El voto sagrado
En la ciudad capital de la República Argentina se votó, como en muchos otros distritos del país. Como ya sabemos, Horacio Rodríguez Larreta, -posible heredero político de Mauricio Macri en esa intendencia-, obtuvo la mayoría de los votos aunque no le alcanzó para consagrarse Jefe de Gobierno en la primera vuelta. Deberá competir con Martín Lousteau, ya que Mariano Recalde quedó unos puntos por debajo del candidato de ECO. Los otros postulantes apenas obtuvieron tres y cinco puntos y quedaron muy lejos de esa disputa.
En esta elección se han cruzado partidos políticos, dirigentes y frentes. Algunos candidatos empezaron siendo apañados por ciertos referentes nacionales, durante la campaña evitaron nombrarlos, esos referentes se enojaron y fingieron un afectado despecho en público, pero acompañado de una irreal grandeza al afirmar que igual los votaban a pesar del ninguneo.
Martín Lousteau era el candidato de Elisa Carrió: los recordamos en las PASO de hace poco festejando juntos, la propia Lilita alzando triunfante la mano del ideólogo de la 125 en un acto frente a los militantes de ECO, después de conocer el escrutinio de las Primarias.
Sí, Carrió y su Coalición Cívica están en una alianza con el PRO. El PRO que llevaba a Larreta, pero ella apoyaba a Lousteau. Pero Lousteau no parece apoyarla a ella en las presidenciales, sino a Margarita Stolbizer, que ni siquiera forma parte de ese frente del que también participa la UCR con el pre candidato a presidente Ernesto Sanz. Entonces Carrió se enojó, dijo que ya no era su candidato pero que lo votaba igual. En fin. Si los confundí, sepan disculpar, pero más confunden ellos.
Allí se podría explicar la cercanía ¿ideológica? ¿operativa? de Lousteau con el macrismo y que durante la campaña haya evitado ensañarse en todos los puntos flojos y muy flojos que tiene la gestión del PRO en CABA, como sí hizo Recalde, mostrándose opositor sin tapujos. Pero no era mi intención avanzar en un análisis del entretejido electoral de Capital, sería algo extemporal y carente de sentido.
Prefiero volcar aquí algunos pareceres sobre circunstancias que me llamaron la atención luego de conocer los resultados del domingo. Porque creo que debemos ser profundamente respetuosos de la voluntad popular, aunque no se corresponda con nuestros deseos y posturas. Aunque creamos que votando a determinados candidatos se perjudican, nos perjudican, aunque no vivamos ahí. Porque la posibilidad de votar, la posibilidad de elegir quien nos gobierne es sagrada. Y elijo esa palabra porque la entiendo solemne, definitiva. Y a eso apunto: si entendemos que las cosas no salen como creemos que deben salir, está en nosotros producir los cambios necesarios para que sucedan. Más allá del eco que retumba a moralina de libro de autoayuda, hay que asumir que si no gustamos de que los demás elijan de una manera y así lo manifestamos, no podemos quejarnos cuando a nosotros nos señalan de forma similar. Es decir, yo no voy a un acto por el chori y la Coca. Yo lo sé. Hay personas que me dicen que sí, o que voto al gobierno por eso, o por un pancho, un plan, una Manaos, lo que sea. A mi eso no me gusta, es prejuicioso, dañino, demuestra la ignorancia, el recelo por el otro, el rechazo al que piensa distinto. Entonces, si alguien hace o vota lo que yo no quiero que voten, no puedo decir que son incultos y bárbaros, que merecen que les vaya mal. En sí puedo hacerlo, pero me pongo a la altura de aquellos otros que pretenden hacernos creer que la mitad del país votó a Cristina por un sanguchito de chorizo y una gaseosa cola. Y a ese bajísimo nivel no, no caigo ahí.
Por eso, hay que respetar la voluntad popular, las mayorías, aunque no concuerden con nuestros intereses y espectativas. Si no es así, terminamos escribiendo columnas que resuman frustración por no poder hacer que los demás hagan lo que queremos, como Morales Solá. Este escriba de la derecha, junto muchos otros voceros de los medios opositores está atravesando un mal momento porque parece que Lousteau no se baja del balotaje, como se lo están exigiendo con descaro. Porque si bien en muchos aspectos el ex Ministro de Economía y Larreta se asemejan: además de la obviedad de ser opositores al gobierno nacional, Lousteau funcionó muy bien como un delfín del PRO, pero es un delfín que podría reclamar la independencia del estanque macrista. Y eso hace sonar a rabiar las alertas no sólo en las redacciones oligopólicas, sino en el arco político-empresarial que busca que el nombre de pila del próximo presidente sea Mauricio. Ellos no están respetando la elección popular al apretar a Lousteau para que se baje.
En pocos días los porteños decidirán. Quienes son afines al gobierno nacional, están en una encrucijada nada envidiable, pues ninguno de los dos candidatos los representan, pero sería algo necio imaginar que es lo mismo que gane uno o el otro, aunque se mimeticen, se parezcan tanto. Porque una derrota del PRO, mejor dicho, una nueva derrota del PRO, sería un grueso clavo en la tapa del ataúd electoral en el que se metieron al perder Santa Fe y Córdoba y le daría mucho aire fresco a la fórmula de Scioli y Zannini, ya que del otro lado el aire que circula es cada vez más rancio.

RT @MajoSanchez82: «El voto sagrado» mi nueva nota para @24baires http://t.co/ySXlfqlPPX
RT @MajoSanchez82: «El voto sagrado» mi nueva nota para @24baires http://t.co/ySXlfqlPPX
«El voto sagrado» mi nueva nota para @24baires http://t.co/ySXlfqlPPX