Arroyo, el candidato del odio

arroyoMAR DEL PLATA – A horas de las PASO había contado en esta columna algunos datos sobre quien se alzó con el triunfo en la interna de Cambiemos: Carlos Arroyo, quien venció a la radical Vilma Baragiola y quien, además, fue el candidato que más votos recibió en la jornada de aquel domingo 9 de agosto.
En esa oportunidad habíamos comentado la agresión del candidato a intendente del macrismo hacia una periodista que osó hacer su trabajo, también hicimos un apretado resumen de la -llamemos con indulgencia- gestión de Arroyo como concejal desde hace seis años: despreciar las propuestas que no acuerdan con sus prioridades y su ideología, su intento de prohibición a las murgas y la participación de estas expresiones culturales en espacios públicos. O cuando quiso darles armas de fuego a placeros y guardavidas.
Así mismo recordamos algunas de sus declaraciones que han adquirido el carácter de célebres por ser controversiales, por tener una carga de racismo notable o por sonar hasta disparatadas. “En dictadura por lo menos hay Estado”, argumentó en su oportunidad Arroyo para oponerse a un reconocimiento a Manu Chao, porque el cantante “tiene determinadas ideas anarquistas”. Ya nada sorprende de quien supo ser candidato de Seineldín, Obeid y Luis Patti.
También decíamos en esas líneas de hace un mes que, por un lado, Arroyo seguramente daría más letra a esta columna y, por el otro, no sería muy amigo de exponerse mediáticamente. Acertamos ambas. Vale decir que era una predicción bastante fácil, de esas de muy probable cumplimiento. No como las de Carrió.
Ahora vamos rascando esa caparazón que había cubierto la figura de Arroyo, esa imagen mítica que había construído él junto a los medios y a un aprovechamiento no muy honesto del desconocimiento popular. De a poco vamos sabiendo qué piensa en verdad, qué opina, qué cree. “Las niñas pueden tener pelo largo, porque las mujeres pueden dedicarle cuatro horas a la cabeza”, dijo. Claro, los varones no tienen tiempo de lavarse el pelo tantas horas, por eso él les recomendaba a sus alumnos que tengan el pelo corto, porque así “se gasta menos shampoo”, además. Nosotras somos las que tenemos todo el tiempo libre y podemos lavar, como Rapunzel, nuestras largas melenas durante horas, cuidarlas en ese ocio que las mujeres poseen, ya que no hacen mucho, o hacemos menos que los hombres, según él. Parece que Capusotto o Saborido guionaran, pero (prepárense para el impacto) no, lo dice Arroyo. Sí, el mismo que afirma que la violencia de género “es un tema menor”. Y claro. Andá a lavarte el pelo, amiga. Vos, que tenés el tiempo que los muchachos trabajadores y sostenedores de este mundo en el que holgazaneás, no tienen.
Y conocemos expresiones de hace apenas unos meses, cosas que Arroyo dijo, cuando hablaba, no como ahora, cuando sus operadores políticos hacen lo imposible por silenciarlo, por ocultarlo de los micrófonos, por evitar que se pronuncie.
Con respeto a la seguridad, expuso que “Si la frontera sigue siendo un colador, por donde entra cualquiera de cualquier país por cualquier cosa, todos de la misma nacionalidad y son expertos en cultivar coca, por ejemplo. Y no quiero nombrar al país por no empezar a hacer distinciones, pero usted se imagina.” Lo cierto es que no es un tema de imaginación, sino de un perverso sentido del desprecio por el otro. Y, aunque entendemos por contexto, no compartimos ni una coma. Dicen que el racismo se cura viajando, pero le pedimos mucho a quien afirmó que cuando sea intendente no va a salir de Mar del Plata, sino que que el Presidente y el Gobernador van a tener que venir a la ciudad a verlo a él.
La verdad es que el piloto azul no alcanza para contener tanto ego, tanto odio y tanta rencor. La verdad es que cuando Arroyo dice que le enseñó a sus alumnos a que aprendan a hacer lo que no les gusta, porque eso los forma, tiemblo. Imagino a pibes entendiendo que la vida es eso, un arrebato de disconformidad permanente, un sinsentido de negación de lo bello, de lo que nos causa alegría. Pienso en que muchos pueden haberle creído, pueden pensar, por imposición suya, que hay que transcurrir los días obrando en contra de nuestros deseos, de nuestra voluntad, de nuestras razones de ser. Y sí, un frío malo me recorre la espalda. El educador famoso enseñó a tener el pelo corto como prioridad, a uniformarse en escuela pública, a creer que las mujeres no hacen nada productivo, a que la violencia contra nosotras no es importante, a que el Matrimonio Igualitario es una pavada, a que las murgas deben prohibirse, a que los bolivianos son ladrones. Y si, me da un poco de miedo imaginar que alguien así nos puede gobernar. Me asusta pensar que sus posturas puedan llegar a ser políticas de un municipio y, sobre todo, aún con ese miedo a cuestas, me resulta imposible quedarme de brazos cruzados viendo cómo todo aquello en lo que yo creo (ideas que están en la vereda de enfrente de este candidato) sufren el embate nefasto del retroceso o, peor, una puñalada incrustada por una mano derecha que, si puede, nos va a fajar de lo lindo.