Por su propio peso
Este miércoles por la mañana el juez Daniel Rafecas rechazó la denuncia de Alberto Nisman contra la Presidenta de la Nación, el canciller Héctor Timerman y otros funcionarios. El fiscal fallecido los acusaba de encubrir a Irán en la causa por el atentado a la AMIA. Naturalmente, la muerte de Nisman –aun caratulada como dudosa-, infló la situación política y judicial a niveles estratosféricos.
Rafecas, luego de estudiar la denuncia presentada en detalle, resolvió desestimarla porque “No hay ninguna evidencia que revele que el gobierno argentino tenía intención de perturbar, afectar o encubrir la labor de la justicia argentina, si no que era al contrario. El gobierno argentino agotó todas las instancias para que la causa avance”, según afirmó el juez.
Esto desbarata toda la operación montada sobre el último acto como fiscal de Nisman, al que se habían subido, como a un tren fantasma, toda la oposición argentina. Todas y todos aquellos políticos que presionaron a Nisman para que presentara esa denuncia inconsistente e insustancial contra la Presidenta, ahora perdieron el rudimentario techo en el que se vinieron cobijando desde principio de año. Desde esa causa amañada, opositores políticos como Laura Alonso y Patricia Bullrich del PRO, bombardeaban al Kirchnerismo ocultas en la trinchera que habían construido con la presentación del fiscal, primero, y con su muerte, después.
Ahora, sin denuncia desde la que atacar, se taparán con la manta corta del fallecimiento y, si la fiscal Fein en breve cierra la causa como suicidio, se escudarán en eso para seguir sembrando intrigas y supuestos desopilantes que sólo apuntan a desgastar al oficialismo.
Por su parte, Rafecas, en una entrevista con la agencia Reuters, habló de los puntos que más se destacaron oportunamente en la acusación y remarcó que “Las órdenes de captura (De INTERPOL) nunca estuvieron en peligro. El Gobierno siempre fue firme y consistente en sostener estas ordenes de captura”. Allí se pone en evidencia como lo que había presentado Nisman iba en contraposición con la realidad, con lo que él mismo había investigado durante más de diez años en la causa AMIA. Y, además, se vislumbran las presiones que debe haber recibido para finalmente redactarla y llevarla adelante.
Esta operación inmensa, que cuenta con el condimento extra de una muerte dudosa en el medio, seguirá siendo aprovechada por la oposición desacatada e irresponsable, que no desea la verdad, sino manipular la realidad en beneficio propio. Aun, incluso, si eso significa mentir desfachatadamente.
Ahora, estos mismos políticos que metieron presión a Nisman para que presentara su denuncia, que metieron presión a Pollicita para que imputara a Cristina, señalan a Rafecas como un “cobarde”, como lo hizo Carrió, porque el juez no hizo lo que ellos necesitaban que hiciera. La denuncia se cae por su propio peso, por su propia debilidad y fragilidad.
Pero no puede ser que el Poder Judicial sea un cúmulo de almas bondadosas un día y marchen codo a codo y un chiquero de infieles al otro y quieran defenestrarlo. Ni siquiera tienen coherencia para eso. El Poder Judicial está podrido como una manzana, desde adentro. Aunque un día falle a favor de las expectativas y necesidades de uno y otro no, debe democratizarse. Porque la única justicia posible debe perseguir un único interés, que no tiene colores políticos: la verdad.
