Cambiamos

arroyoTenía muchas cosas pensadas, cocinadas despacito en el caldo de los pensamientos que se han ido sucediendo desde el domingo a la noche. Había imaginado varios comienzos para esta nota, pero después leí por ahí que el Intendente electo del Partido de General Pueyrredon, Carlos Fernando Arroyo, piensa ceder los nuevos Polideportivos barriales a clubes. Y en este anuncio privatizador se refleja el futuro inmediato del que hablábamos quienes no lo votamos.
Los polideportivos son, a mi entender, uno de los mejores logros de la gestión de Pulti.

Más allá de la realización de obras esperadas y necesitadas por largo tiempo, como la Ferroautomotora o el Emisario Submarino, el valor de estos espacios para el deporte, la cultura y la sociabilidad, representan un salto cualitativo muy importante en el largo camino de la inclusión. Y son (serán, hasta que asuma Arroyo) gratuitos y públicos. Al manifestar su idea de cederlos a clubes, el futuro intendente pone en manifiesto varias cosas: el estado abdica su rol de contenedor social en esos barrios donde miles de marplatenses se vieron beneficiados y cede esos espacios a clubes que, para administrarlos, deberán arancelar las actividades que allí se desarrollan. Porque administrar no es lo mismo que gestionar.
Quizá Arroyo y su equipo en conformación no sepa qué hacer con esos espacios inclusivos que están estratégicamente ubicados en barrios periféricos de la ciudad. Quizá lo tenía pensado desde antes, pero es imposible saberlo puesto que su plan era “secreto” para que no se lo roben. Quizá mucha de la gente que lo votó actualmente concurre a los polideportivos y los disfruta y los apropia y los convierte en derecho, que era la idea original, y él crea que así legitima su accionar.
También anunció la creación de una especie de super ente donde deportes, turismo y cultura perderán su actual nivel de entes descentralizados, los dos primeros, y de secretaría, la última. Subsumirlos en un solo espacio administrativo es deteriorar de manera sustancial las capacidades operativas que poseen en la actualidad. Centralizar, concentrar, achicar, no es necesariamente sumergirse de cabeza en la austeridad anunciada, sino darse de frente con el muro del ajuste. Ajustar en cultura y deporte, excluye. Y ajustar en turismo en una ciudad turística, es miope.
De la misma manera que anunciar que miles de empleados municipales pueden perder sus puestos. Esto, además de rozar la persecución laboral, y aunque esté bien visto por muchas personas, es dejar sin trabajo a centenares de familias marplatenses, y eso nunca puede ser bueno. Es otra forma de ajustar, sin decirlo con las palabras que corresponden. Porque hay otras formas de achicar la planta de empleados estatales: la variable vegetativa (renuncias, fallecimientos, jubilaciones) la haría decrecer, si no se nombra gente nueva. No hace falta andar asustando a los trabajadores con que pueden perder sus fuentes de ingreso.
Pero eso nos ha dejado en primera instancia el triunfo de Arroyo. Un gabinete que se va armando a los manotazos, llamando a ajenos porque no hay propios. La difusión del miedo y desvalorizar áreas que han crecido en pos del beneficio de los sectores más postergados de la sociedad, como variable de ajuste.
“En nombre de Dios, vamos a destruirlos”, dijo Arroyo en campaña. Parece que su dios propagador de un odio visceral, le ha recomendado destruir algunos de los logros más importantes de la gestión saliente, logros que sumaron, que mejoraron la calidad de vida de nuestra comunidad, como la Orquesta Infanto Juvenil, los cientos de talleres culturales barriales, el acceso público y gratuito a los nuevos polideportivos, que verán afectada su continuidad al desaparecer la Secretaria de Cultura y el Ente Municipal de Deportes.
Pero, ya que le gusta infundir temor, también da pánico pensar qué hará con la Policía Local, ya que en sus manos, esta herramienta preventiva, formada con fuerte impronta de Derechos Humanos, va a desvirtuarse. Y de eso aun no dijo casi nada. Quizá todavía no sepa muy bien qué hacer, quizá lo que tenía en mente en campaña no se podía decir y era otro “secreto”, pero esta policía, que puede ser una herramienta represiva, como todo cuerpo policial, en manos de alguien que ha dicho a sus alumnos que a los chorros hay que meterles un balazo en la nuca, seguramente sufrirá severos cambios y estará a disposición de otros intereses.
Que el miedo venga de la mano de la acción, si así sucede.