Esta boca es mía

enm mdp catedralNo soy exactamente una militante feminista. Creo que la lucha de quienes combaten desde el feminismo es profunda, cruda y sobrepasa lo que yo he hecho y lo que hago. Sí milito ideas, muchas de ellas se referencian y espejan en el feminismo. Tampoco soy periodista, no tengo los estudios ni la formación que proveen de las herramientas necesarias para relatar ciertos hechos o experiencias. Hago lo que puedo con lo que sé y con lo que creo. A veces también hago lo que me conviene, no será éste el caso.

Es desde ahí desde donde quiero contar algunas de las cosas que viví durante los días en los que se desarrolló el 30 Encuentro Nacional de Mujeres. A los otros 29 no fui, esta fue la primera vez que participé, supongo que lo hice porque se realizó en mi ciudad, Mar del Plata.
Me cuesta mucho salir de mi ombligo, a veces veo hasta la punta de mi nariz. Pero necesito hacer el esfuerzo intelectual de, sin dejar de sentir y pensar lo que siento y pienso, dar honesto testimonio de lo que vi, escuché, hice y me hicieron. Y necesito hacerlo porque, batracio más, batracio menos, esta boca sigue siendo mía.
Más de 60000 mujeres (no conozco el número exacto) nos reunimos en una ciudad para decirle basta al machismo que mata, al patriarcado que cría hijos que asesinan mujeres por ser mujeres. Para ponerle freno a la violencia permanente que se ejerce contra nosotras, para gritar fuerte contra los femicidios que se van convirtiendo en la noticia frecuente que a muchas y muchos nos duele siempre porque nos lastima una y otra vez con el mismo cuchillo afilado de la impunidad, pero que otros ya leen con la misma indiferencia con que se informan del clima.
Nos reunimos con las ganas del debate, de la construcción solidaria y colectiva, que sabemos que es la única que perdura y nos contiene. Nos encontramos a discutir y aprender con la pasión que llevamos dentro y sacamos fuera quienes asumimos la responsabilidad de nunca mirar hacia el costado.
Pero no puedo no hablar del dolor y la bronca que sentí y siento al haber visto como entre nosotras mismas nos violentamos: a veces la condición, llamémosle, de kirchnerista de alguna compañera fue más importante que su condición de mujer, y se nos negó la palabra y se nos maltrató. Y si nos hubiéramos podido sentar a charlar un toque, seguramente hubiéramos coincidido en la gran mayoría de las cosas, apoyándonos unas a otras, desde el lugar que cada una elije ocupar. Posiblemente fueron hechos aislados, muchas otras militantes del proyecto nacional pudieron debatir sin problemas, pero como ejemplos sirven para reflexionar. Porque si a una sola de las 60 mil mujeres se quedó sin poder decir lo que quería, algo falló.
Lo que sucedió después de la marcha, en la Catedral, sirvió para que de semejante Encuentro histórico, sólo trascendiera en la mayoría de los medios las agresiones y los destrozos. Ahí también perdimos. A mi no me representan las mujeres que violentaron a quienes rezaban en esa iglesia. A mi no me representan las mujeres que manosearon las entrepiernas de algunos de los hombres que, me guste o no, protegían su culto y su templo. Nosotras estábamos ahí porque creemos en determinadas cosas, ellos también. Ni siquiera resisto pensar en que la violencia que queremos erradicar surja desde nosotras. Con botellazos, golpes, escupidas y tirando basura no vamos a rescatar a ninguna secuestrada por las redes de trata, ni vamos a evitar que nos vuelvan a matar. Aunque el enojo a veces nos desborde, sigo sosteniendo que esa no es la manera.
Durante estos días ocurrieron varios femicidios, y en vez de focalizar ahí, en lo verdaderamente importante, estamos hablando de pintadas y desmanes. Por escribir con aerosol “Muerte al macho”, no aparece Marita Verón.
Me parece que un grupo, un pequeño grupo, confundió el sentido de la lucha. Ahora tenemos que padecer a los opinólogos de sillón diciendo que las mujeres vinieron a romper la ciudad. Si las 60 mil hubiéramos intentado empresa semejante, no hubiera quedado piedra sobre piedra, porque somos mujeres. Es casi como decir que los musulmanes son todos terroristas: si así fuera, con tantos millones de ellos, ya el mundo hubiera volado despedazado por mil partes. Generalizar es siempre una muy buena forma de equivocarse. Y hablar sin saber es siempre una muy buena forma de quedar como un idiota.
