Las banderas bien arriba, sin olvidarnos de nada
Quiero escribir sobre la plaza del 25. Tengo un cúmulo de emociones e ideas que se atropellan por salir todas juntas, como los Tres Chiflados, haciendo el clásico chiste de la puerta. Y quiero escribir sobre la Plaza de Mayo que vi este lunes, porque la viví, la palpité con cientos de miles, la canté, la aplaudí, la bailé, la reí. Alegría, le dicen. Porque viajé para festejar una fecha que ha tomado otro cariz, con los años.
Es que mucho ha cambiado, hasta la carga de contenido que le pongo al término patria, cuando lo pronuncio. Es que vengo de otro país, que en realidad es el mismo, pero distinto. En ese país, tan lejano aunque está acá al lado, arriba y abajo, la alegría del pueblo era un concepto abstracto que quizá algún loco podía imaginar o recordar, esforzando la nostalgia, inventando historias. Porque la realidad del pueblo, de allá, del país del que yo vengo, era otra. No diferente, era otra. No íbamos a la plaza a festejar, íbamos a la plaza a esquivar balas de goma y gases, los más afortunados, los que sobrevivíamos. No nos reuníamos para cantar juntos, bailar y reír, no, no. Si nos reuníamos en las calles era para reclamar, exigir trabajo, pan, un pedacito de esperanza que nos dijera que la moneda iba a dejar de caer cruz.
Cuando, allá, en la época de la que les hablo, nos encontrábamos manifestando con desconocidos, nos veíamos a los ojos y encontrábamos el espejo perfecto de nuestra propia pena, de la panza vacía de millones, del dolor de los zapatos gastados de caminar por el trabajo que ese día tampoco iba a llegar. Este 25 también nos vimos a los ojos, pero tu mirada, compañero, compañera, esta vez brillaba de alegría, no de bronca. Nuestro ojos ahora brillan por la emoción de sabernos de pie, crecidos, golpeados por aquel otro país que sigue acá, pero firmes, poniendo el pecho y la cara. Así, como antes, pero no para atajar las más pálidas, sino para contarle al mundo cuánto orgullo da estar acá. Sabiendo que estamos haciendo algo grande, importante, que sólo puede hacerse con amor. Y lo estamos construyendo con las mismas manos que antes frotábamos unas con otras, con el frío de la fragilidad del mañana incierto que nos daba vivir en ese otro país que está dentro de este, que es más grande, donde al fin va habiendo lugar para todos. Con estas manos que eligen, que abrazan, que trabajan, que estrechan otras manos, manos con las que se puede contar para seguir construyendo.
Nosotros hemos cambiado, yo cambié. Ya no me traigo a casa de la plaza la vaina vacía de un escopetazo represivo, me traigo fotos con gente que quiero, me traigo hermosos recuerdos. Ahora sé dos cosas: puedo ir a manifestar mi felicidad, pero eso no quiere decir que haya olvidado cómo era. Y porque todavía sabemos cómo plantarnos si el país de antes, que algunos quieren sacar desde abajo de tierra y tirárnoslo por la cabeza, vuelve. Y como no olvidamos nada, nunca, no vamos a permitir que la injusticia nos almuerce de nuevo.
Ayer un hombre de los miles y miles, cuando Cristina preguntó si recordábamos cómo era antes, gritó que sí, que se acordaba de diciembre del 2001, “Me acuerdo de diciembre”, repitió mientras lloraba. Yo también me acuerdo, le hubiera querido decir, no pude. A veces no puedo ni abrir la boca cuando me acuerdo de golpe de cómo era, de como nos fue. De los que no llegaron a ver una plaza así, de los que no soportaron las otras plazas, los otros recuerdos, las otras fotos. Los que no pudieron sobrellevar toda esa montaña de pena. Y así, acordándome de mi mamá, del tío de mi amigo, preguntándome otra vez qué hubiera sido si hubieran aguantado un par de años más, imaginando sin esfuerzo en qué pensaba ese compañero desconocido que lloraba, reafirmé por milésima vez mis porqués, mis razones, lo que elijo, lo que construyen mis manos. Porque de acá no me voy, porque la alegría se defiende, por nosotros, por la memoria de los nuestros, por todo lo que falta, por todos los que todavía esperan vivir mejor. Estoy segura de eso. Los que llenamos la Plaza de Mayo estamos seguros de eso, mientras sonriendo, cantando, levantamos alto nuestras banderas, bien arriba, allá, donde todavía nos esperan un montón de sueños.

RT @MajoSanchez82: @Solangebflores @veekva @luherrera_ @cuesta_mariana Comparto mi experiencia de la Plaza del lunes. Abrazo, compañeras ht…
RT @Amarcosfranco: gran nota de @MajoSanchez82 me hizo sentir q estuve allí, y si, estuve http://t.co/nwepWQSlZT
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RT @MajoSanchez82: @pablotosal Aunque no te nombro, hablo de vos acá, donde cuento lo que viví en la Plaza. Seguro vas a saber cuándo: http…
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