sus amenazas, con sus golpizas que cada vez van un poquito más allá. Nos están gritando fuerte y claro que están dispuestos a quitar vidas. Porque para los fascistas nuestras vidas, las de los que pensamos tan distinto a ellos, son aborrecibles: son suprimibles.
A mi, personalmente, no me da miedo ninguno de ellos. Ni el Rusito, ni Carlos Pampillón. Ninguno. No me da miedo que maltraten un monumento a la Verdad, la Memoria y la Justicia, tampoco me asusta que pinten consignas contra la comunidad boliviana. No me da miedo eso, que es justamente lo que ellos quieren sembrar: lo que me genera es un rechazo que nace de las tripas, una indignación y una impotencia que me lastiman. Veo la sangre chorreando desde la cabeza de un pibe que fue agredido por estos fachos en una plaza, lo veo y lo escucho a Javier Moreno, que labura todos los días de su vida por una ciudad inclusiva y solidaria, y me descompone de bronca lo que pasa. Porque ni a patadas voladoras son simples hechos policiales. Porque el oficialismo también ve esto pero elije callar, elije minimizarlos, con el terrible riesgo que eso conlleva. Pero claro, no van a escrachar la casa ni el trabajo de ningún arroyista, de ningún radical, de ningún macrista. A ellos no les tocan las amedrentaciones, ni los golpes, ni los insultos. A ellos no los persiguen, evidentemente. Los nazis, por el contrario, encuentran en la nueva administración local un techo confortable desde donde cobijar la suprema cobardía que los mueve. Y yo no estoy dispuesta a ver lo que hacen en silencio, no tengo ningún interés en enterarme con displicencia por los diarios quién es la nueva víctima de la maquinita odiadora que sacan a pasear de noche. No.
A mi me enseñaron que el amor vence. Que con el amor se construye, que esa es la única forma posible de avanzar en una sociedad más justa e igualitaria. Y aprendí. Y amar es urgente. Siempre es urgente amar. Y mucho. Porque los que odian fuerte están ahí en la calle, ejerciendo una violencia que crece, porque quienes deben ponerle freno están muy cómodos dejándolos hacer. Porque en Mar del Plata y Batán ganó la derecha, la mayoría
votó la derecha. Vivimos en una sociedad de derecha. Asumamos eso para poder combatir el horror del fascismo. Y no tengamos miedo de usar los términos que corresponde usar. Porque debemos llamar a las cosas por su nombre, porque debemos asumir que nos gobierna la derecha en lo local, provincial y nacional. Y ellos quizá no tengan la mínima intención de accionar políticas públicas para combatir nazis. Asumamos eso, también. Porque la policía los va a ver, los reconocerá, con los tubos de pvc alzados contra alguien, y no va a hacer nada. Porque tengo una noticia impactante: la policía es la policía.
Podemos llamarlos neonazis, pero el odio de neo no tiene nada. Es muy viejo, cada tanto rebrota, como una peste oscura, como u resorte siniestro. No lo minimicemos, aunque sean minoría. No los subestimemos. Sepamos quienes son y qué quieren. Combatamos su odio a los hermanos bolivianos, paraguayos, peruanos y de cualquier parte del mundo. Combatamos su odio a quien piensa diferente, a quien siente diferente. Porque no estamos errados quienes nacemos en otro lado y nos mudamos acá, no estamos errados quienes queremos a alguien de nuestro mismo sexo, no estamos errados quienes nacemos con genitales de hombre y nos sentimos mujer, no estamos errados quienes sostenemos las banderas de la Memoria, la Verdad y la Justicia. No. Están errando fiero los que, pudiendo generar herramientas desde lo político y judicial para combatirlos, no hacen nada. Porque los fachos no erran, no cambian. Pero existen, existieron siempre. A veces, cuando los gobiernos no están predispuestos a bancarlos, se ocultan más, pero siempre están ahí. Agazapados en su barro, esperando el momento justo para salir a lastimar. Como ahora.
Y no se van a aburrir de amenazar, golpear, romper, violentar. Porque esa es la esencia del fascismo: destruir todo lo que no se adapte a ellos. Y resulta que Mar del Plata está llena de inadaptados. Y resulta que nosotros, los inadaptados, no creemos que sean simples hechos policiales. Sabemos que son crímenes de odio, y que las repeticiones de estos hechos nos da, lamentablemente, la razón. Y no miramos para otro lado. Nosotros no.

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