La trampa de responsabilizar a la víctima

taxi1Saber exactamente dónde estás y estar atenta a quienes te rodean. Evitar áreas aisladas. Confiar en tus instintos es clave. Si no te sentís cómoda en alguna situación o lugar, lo mejor es irte. Evitar el uso de auriculares en ambas orejas. En las fiestas debes estar alerta con las bebidas. Evitá aceptarlas si te las ofrece alguien que no conocés o en quien no confiás. Salir en grupo y volver en grupo. Siempre llamar el taxi por teléfono, pedirlo por Internet o por alguna app del celular.

Estos son algunos de los consejos que ofrece el diario La Nación, extraídos, según dicen, de la norteamericana Red Nacional de Violación, Abuso e Incesto. Estas son las “Recomendaciones para evitar agresiones sexuales en la calle”. En ningún momento de la nota, a Andrés Carrizosa, su autor, se le ocurre ofrecer algunas recomendaciones a quienes ejercen la violencia, como, por ejemplo: Si invitás a una chica a salir y te dice que no, quiere decir que no. Cuando salgas y veas mujeres que te gustan, no las toques sin su consentimiento, porque eso, además de no estar bien, es violencia de género y está penado por la ley. Si sentís deseos sexuales por alguien que no te corresponde en ese sentido, sea mujer, hombre, niño o niña, debés entender que no tenés ningún derecho sobre ellos y que cualquier cosa que hagas es una agresión y es ilegal. Nada justifica tu abuso: las mujeres se pueden vestir como quieran, caminar como quieran, ser como quieran, hablar como quieran y acostarse con quien quieran.
Pero La Nación no fue el único medio que, logrando quizá alguna especie de record, cometió dos aberraciones juntas, en una misma nota. El Portal MinutoUno titula: “Tras la violación en un taxi ¿Qué precauciones hay que tener al tomar uno?”. Y ahí nos alertan del encuentro ante siniestros monstruos violadores trabajadores del volante, haciendo una generalización absurda que estigmatiza a miles de hombres. Sin ir más lejos, hace unas semanas en la ciudad de Mar del Plata, fue justamente un taxista quien rescató a una chica en la calle que estaba siendo violada por dos policías en un patrullero.
En la nota pueden leerse recomendaciones similares que le explican a la mujer cómo llamar a un taxi, cómo anotar una patente y los datos del chofer, qué hacer si no se siente cómoda y cómo utilizar aplicaciones del celular para que todos sus familiares y amigos estén al tanto de su posición global a la hora de osar incurrir en la peligrosa aventura de subirnos a un transporte de ese tipo. Aunque desde ya no está mal tener ciertas precauciones, sólo falta que te digan que si saliste sola y te pusiste auriculares en las dos orejas, después no te quejes si alguien te viola.
Porque el foco está puesto ahí, en la mujer, y lo que la mujer tiene que hacer para no ser abusada. Y aquí hay una trampa tendida bajo los pies de quien lea esas notas con ingenuidad: están naturalizando las violaciones como hechos frecuentes y que está en la mujer poder evitarlos. Como si los violadores fueran seres que, debido a su animalidad, no pudieran frenar el impulso de atacar, entonces la responsabilidad es nuestra. Así podrán decir que si te tomaste un taxi en la calle y te dormiste o un trago en la barra de un bar, es culpa tuya que un tipo te agarre y te lastime, no del hombre que elije agredirte.
Déjenme decirles que yo no quiero que me enseñen a llamar a un taxi, no quiero no poder andar tranquila por donde yo quiera porque de lo contrario la culpa será mía, no quiero tener que desconfiar de mis vecinos. No quiero que nos enseñen eso. Quiero que enseñen que cualquier tipo de violencia hacia las mujeres y los niños está mal, que forzar a cualquier persona a hacer algo que no quiere está mal, que si un hombre cree que puede golpearte, violarte y abusarte de cualquier manera, el equivocado es él y no es responsabilidad de la víctima, sino de ese hombre. Porque quien recibe la vejación es eso justamente, una víctima.
No gasten más tinta en enseñarnos a cruzar la calle, ya sabemos. Si quieren ayudar, enséñenle a los hombres a que nos nos atropellen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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