Por las malas

oposiciónEn la reunión opositora del pasado miércoles, en resumen, le reclaman al kirchnerismo que no gane más. Y se lo piden por las malas, porque las buenas, que sería construir un proyecto alternativo al que gobierna, someterlo a la voluntad popular, y triunfar, no parece estar entre las posibilidades.
Y pedirlo por las malas incluye aullar fraude cada vez que se pierde, incendiar urnas, utilizar el inmenso aparato mediático que los cobija para fomentar manifestaciones y echarle nafta al fuego que lograron trasladar desde las urnas a las calles. O pedir incendiar la Casa de Gobierno, como hizo un asesor de quien perdiera la elección en Tucumán, José Cano.
Porque se paran en un republicanismo que fabrican tan a medida, que se les ajusta tanto, que deja afuera a las mayorías. Esas mayorías que no los eligen, no los acompañan, no los votan. Y ese es el gran problema, la voluntad popular de la que reniegan. Por eso llaman fraude a cualquier derrota, por eso aplican sin piedad el aparato mediático, por eso quieren cambiar todo, para que lo único que cambie, al final, sea el resultado de las elecciones.
Una ya irreconocible Margarita Stolbizer, junto a Mauricio Macri, a Sergio Massa, a José Cano y al silencioso Ernesto Sanz, se unieron (o fueron unidos) por el supremo poder del Círculo Rojo. Ese abrazo de oso que quiere gobernarnos desde los títulos de los diarios, aprieta fuerte y junta cualquier cosa. Los aprieta tanto que los explota y los mezcla. Los revuelve, los confunde, los mimetiza. Y ya Margarita en nada puede diferenciarse de Macri y, junto a Massa, hace lo que les exigen que haga: bancan la parada del PRO. Entregan todo, siguiendo el ejemplo de Sanz, en pos de la candidatura de Mauricio, porque él es el único que tiene alguna chance de llegar a un hipotético ballotage con Daniel Scioli.
El objetivo es uno: ganarle al kirchnerismo. Ellos son uno: Macri. La estrategia también resulta en singular: generar todo el caos posible con cualquier calumnia que se encuentre a mano, atizando la infame llama de la indignación acomodada. La indignación que se activa con cualquier soplido, porque siempre es brasa.
Pero no se detienen en el único dato que sobrevive tanta injuria: la personas eligen. Porque parece no importar que los votos se cuenten y den un mismo resultado, parece que lo único que interesa es lo que se dice que pasó, la fábula que se cuenta, el zócalo de TN que se inventa.
Esa mesa opositora, que flota como globo amarillo después de las elecciones en Tucumán, resume la desesperación que, por un lado, los impulsa a unirse en el espanto, y, por el otro, a decir y hacer cualquier cosa en pos de perseguir el egoísta y esquivo sueño de terminar con el kirchnerismo. Y eso, con la verdad rotunda de las votaciones, les revienta en la cara, también como globo amarillo.
De aquí a las elecciones generales lloverán las operaciones, los grupos hegemónicos se las servirán en bandeja a los opositores, como maná del cielo. Algunas se desbaratarán en minutos y horas, otras aguantarán días, a fuerza de la permanente repetición mediática. No la vamos a pasar bien, seguro. Entonces, que los que sólo buscan destruir lo hecho, entregar lo conquistado, retroceder lo avanzado, no la pasen bien el 25 de octubre.