Ver más allá del arbolito que nos plantan delante
Que suceden infinidad de cosas en nuestro país, nadie dudaría. Y eso que estamos en épocas en las que resulta un deber dudar de todo lo que vemos, escuchamos y leemos, especialmente desde los medios hegemónicos.
Se hace difícil lograr avocarse a lo verdaderamente importante cuando las noticias llueven variadas, algunas diseñadas específicamente para llamar nuestra atención sobre ellas, para que dejemos de atender otras que de seguro son más trascendentes. Es una vieja táctica disuasoria, utilizada desde épocas pretéritas para desviar la atención del pueblo y obrar a la sombra de ignorancia buscada.
Para poner algún ejemplo de esto, podemos citar las declaraciones de hace un par de días de Alfonso Prat Gay, Ministro de Economía del gobierno de Cambiemos: “No vamos a dejar la grasa militante, vamos a contratar gente idónea y eliminar ñoquis”. Estos dichos, impregnados de una violencia simbólica que no debemos soslayar, lograron que hablemos más de “la grasa militante” que del hecho que trasciende esas palabras: siguen despidiendo gente y persiguiéndolas por cuestiones ideológicas, siguen achicando el Estado.
Más allá de obvia estigmatización al llamar “ñoquis” a determinados empleados, lo que se hace es el ajuste anunciado: menos trabajadores y, también, menos políticas públicas. Porque esos empleados que estaban abocados a la realización de determinados programas estatales que levantaron, han quedado sin tareas puntuales a desarrollar, y por eso los llaman ñoquis. Pero ese es un vil subterfugio para no decir la verdad: eliminan programas importantes y echan a los laburantes que tenían como tarea llevarlos a cabo. Doble achicamiento.
Es por eso que no debemos quedarnos discutiendo sobre ese escupitajo de odio clasista que lanzó Prat Gay al hablar de la “grasa militante”, debemos focalizarnos en lo verdaderamente importante: el ajuste violento, la persecución ideológica, la eliminación de políticas públicas.
Otro ejemplo de intentos por desvirtuar nuestra atención a otras cosas fue el anuncio de Bonelli sobre el supuesto “descubrimiento” de Melconian en el Banco Provincia de un “boliche” que habría erigido allí Amado Boudou. No tenemos pruebas de ello, ni siquiera una fotito con algún smartphone. Debemos creer en la palabra de Melconian, empresa dificultosa.
Pero, ¿qué pasa mientras debatimos sobre los potenciales hallazgos de Melconian? Echan a trabajadores de ARSAT y les revisan sus cuentas en redes sociales a ver si posteaban cosas afines al kirchnerismo. Y todavía no sabemos si vendieron ARSAT 1 y 2 a Francia, sí estamos seguros que suspendieron los trabajos para el ARSAT 3. ¿Qué más pasa? Aerolíneas le suelta la mano a la empresa SOL, y centenares de empleados quedan en la calle. Muchas empresas (Si el Estado lo hace, ¿por qué no el sector privado?) están dejando sin empleo a centenares de personas, como es el caso de Cerámicas San Lorenzo, en Azul, o de Havanna, en Mar del Plata. Así también se vacía el Grupo 23, echando periodistas, con sueldos adeudados, sin indemnizaciones, pero con una impunidad que da nauseas.
Tampoco hablamos de la pésima temporada en la costa, la peor en más de diez años, y cómo eso incidirá en esas ciudades turísticas en el resto del año. Y no es que no haya que prestar atención al patoterismo ricachón de Prat Gay, o que no haya que señalar las nuevas operetas de los Bonelli de siempre, es que hay que ver más allá del arbolito que nos plantan delante: mientras nos dan de comer la información amañada que ellos gustan, están desmantelando el Estado, están persiguiendo gente por ideología, están devaluando a gusto y placer de los sectores concentrados económicos, están reprimiendo a quienes reclaman, están silenciando voces en los medios, entre muchas cosas horribles que están pasando, mientras, por ejemplo, llaman nuestra atención lanzando billetes con lindos animalitos, para que discutamos cuánto ensanchaba la grieta un Evita de $100, pero cuanto la va a achicar un yaguareté de $500. Lejos quedó la idea de colocar a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en un billete, a Juana Azurduy o a René Favaloro. “Aspiramos a que nuestra nueva familia de billetes sea una celebración de la vida”, dijo Sturzenegger. Claro, todo siempre con mucha alegría revolucionaria, pero sin memoria ni historia.

Viva la revolución de la alegría.