Massa no se baja nada, nada, nada
De la euforia triunfalista a la soledad que da pena. Una soledad excluyente, que en política es tan nociva como un video comprometedor. Así está Sergio Massa ahora, abrazado a su esposa y posible candidata a algo, Malena Galmarini. Alejado de las sonrisas que auguraban el poder total, refugiado en un puñado de dirigentes perseverantes, que quizá no se van porque no tienen dónde ir. O, también es posible, eligen quedarse junto al líder vilipendiado y afrontar juntos lo que, ya saben, no va a ser la elección que ellos creían hace apenas unos meses.
Y Massa es joven, al menos eso expresó él en conferencia de prensa o, mejor dicho, en la exposición oral que realizó ante los medios ayer. Dice que tiene futuro. En un tierno intento por autoconvencerse de que aun las puertas del fracaso estrepitoso están a algunas baldosas de distancia, de que todavía no cayó con estrépito, explotó y está desparramado por mil partes.
Pero la foto es otra, porque la realidad es otra. Sergio Massa no fue el férreo político que no quiso mezclarse con otros sectores de cara a las próximas PASO, para pelearle al kirchnerismo el sillón de Rivadavia. No. Sergio Massa fue un mendigo al que no le gustó el mendrugo de pan que le ofrecía el PRO.
Y Mauricio Macri no estaba dispuesto a rescatarlo del naufragio donde ese barco recauchutado que siempre fue el Frente Renovador cada día se hunde un poco más. Sus planes (y los de su equipo, claro) no incluyen incorporar en la Provincia de Buenos Aires a alguien que pueda tener más aspiraciones que María Eugenia Vidal, a alguien que pueda reposicionarse. A alguien joven, con futuro y sin ningún reparo en el tipo de alianzas que pueda pergeniar. A Macri no le servía Massa bien parado, salvado.
Pensémoslo así: Macri le ofrecía a Massa la candidatura a Gobernador con Vidal como vice, alguien del riñón PRO. ¿Y si Macri pierde las presidenciales y Massa gana? Esa cuenta tiene que haberse hecho y arrojado resultados muy negativos para el ex presidente de Boca. Porque de seguro prefiere perder la provincia más importante del país a tener que negociar mano a mano con Massa, verlo construir su poder en detrimento del suyo, convertirse en una amenaza latente reverdecida gracias a él.
Porque debemos tener claro que el tipo de política que hacen ellos es así. No hay proyecto, no hay un impulso militate que empuje candidaturas, no hay una construcción colectiva donde las ideas y las acciones se mezclen para lograr una estructura que ponga al mejor representante al frente. No, ni a patadas voladoras. Lo del FR y el PRO es fue y será marketing, juego de ajedrez de los Durán Barba. Afeitarse el bigote, abrazar viejecitas poniendo cara compungida.
Y ese es el juego que lo deja a Massa afuera de todo: el propio, el mismo. Lo coloca en la solitaria empresa de ir a batallar como candidato presidencial donde sabe que perderá, donde está clara la futura polarización entre el Frente para la Victoria y Macri. Y Massa deberá contar moneditas en la puerta de todo eso, como hará Margarita. Y mientras tanto, ahora mismo, el massista de ayer, hoy se va volviendo un ex.

RT @24baires: [OPINIÓN] Massa no se baja nada, nada, nada http://t.co/yZgAMTZyjn por @MajoSanchez82