El diario íntimo de un sacerdote detalla su rol cómplice durante la última dictadura
Perteneció a Victorio Manuel Bonamín, que falleció en 1991. En el diario personal, el religioso apuntó obsesivamente lo que hizo, vio y pensó, cuanto menos en los años 1975, 1976 y 1978. Los investigadores Lucas Bilbao y Ariel Lede relevaron sus 750 páginas.
6 de octubre de 1975: en un país donde la violencia política recrudece y el Ejército se entrena para la “lucha antiguerrillera”, a monseñor Victorio Manuel Bonamín, el provicario castrense, lo esperaban en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo a las 20.15 para la comida. Después de la sobremesa, su director, el coronel García, lo llevó a recorrer las instalaciones de la guarnición y le contó a vuelo de pájaro en qué consistía el adiestramiento militar. Al religioso el convite lo había maravillado: “Debía ir para cenar y, luego, entretenerme 15 minutos con la compañía Coronel Paiva que se está entrenando ‘tipo Comando’ para la lucha antiguerrillera (¡aguerridísima!)”, escribió, entusiasmado, unas horas después. Lo planeado se trastocó: “Me encontré con que toda la Escuela estaba esperándome para una conferencia en el salón”, se lee. Bonamín puso a prueba su capacidad de reacción: “Improvisé sobre ‘religión y combate’. Después sí, cena y ‘Buenas noches (Tema pedido: ‘Matar en combate’, hay intranquilidades de conciencia!)”, terminó por escribir.
La evocación detallada de esa misa peculiar, que muestra una camaradería orgullosa entre uno de los jerarcas de la Iglesia Católica y los altos mandos de las Fuerzas Armadas, surgen del diario personal del propio provicario castrense. El religioso apuntó obsesivamente lo que hizo, vio y pensó, cuanto menos en los años 1975, 1976 y 1978: tiempos de noches frías y cuerpos ausentes. En los últimos cinco años, los investigadores sociales Lucas Bilbao y Ariel Lede relevaron sus 750 páginas, analizaron su contenido, lo cotejaron con otros materiales y arribaron a una conclusión contundente: “Bonamín y el Vicariato castrense participaron activamente en la implementación del terrorismo de Estado en la Argentina. Fue una tarea elaborada en el tiempo y que encontró entre los años 75 y 76 su materialización”, dice Bilbao en una charla con Infojus Noticias.
“Él habla en su diario de ‘aunar criterios’ y eso a partir de las intranquilidades de conciencia que los militares le planteaban cuando él recorría las unidades o a partir de información que algunos capellanes le traían”, detalla el investigador.
El diario íntimo de Bonamín –del que Infojus Noticias presenta en exclusiva algunos manuscritos- verá la luz el año próximo en un libro. Pero la investigación de Lede y Bilbao está muy lejos de limitarse a transcribirlo. “Entrecruzamos ese material con diarios, revistas militares de la época, e hicimos nuestra propia investigación: un análisis de la historia del Vicariato, su estructura y su despliegue, un análisis de la figura de Bonamín en esos años, un recorrido por sus discursos, escritos y acciones”, definen.
La bitácora de Bonamín llegó a las manos de los investigadores a través del sacerdote jesuita José María Meissegeier, el padre “Pichi”. Luego de su lectura paciente, pudieron precisar que “estaba preocupado por orientar la acción de los capellanes, respecto a la cuestión de las torturas, por ejemplo”. A través de Bonamín pudieron reconstruir, en un trazo más grueso, el rol de la institución. “Pero ser poseedor de información confidencial respecto a las internas militares, eclesiásticas, respecto a la metodología represiva, excede cualquier marco de ‘complicidad’, término que generalmente se utiliza para explicar el rol de la Iglesia católica en los años del terrorismo de Estado. La lectura de sus diarios son pruebas irrefutables de la colaboración consciente y explícita de la Iglesia en los años de la represión”, expresa Lucas.
El diario del sacerdote no sólo revela un verdadero apostolado por aplacar los remordimientos de los ejecutores de la masacre militar: también el conocimiento privilegiado que tenía de las decisiones de la Junta de comandantes, incluso antes de su conformación.
El 6 de febrero de 1976 anotó: “Gral Buasso: vino a saludar a Mons. Tortolo, de paso quiso conversar conmigo ‘sobre lo que va a pasar’; conveniencia, seria, de “prevenir” a la Santa Sede por si son detenidos algunos sacerdotes”. Un mes y medio antes del derrocamiento de Estela Martínez de Perón, el plan era claro para los hombres de uniforme y sotana. El 26 de febrero de 1976 agregó: “almuerzo en la Escuela de Comando y Estado Mayor. Comodoro Salas. Auto-invitado Comodoro Rodrigo Franco. Contacto; compromiso de colaboración este año. El tema del día: ¡el golpe! ¿Será para el 8-12 marzo?”.
El 16 de marzo de 1976, por la noche, una patota de la policía secuestró a Luis Anselmo Bonamín, el sobrino nieto del pro vicario y militante de la JP, y lo llevó a una dependencia policial de Catamarca entre Corrientes y Entre Ríos. El dato coincide con una anotación de su tío abuelo en el diario: “por insinuación del Coronel Rolón se llama al comisario Bertolone, Jefe de Inteligencia de la Policía con sede en la ex Seccional 2 Catamarca adonde (según le refirieron a Mito) habría sido llevado Luis ‘todavía vivo’”. A pesar de su llegada directa a la cúpula militar, Bonamín no hizo demasiado después del secuestro.
Como probó la justicia, el 4 de agosto fue asesinado el obispo Enrique Angelelli, mientras Bonamín estaba en Europa. Al día siguiente de su regreso, se reunió dos horas con el coronel Ricardo Flouret. En su diario tituló “Mons. Angelelli: ¿un tiro en la cabeza?”, y escribió que entre otros temas se había tocado la “situación actual, pormenorizada; -situación de Teresa en Rel. Exter.; caso Mons. Zazpe; Mons. Angelelli”.
Ahora que terminaron de relevar la primera parte, seguirán por las anotaciones de 1978: allí consigna, entre otras cosas, que hay capellanes movilizados con las tropas durante una posible guerra con Chile y habla sobre el Mundial de fútbol.
Bonamín murió en 1991, en una casa de retiro de la orden salesiana, en el barrio rosarino de Funes, donde pasaron al menos tres detenidos clandestinos, entre ellos el cura Santiago Mac Guire. Ya no tendrá que dar explicaciones por su bitácora del terror ante la justicia.
Sin embargo, la investigación sobre su gestión ha sido aportada a muchas causas judiciales: en la causa del obispo Angelelli, en la megacausa Saint Amant II de San Nicolás, en la causa Feced, de Rosario, donde se investiga la responsabilidad del ex capellán Eugenio Zitelli, y otra por el asesinato de Luis Anselmo Bonamín. También fue aportada a la causa en la que podría ser procesado Monseñor Grasselli. Además de un listado biográfico de 33 capellanes de los cuáles hay pruebas concretas y testimonios de su paso por centros clandestinos o cárceles donde se torturaba a los detenidos.

RT @carloXL: El diario íntimo de un sacerdote detalla su rol cómplice durante la última dictadura http://t.co/6OunG3P2xP vía @24baires
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@24baires Bonamín un militante de la dictadura y la muerte.