Macri: el miedo era saber lo que haría

macriiComo conocemos a Macri, nada nos sorprende en verdad. Lo sabemos capaz de arremetidas violentas contra las instituciones, capaz de reprimir trabajadores sin detenerse siquiera a pensarlo. Lo sabemos capaz de destruir nuestros salarios, de devaluar nuestra moneda, de avergonzar a nuestro país en cumbres latinoamericanas. Lo sabemos capaz de acomodar la justicia a su conveniencia, claro, si ya lo ha hecho.

Lo sabemos capaz de todo eso, pero cuando va y lo hace, aunque no nos sorprendemos, no podemos evitar la bronca, la desazón, la indignación. Porque va más allá de saber que podía hacerlo, que quería hacerlo y de que iba a hacerlo. El problema es que lo hizo, y en días.
Mediante Decretos de Necesidad y Urgencia destruyó muchas de las conquistas logradas en más de una década de esfuerzos, acuerdos y trabajo.
¿Por qué? Porque a eso venía. Para eso quería llegar a la presidencia de la Nación. Para eso querían que llegue. ¿Quiénes? Bueno, los grupos concentrados económicos, como los hacendados del campo. Empresarios especuladores que acumularon la soja esperando que el dólar se dispare para vender mejor y hacer fluir millonadas hacia sus bolsillos y hacia el exterior. También los grupos concentrados mediáticos, como el Grupo Clarín, que no sólo se beneficia con la caída del peso, sino con la intervención del Afsca, por ejemplo. Así la Ley de Medios Audiovisuales peligra como una pluma en una sudestada. Ni hablar de la causa de Papel Prensa.
Porque ellos mintieron durante mucho tiempo, agazapados, esperando este cambio que nos abruma, nos quita la respiración, nos empobrece la democracia. Porque mintieron cuando dijeron que TN podía desaparecer. Porque nunca peligró, porque ahora desaparecieron ellos a 678 de la TV Pública, desaparecieron al Centro Cultural Néstor Kirchner, que cierra sus puertas el sábado. Desaparecerán la industria nacional, porque abren las importaciones y no será rentable la fabricación local con semejante competencia desleal.
Este martes, como regalito navideño, intervinieron, como decíamos más arriba, el Afsca y Aftic. Y nos amordazaron a todos y todas. Porque ya no habrá muchas voces, porque ellos no las quieren. Porque no se sienten cómodos con la pluralidad de opiniones, con la crítica, con la disidencia.
Ellos, en su rol opositor, pudieron decir cualquier cosa. Literalmente cualquier cosa por televisión, radio, diarios, redes sociales, portales de noticias y demás. Pero no permitirán que ahora, los nuevos opositores, cuenten con todos esos canales de expresión. Porque la democratización de la palabra les da urticaria, los desespera y accionan los resortes que conoce la derecha: eliminar la disidencia o, por lo menos, silenciarla todo lo que puedan. Reducirla, ocultarla.
Estamos viviendo días nefastos. El macrismo está pisando fuerte ahora, aprieta hasta casi cerrar del todo el nudo, porque es el momento que creen propicio, porque acaban de ganar y gozan, se supone, de la mayoría del apoyo popular. Pero las mayorías después del 22 de noviembre son muy finitas, apenas unos 600,000 y pico de votos. Y la minoría está muy activa. No somos pasivos, no nos queda cómodo el silencio, no somos militantes de sillón y control remoto, no estamos esperando al domingo para que Lanata nos diga de quién debemos hablar mal esta semana.
Somos un pueblo empoderado, un pueblo que aprendió a informarse, a dudar de todo. Un pueblo que aprendió a aprender. Y hay cosas que no se olvidan: se ejercitan.
Aunque Macri está de vacaciones (sí, ya se fue…) esto no va a parar. No nos van a dejar tiempo para acomodar los nuevos golpes, porque todos los días llueven piñas en la Revolución de la Alegría. Hoy querés asimilar la represión brutal a trabajadores de Cresta Roja pero no podés porque intervienen el Afsca con otro decretazo. Te vas a acostar temiendo la noticia que te va a despertar mañana. Porque el miedo existía, pero no era una campaña de desprestigio, era saber exactamente qué querían hacer y cómo y quiénes lo harían.

6 comentarios