El cinismo enfermo de culpar a la víctima

daiana garciaNo alcanza terminar en la basura. No alcanza que te violen, te torturen y te asesinen. No alcanza el miedo y el dolor. No alcanza morir con una media sucia atragantada. No alcanza nada de eso. Porque después de vejada, después de muerta, después de ser descartada en una bolsa como mugre, todavía falta que te acusen se trola, de fácil, de loca. Todavía falta que digan que vos buscabas que te pase lo que te pasó, porque te vestías así, provocadora.

Algunos lo insinúan, otros se animan a decirlo con todas las letras: es culpa tuya. Ah, si, hay un tipo, o dos, o más, que te violaron y mataron, pero eso es anecdótico, apenas un detalle que otros tendrán en cuenta. ¿Y qué querías con ese short cortito? Pero mirá la musculosa que te había puesto… ¿Así ibas vestida para buscar trabajo?
Justifican tu desaparición y tu asesinato por la pilcha que llevabas ese día. Quizá, los que señalan tu cadáver aun tibio con su dedo admonitorio y te juzgan con la crueldad del peor villano, no se dan cuenta que, en realidad, están justificando al matador, al violador, al que tira mujeres a la basura. Se están poniendo en el lugar del asesino. De hecho, y aun peor, se están poniendo del lado del asesino. En vez de ponerse del lado de la víctima, elijen acusarla, volcar el pesado camión de la culpabilidad sobre ellas, y justifican el accionar del perverso que les quita la vida.
El peligro es evidente. Cada femicidio es un terrible nuevo espejo en el que mirar nuestra sociedad y en el que medir la forma en que los medios de comunicación lo exponen. Este lunes, al conocerse el hallazgo del cuerpo de Daiana García en una bolsa de residuos en un descampado, el Diario Clarín compiló en una nota algunos hechos similares resonantes de los últimos tiempos y tituló: “Casos que se repiten: chicas jóvenes, que desaparecen y encuentran la muerte”. Así, como si fuera una cuestión abstracta, como si estas chicas salieran a la calle y se perdieran solas en alguna esquina y encontraran de golpe a la parca, con su hoz afilada, en algún baldío al que llegan en su insólito paseo.
No, Clarín. Y no a todos los que piensan así. Estas chicas no “desaparecieron”, a estas chicas las desapareció alguien. Estas chicas no “encuentran la muerte”, a estas chicas las matan. No es lo mismo. Es como aquella infame tapa de diario: “La crisis causó dos nuevas muertes”. No, las crisis no matan, matan las personas, matan quienes dan la orden de matar y quienes disparan las balas.
El “Algo habrán hecho”, ya dañó mucho a nuestro país. Cada vez que alguien opina así de una víctima tiran vinagre en una herida abierta. Si bien hemos recorrido un largo camino contra el machismo, la violencia y la misoginia, en momentos así vemos cuánto falta aun por caminar. Porque podemos seguir explicando todo esto en una nota, podemos dar una charla, armar un seminario contra la violencia de género, marchar, reclamar, peticionar, pero ellas siguen muertas. Ya es tarde para ellas. Y aunque sabemos que nada de lo que hacemos resucitará a Daiana, ni a Melina, ni a Noelia, ni a Serena, tenemos que persistir en remarcar y profundizar todo esto. Dando la discusión, reclamando justicia, aprendiendo y enseñando. Pero es así: ellas siguen muertas, asesinadas, recibiendo, dentro de la bolsa de basura en la que descartaron sus restos, las patadas de una chusma enferma que se regodea en el cinismo del “Por algo habrá sido”.

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