Milagro, la primera presa del odio

El hecho es sabido: detienen a Milagro Sala imputada por tumulto e instigación a cometer delitos y acusada de desviar fondos públicos asignados para la obra de su organización.
A poco de asumido Gerardo Morales a la gobernación jujeña, la organización Tupac Amarú liderada por Milagro Sala decide acampar en la plaza que se halla frente a la gobernación. El gobierno le quita la personería jurídica a la organización e inicia una reestructuración de la política de cooperativas perseverando en la férrea idea de no darle nada a Milagro Sala, de “no dejarse extorsionar por la organización”, y anunciando una política de cooperativas sin mediaciones como las de la Tupac.
Imputada y detenida Milagro, el acampe perseveró. Milagro anunció huelga de hambre. La gobernación gestiona el desalojo de las calles e insta al menos discursivamente por un pronto desalojo y sin recurrir a “armas letales”.
La detención de Milagro Sala evidencia la pretensión gubernamental de criminalizar a las organizaciones populares y la protesta social. Pretenden desmontar las vinculaciones que muchas de las organizaciones sociales entablaron con el gobierno central y aplacar la organización y movilización popular. El nuevo gobierno ve quizás en los programas de ingreso social con trabajo un flanco de ataques, un terreno de ajuste para engrosar el número de desempleados, reducir el Estado y debilitar parte de la organización popular. Claro que semejante embestida no puede no encontrar resistencias.
El hecho también viene a evidenciar la connivencia política – mediática – jurídica que con mayor fuerza emerge en los tiempos que corren.
La cobertura y las opiniones mediáticas que desató el hecho apuntan a seguir minando de difamaciones, enjuiciamientos y procesos de judicialización al kirchnerismo. Corroer la imagen social del kirchnerismo tanto como puedan es un cometido en que perseveran aún llegados al gobierno y con la facilidad de actuar de facto.
En verdad no nos consta ni la portación de armas que han denunciado, ni la denuncia de “choreo” de fondos públicos asignados a la obra de la organización, ni conocemos con certeza de la gestión de los dineros públicos girados a la organización. Nuevamente nos vemos frente a hechos de una naturaleza tal que no está a nuestro alcance poder constatar por nosotros mismos, esa clase de hechos a las que tanto han apelado y a la que siendo hoy gobierno siguen empleando con primacía.
Cabe la posibilidad pero atinemos a descreer. Valga no ser ingenuos. Desde ya la apuesta a las organizaciones sociales tiene sus aristas criticables. La corrupción y las prácticas más desdeñables de la política fácilmente pueden darse con organizaciones sociales mediando. Pero tranquilamente podemos estar asistiendo a una operación mediática, política. Es muy probable que estamos frente a eso.
Jujuy queda lejos y debemos conformarnos con atenernos a lo que reflejan y han reflejado los medios.
A muchos les sienta bien “comprar” el relato mediático imperante, que no es nuevo y descansa en nociones comunes de un colectivo amplio que cómodamente atina a estigmatizar a los perceptores de las políticas sociales como vagos que viven del Estado, a decir “estos son unos parásitos que a fuerza de movilización le arrancan dinero al Estado”, a la vez que hablan de clientelismo y de las corruptas prácticas que supone la mediación de “punteros” entre “Estado y beneficiarios” y cobra fuerza la noción de que siempre hay algo turbio detrás. Les basta con hacer mella en esas nociones e introducir difamaciones concretas.
La figura de Milagro Sala resulta paradigmática: mujer, de origen humilde y rasgos indígenas, lidera una organización social jujeña de notable envergadura y de predominancia femenina. Su organización excede el carácter de mera organización y conoce de representación política en la legislatura provincial y en concejos deliberantes. En las pasadas elecciones, Milagro Sala fue electa diputada del Parlasur.
A juzgar por informes mediáticos –aunque no los de mayor repercusión- la obra de la Tupac Amarú ha sido notable. La Tupac es una organización que valiéndose de transferencias dinerarias del Estado nacional, sumó “compañeros” en el marco de las políticas de cooperativas de trabajo a la tarea de realizar obras para la propia comunidad en lo referido a la vivienda, la salud, la educación, la recreación a la vez que se percibe un ingreso. Sin lugar a dudas se trata de una labor dignificante.
Evidentemente que el kirchnerismo no ha sido el sumum de la institucionalidad y la democracia liberal – aunque quizás comparativamente haya estado bastante bien -. Queda de manifiesto en la decisión de transferir recursos a organizaciones populares como la Tupac con cierta discrecionalidad. Valga no ser defensores a ultranza de la democracia liberal pero teniendo pretensiones de mejores formas sin pretender excluir de la escena política a las organizaciones sociales.
Mucho puede hablarse de las formas de proceder de las organizaciones populares pero que esos aspectos no nos hagan perder de vista lo fundamental: la dignificadora obra de organizaciones como la Tupac.
Por cierto, se habrán llenado la boca hablando de respeto a las instituciones pero el hoy siendo gobierno, “Cambiemos” prescinde de avales parlamentarios recurriendo a múltiples a DNUs y desconoce de la legitimidad de ciertas disposiciones, y lejos está de ser expresión de respeto a las instituciones.

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