El Encuentro es mucho mas que eso, debe serlo. Y lo digo con humildad y reitero que fue la primera vez que formé parte de algo así. Vi en estos días una fuerza descomunal de infinidad de compañeras que trabajan y se esfuerzan por hacer de nuestra sociedad un nido más justo e igualitario desde donde podamos crecer y volar con las alas que nosotras mismas nos hemos sabido forjar. Y digo compañeras sin referencia explícita partidaria, porque creo que quienes piensan y luchan por las mismas ideas que me mueven, son mis compañeros y compañeras, militen donde militen.
No quiero incendiar la Catedral, quiero que el Estado deje de subsidiar a la Iglesia Católica. Quiero que el que quiera un cura, se lo pague con su plata, no con la mía. No quiero pegarle un botellazo a Pampillón y darle gratis el guión que él quiere para construir su peliculita fascista. Quiero que los provocadores como él sean quienes queden en falsa escuadra, quiero que podamos ver con claridad que buscan desestabilizar, que nos quieren dividir, que destilan odio y violencia hasta cuando rezan el padre nuestro. No quiero dejarles servida en bandeja de plata ninguna excusa. Quiero que el amor venza siempre.
Y no quiero que nos repriman. Nunca. No quiero ver policías mezclados con neonazis. No quiero ir a reclamar por mis derechos y terminar respirando gas pimienta. No quiero regalarle a la bonaerense, esa máquina afilada de opresión, la oportunidad de hacer lo que mejor sabe.
Imagino que estas líneas sólo me sirven a mí, como una catarsis egoísta y autorreferencial, como todas las catarsis. Supongo, casi aseguro, que muchos no estarán de acuerdo con mis pareceres aquí expuestos. Pero estuve ahí y eso es lo que viví.
Porque no puedo dejar de ser quien soy, porque siempre hablo desde un solo lugar, que es ni más ni menos que el compendio ecléctico de todo lo que creo y lo que hago con eso y con lo que hicieron de mí.
Porque a los Pampillón se los combate hasta en sueños. Y nuestros sueños son inmensos, campos amplios donde sabemos disputar las batallas que consideramos justas. Pero se los combate sin mimetizarnos con esos tipos, sin generar la violencia que sólo debe identificarlos a ellos.
Porque no me muevo ni un milímetro de mis ideas, porque sin ellas quedo indefensa y vacía. Porque fuimos y somos miles las que seguimos diciendo Ni una menos. Fuimos y somos miles las que nos paramos codo a codo para exigir a quien sea, cuando sea, lo que corresponde. Porque no hay que esquivar las difíciles, sino hacerles frente, con los pies bien enraizados en la baldosa de nuestras convicciones. Porque tenemos que defender lo que parece simple pero tanto cuesta: todas las voces, sin partidismos, gritando fuerte por todas aquellas mujeres silenciadas, aplastadas por la bota pesada del odio, la ignorancia y el machismo. Tres palabras que bien podrían ser sinónimos.
Porque las mujeres que coparon Mar del Plata vinieron a eso, a gritar bien fuerte. Porque lo importante sigue siendo que no nos maten más, que no mueran más pibas por abortos clandestinos, que no nos desaparezcan y nos prostituyan. Porque defiendo lo que se hizo y quiero seguir luchando por lo que falta, porque nunca voy a hacer nada que no sea desde el amor, y no puedo ni quiero dejar de ser como soy para cobijarme en la comodidad de no opinar, porque, como dice la canción, “creo que educar es combatir y el silencio no es mi idioma”.

2 comentarios

  • Muy buenas tus palabras y me parece excelente, aunque tus ideales no son los mismos que los míos, que luches por ellos civilizadamente, como mujer. Con la violencia sólo se genera violencia. Saludos!

  • Muy lindo todo, marchaste por la puerta de la posada como candidata del intendente que hizo todo lo posible para evitar la clausura de ese prostíbulo y de otros. Como candidata del tipo que defiende el rubro 69 del diario la Capital, que construyó una ciudad más excluyente e inequitativa, y que pretende eternizarse con un 3er mandato en la intendencia. Vas también en la misma lista que el Gobernador que decidió reprimir un encuentro nacional de Mujeres.

    Si no queres que las repriman nunca mas no apoyes más a quienes las reprimen (Scioli), deja de militar a su favor, de camuflarlo. Si no queres que las sigan matando bajate de la boleta de Pulti que dio Cátedra de machismo en sus declaraciones sobre el Encuentro de Mujeres. Se coherente, y sino deja de vendernos humo porque hacerle un lavado de imagen al facho de Pulti no es «seguir luchando, ni seguir haciendo.