Sobre fugas, política y oportunismos

No es esta clase de hechos la que mejor a uno le sienta tratar. Me refiero a los hechos “policiales” de implicancias políticas y de tratamientos mediáticos conspirativos, con aires de operación o de montaje. Acontecimientos como el caso Nisman, por ejemplo, o como este último ocurrido y al que voy a referirme: la fuga del penal de General Alvear de los tres condenados por el caso del triple crimen vinculado al tráfico de efedrina, Schillaci y los hermanos Lanatta.
Se trata de hechos puntuales que no nos son accesibles de constatar desde nuestra experiencia personal y con los que -a diferencia de otros hechos- quedamos casi exclusivamente abandonados al reflejo que de los mismos hagan los medios. Debería reinar el “no nos consta personalmente”. Por cierto, fue valiéndose de acontecimientos de esta naturaleza que los medios hegemónicos apuntaron para minar de difamaciones al “kirchnerismo”.
Se trata de hechos que se implantan mediáticamente al punto de colmar las pantallas televisivas por días y tenernos en vilo. Se nos presenta una secuencia de hechos difícil de seguir, se nos abruma de información y en definitiva todo arroja poca claridad.
Del hecho ya han transcurrido 10 días.
El tratamiento mediático imperante viene a vulnerar la inteligencia del televidente. Desde un supuesto periodismo riguroso, sólo llevan aguas para un molino: aquel que postra a la gobernadora como una víctima de instituciones corrompidas, instalando la idea de que se trata de una reacción de un entramado mafioso frente a una supuesta vocación de parte del gobierno entrante de depurar instituciones podridas conniventes con el delito organizado. A la vez se pretende imperiosamente situar al narcotráfico como problemática al acecho que merece urgente intervención reforzando las fuerzas, financiamientos y facultades policiales, y sembrar de manera burda la idea de que en estos hechos están implicados miembros del oficialismo saliente y hoy opositor “kirchnerismo”. Es burda la narrativa más propiamente policial de los hechos.
Hoy, más que en “tiempos del kirchnerismo”, la voz de los medios dominantes penetra en la opinión pública. No encuentran contrapartida en un mapa mediático en que ya han perdido peso las voces ávidas de contrariarlos o desenmascararlos.
Es ingenuo creer que pueden haberse fugado burlando al personal de una cárcel de alta seguridad. Todo indicaría que los dejaron ir y ello debió ser posiblemente dinero mediante. Las preguntas son quién corrompió y con qué cometido.
Surgen distintas acusaciones y distintos relatos. Como se ha dicho impera el relato mediático hegemónico. No es sencillo sobreponerse a este relato. Este es un intento de hacerlo.
Curiosamente los fugados son los sicarios implicados en una causa en la que se ha asociado al ex candidato a gobernador Aníbal Fernández, quien quizás al calor de esta difamación mediática -de repentina aparición en tiempos electorales- vio sucumbir lo que se avizoraba como su triunfo electoral en manos de la hoy gobernadora María Eugenia Vidal. Por cierto, se trata de una causa en la que involucran a Aníbal Fernández valiéndose de la sola declaración de uno de estos criminales fugados y que tuvo su aparición en “Periodismo para Todos”, siendo algo endeble y armado, una operación mediática, muy relevante dentro de las tantas que acostumbró el programa de domingos por la noche con el fin de calar en la opinión pública con difamaciones de todo tipo dirigidas al “Gobierno K y sus funcionarios, allegados y militantes”.
Curiosamente el hecho se da a poco de iniciada la gestión Vidal y con posterioridad a anunciar su pretensión de declarar emergencia en seguridad mencionando al narcotráfico como principal flagelo, y cuando también desde “las usinas mediáticas amigas” se pugna por una contundente instalación del narcotráfico como problemática a combatir y que justifica su tan mentado refuerzo del aparato represivo. Quizás estos hechos, que me hacen pensar más en un montaje que en otra cosa, vengan a reportar legitimidad desde la opinión pública y darle letra a los cometidos de Vidal en cuanto a la declaración de Emergencias en Seguridad y en el Sistema Penitenciario y a los cometidos del propio gobierno nacional.
Apuntan contra la gestión provincial saliente, ocultando su pretensión de continuismo y profundización de su política en el área Seguridad que de hecho elogiaron. El continuismo queda manifiesto en los designados que o han sido parte de altos cargos durante la gestión anterior o guardan estrechos vínculos con miembros de la gestión Scioli.
Me pregunto por esta declaración de Emergencia en el Sistema Penitenciario y de Emergencia en Seguridad. Me cuesta pensar en una decisión volcada al cumplimiento de los derechos humanos al interior de las instituciones penitenciarias y de un rol de resocialización. Más bien imagino un camino inverso. Cuesta pensar también en una decisión orientada a una depuración de la institución policial para combatir sus connivencias con el delito organizado más allá de expresiones de remover cúpulas (por cierto, una iniciativa ya practicada en gobiernos anteriores) y en reformas que verdaderamente pongan a las fuerzas policiales combatiendo el delito organizado en sus altos rangos ante todo.
Más bien veo al narcotráfico expuesto como pretexto para reforzar las fuerzas represivas del Estado y no exactamente para velar por los derechos de los ciudadanos y combatir el delito organizado. Acaso si para mostrarnos su cara más desdeñable. Ojalá esté equivocado. Espero estar profundamente equivocado si presagio el interés de suscitar intervenciones norteamericanas en nuestras fronteras con el pretexto de combatir el narcotráfico.

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