Las aventuras de Heidi

Lejos de guardar correlato con su prédica de institucionalidad y buenas formas, la gobernadora gira una cuantiosa y discrecional transferencia dineraria al municipio de Morón, que tiene por intendente a su esposo Ramiro Tagliaferro. La gobernadora Vidal junto con su familia y por razones de seguridad muda su residencia a una casa de la Base Área de Morón, desde ya custodiada en demasía y con la magnitud de tal gasto.
A poco de asumidos e iniciando un proceso de reducción del empleo municipal con numerosos despidos o cesantías, varios de los intendentes de Cambiemos con celeridad, desmesura y sin incluirse a ellos mismos en el llamamiento a la austeridad, incrementaron notablemente sus sueldos como máximas autoridades municipales.
En su discurso se decían interesados por la educación y la salud y hacían severos diagnósticos en esas y otras áreas, aunque con ligereza y sin mayor contenido, de lo que dejaba la gestión Scioli o años y años de gobiernos peronistas en la provincia. Sostuvieron que venían a mejorar los servicios que el Estado provincial presta a la ciudadanía y que un eje fundamental era revolucionar la provincia con obras de infraestructura de diversa índole.
Hasta aquí y a juzgar por el inicio de negociaciones paritarias con los gremios estatales, que por cierto encontraron de parte de la gobernación dilación y poca celeridad en medio de un contexto de incremento notable del costo de vida, lejos están de dar pruebas de interés por mejorar en salud y educación concediendo incrementos salariales que por lo menos recompongan el poder adquisitivo de los trabajadores de la salud y de la educación. Salen con que no solo hay que negociar salarios sino también acordar políticas que mejoren el servicio y sometan a evaluación y de fácil aceptación por parte de muchos porque “da a ponerse a hacer las cosas bien” y porque prima cierta estigmatización referida a la naturaleza del empleo público. No es que esté precisamente mal, pero es tribunera a la vez que antipática semejante expresión, pareciera cargar contra los empleados públicos.
Ha quedado en evidencia en la negociación docente, una paritaria testigo, que marca una pauta y que abarca a un numeroso conjunto de trabajadores (alrededor de 300.000 son los docentes bonaerenses), en que la gobernación lejos estuvo de hacer una oferta que se acerque a lo reclamado por los gremios, que suponga recomponer el poder adquisitivo erosionado por el curso de la inflación, en especial por el incremento del costo de vida que supusieron estos últimos meses. La oferta en torno a un 23 % en tres tramos lejos está de ser satisfactoria. Estamos a dos semanas del inicio del ciclo lectivo y así las cosas dudo que se inicien las clases con normalidad.
Ya tienen su pretendido endeudamiento. Veremos qué empleo le dan. Veremos si acaso logran su pretendida revolución en infraestructura. Los ciudadanos debieran posar sus miradas en si acaso ese cuantioso endeudamiento redunda al cabo de unos años y en el curso de los años venideros en una mejora palpable en la infraestructura de las escuelas públicas, de los establecimientos de salud, en una cabal solución frente a las inundaciones que se suscitan a menudo en la provincia, llevando servicios, pavimentando y la lista podría seguir. Creo no equivocarme si digo que aunque pueda quedar lejos una cabal revolución en infraestructura muy probablemente esta gestión pueda jactarse de alguna de estas cosas en la medida que verdaderamente involucre los recursos en ello.
Ese endeudamiento que justificaron no solo refiriéndose a una estrechez de las finanzas provinciales y a que no era concebible incrementar la ya alta presión fiscal sino también a que “no puede una generación pagar por obras que beneficiarán a muchas generaciones” no puede sino involucrarse al cometido de la revolución en infraestructura, que en la medida que sea real puede merecer aprobación. No sea cosa que el endeudamiento venga sencillamente a aliviar la caja del gobierno de Vidal, no redundando en obras de la magnitud prometida, favoreciendo su pretensión de aliviar la presión fiscal a los contribuyentes y “pateando” el peso del endeudamiento a futuras administraciones. Desde ya la valoración de mantener quietesita la presión fiscal -cuando no reducirla- merece criticas de por sí y más en un marco en que el Estado nacional reduce la presión impositiva sobre los sectores más privilegiados o de mayor poder adquisitivo y en especial a sectores concentrados de la economía.
Fue mencionado y será mencionado una vez más: en su asignación presupuestaria premian a la ya reforzada cartera de seguridad, se ven rezagadas las carteras de salud, de educación, esa jerarquía dan a la hora de mostrar sus prioridades, no evidencian pautas salariales y ya vemos a dónde encaminan su gestión del empleo provincial y su negociación salarial.
Se retraen en su pretensión de recaudar, eligen financiamiento via endeudamiento y así disponen sus ingresos.
Como también se ha señalado en otra oportunidad y bien queda retratado por algunas de las noticias reflejadas en el sitio, la cuestión no se limita a una negociación que se encamina a negociar salarios a la baja por la falta de ofertas o lo distantes de recomponer el poder adquisitivo, sino que también se gestaron despidos o si se prefiere cesantías, y muchos contratos fueron prorrogados por el reducido lapso de tres meses y estando sujetos a revisión.
A causa de la enorme distancia entre los reclamos gremiales y las insuficientes y a veces inexistentes ofertas salariales de parte gobernación, sumado al escenario de despidos habidos y por haber, es que desde los gremios estatales nucleados en la llamada CTA Autónoma convoca a una jornada de lucha para este miércoles.17.

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