Los mortales cuestionan a Fayt
La Corporación Judicial, esa que intentó crear una figura de Alberto Nisman después de su muerte que intentaba ser la de un trabajador honrado de la justicia, atacado por el siniestro gobierno que lo acosaba y no lo dejaba cumplir con sus obligaciones, debió guardar los instrumentos de esa operación en sus estuches cuando comenzaron a salir a la luz las verdaderas acciones del fiscal fallecido: sus propiedades de dudosa adquisición, sus cuentas en el exterior, sus viajes a las playas de arenas blancas y aguas transparentes con diversas jovencitas, algunas menores.
La Corporación Judicial, esa que cubre a otras corporaciones, como la mediática y falla una y otra vez a favor de Clarin y La Nación, la que tiene cajoneada la causa Papel Prensa. La Corporación Judicial, que tiende, junto a los medios cómplices, un mando de silencio y protege a empresarios y políticos como Mauricio Macri y muchas cosas más. La tienen, ¿no? Bueno, esa.
Y como es una corporación, se mueven en bloque. Y ahora resulta ser que no sabemos exactamente el estado de salud del legendario Juez Carlos Fayt, ya que se desató una polémica tras la acordada 11 del máximo tribunal, porque, aunque figura su firma en el acta en la que los magistrados establecieron la reelección de su titular Ricardo Lorenzetti, su participación física en esa reunión fue puesta en duda. Además Lorenzetti fue electo con ocho meses de anticipación.
Más allá de sus 97 años, ¿está Fayt en condiciones mentales de seguir formando parte de la Corte Suprema? Y, sobre todo, ¿por qué no se puede preguntar eso? La Corte tiene cinco mienbros y funciona actualmente con tres (Elena Highton y Juan Carlos Maqueda, además de Lorenzetti). Es decir, el máximo tribunal de nuestro país está compuesto por sólo esas personas, e, incluso, de una de ellas desconocemos si está en condiciones de llevar adelante sus funciones.
Pero parece que no se puede preguntar cómo está Fayt. No se puede pedir que salga de su casa y aclare su situación y explique cómo fue que se firmó esa acordada y por qué se hizo con tanta anticipación. El propio Lorenzetti amenazó con renunciar a la Presidencia que con tanto ahínco deseaba mantener, aduciendo “cansancio moral”. Qué es semejante cosa, queda a criterio de cada uno.
Luego de la denuncia del periodista y titular del CELS, Horacio Verbitsky, que fue quien informó que Fayt no había estado presente en la Sala de Acuerdos durante la firma de la acordada y que el documento debió ser llevado a su casa particular para que rubricara el acta, desde la oposición política salieron con los tapones de punta a atacar al gobierno. Carrió, Sanz, entre otros, se manifestaron en defensa del casi centenario Fayt. Señalaron que esta es una arremetida kirchnerista contra el magistrado. Incluso la inefable Lilita se quejó porque piden un “Análisis médico de Fayt cuando yo he visto a un Jefe de Gabinete duro por la cocaína”. Otro de sus incomprovables exabruptos.
Por su parte, el propio Fayt dijo que “resistirá” esta embestida del gobierno, porque él “es necesario”. Como si él fuera intocable, como una vaca sagrada india. Como si no debiera rendir cuentas a nadie, nunca, y hacer lo que quiera con la administración de la justicia argentina hasta que, quizá, algún día lo encuentre la esquiva muerte. Claro, ya ha atravesado democracias, dictaduras, golpes económicos, estallidos sociales… ¿Cómo van a afectarlo las exigencias de un momentáneo gobierno de mortales?

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