Otro femicidio más: asesinaron a la tolerancia

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El domingo pasado estuve frente a la Catedral de Mar del Plata en el preciso momento en el que  la Policía comenzó a tirar gases lacrimógenos y a disparar balas de gomas contra una pequeña fracción de mujeres que participó de la marcha por el  30º Encuentro Nacional de Mujeres. Y no vi lo mismo que todos dicen haber visto.

Llegué al lugar bien temprano, y pude oír claramente el rezo de unos fanáticos que se juntaron en las escalinatas de la Catedral para “proteger” el templo de posibles “atentados”.
Después de un rato, cuando comenzaba a llenarse la Peatonal San Martín, la violencia con la que algunas mujeres actuaban me impresionó. Se treparon a las rejas que separan a la Catedral de la calle con claras intenciones de tumbarlas, sin importarles el daño que podrían ocasionar a la gente que estaba del otro lado. Podría pensarse que estos tipos rezando el Ave María a viva voz y con la mirada perdida en el cielo como implorando perdón a Dios, estaban provocando, pero esto fue más allá…

Desde la Peatonal tiraban de todo: basura, aerosoles vacíos, piedras, parecía que el único fin de las manifestantes era lastimar a quienes pacíficamente defendían sus ideas, sus sentimientos, sus convicciones. Estos tipos estaban rezando ridículamente con una parsimonia envidiable.

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Cuando lograron tirar la primera reja, (el video que circula muestra claramente que desde adentro intentaban sostenerla y no tirarla) un grupo de policías se acercó a la Catedral y armó una especie de cordón protector, el que inmediatamente fue atravesado por algunas mujeres, poniéndose a la par de los católicos. Desde ahí continuaban los cánticos en contra de la Iglesia, sus eclesiásticos, sus fieles, sus creencias, su fe. A los pocos minutos cayó la segunda reja y la situación empezó a ponerse aún más violenta. Fue el estallido de una botella de vidrio contra la Catedral lo que hizo que los policías que quedaban sobre la calle Mitre actuaran. Varios uniformados se acercaron a reforzar el primer cordón de efectivos y ya no pude ver qué sucedía porque empezaron las corridas, los balazos de goma, el gas lacrimógeno, el miedo que todo lo atravesó…

Desde ningún punto de vista intento justificar el accionar policial, y mucho menos la represión, pero realmente, estando ahí, a escasos metros, pensaba en cómo iba a terminar todo eso, qué debía suceder para que se terminara esa situación, cuál sería el fin de esa creciente violencia contra un par de humanos que tuvo la mala suerte de ser católicos.

Quizás esos tipos no debieron ponerse ahí a rezar, quizás deberían haberse quedado rezando en sus casas, pero decidieron eso. Y ganaron. Estoy convencida de que, estos “ultra” católicos o “ultra” derechistas, ganaron, a pesar de tener en su equipo al controversial Carlos Pampillón. ¿Y sabés quiénes perdimos? Todos.

Digo esto porque me indigné al leer en medios serios a periodistas de renombre o informes de comisiones honrosas expidiéndose erróneamente sobre lo sucedido. ¿Cuáles son sus fuentes? Yo estuve ahí y cuando leo lo que dicen algunos, siento que vimos películas muy distintas.

La violencia sólo genera más violencia. Y el domingo en la Catedral hubo mucha, demasiada, de la que espero no volver a ver nunca más.

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