Millones de moscas

nisman mrchaLa marcha del 18F fue catalogada como “histórica” por sus convocantes, concurrentes y beneficiarios. Tal vez estén en lo cierto: si algo quedará en la historia de este acto, será, precisamente, el error.

Es un error conceptual que los fiscales marchen pidiendo justicia. Obviamente, conocen el estado de la causa Nisman. Saben que es la Justicia la que está actuando. Saben cómo se trabaja. Saben que en la causa no hay –hasta ahora- otro indicio que el del suicidio. Por lo tanto, la marcha no representa más que, o una presión producto de una presión mayor, o la búsqueda de un inédito rédito político.
O ambas.
Sobretodo cuando varios de los fiscales que convocaron a la marcha, tienen relaciones demasiado cercanas con las facciones en las que se divide la barrabrava de Boca Juniors, club del que Mauricio Macri fue un exitoso presidente.
En la confusión, guían a un montón de gente permanentemente precalentada a fuego lento por los medios, a ese mismo error ¿Qué reclamaban más que un cambio al gobierno, producto de las incomodidades causadas a las supuestas libertades de un cierto grupo o clase social?
Porque reclamar justicia sobre el presupuesto de que Nisman fue asesinado, no es, precisamente, reclamar justicia, sino que la investigación sólo confirme la superstición.
No apoyan abiertamente a candidato alguno, no presentan proyectos, no impulsan una nueva idea de país. Sólo frenar al kirchnerismo que carcome las estructuras sobre las que han basado sus vidas y varias de sus inequidades, es el grito desesperado.
El cambio que algunos buscan, no sería otro que la marcha atrás.
Llamar a Nisman patriota, alzarlo a los panteones de San Martín o Belgrano, es, al menos, desconocer que los patriotas peleaban contra esos intereses de los que Nisman era aliado. Los Stiuso del siglo XIX vigilaban a Belgrano, no eran sus aliados. Una imagen que circuló en las redes sociales el mismo 18 de febrero, mostraba a la gente reunida con sus paraguas frente al Cabildo aquel 25 de mayo de 1810 sobre una leyenda que decía que “los patriotas” no se dejaban amilanar por la lluvia, y que los concurrentes a la marcha también debían soportarla.
Sin duda, muy pocos de los que pugnaban por echar al virrey aquel día de mayo, hubieran apoyado los confusos y caprichosos reclamos de los manifestantes de 2015. Por lo pronto, Belgrano quería una especie de reforma agraria que sería muy criticada por la Sociedad Rural que, no obstante, no dudaría en homenajear hoy a su bronce para diluir su memoria.
Se lanzó como argumento en contra de la marcha aquel según el cual, las fuerzas autodenominadas “progresistas” o al menos, “democráticas” marcharían junto a Cecilia Pando y la viuda de Videla. Desde los concurrentes, se sostuvo que ellos marchaban junto a estas personas, pero el gobierno tenía entre sus filas al sospechado Milani. Es insostenible poner a la par a un sospechado, a un denunciado, junto a una exégeta de la dictadura y el robo de bebés y la viuda de un condenado que murió en prisión sentado en el inodoro, y considerarse alternativa a un gobierno que investigó como nadie los crímenes de lesa humanidad.
Pero se me ocurre que mucho peor que marchar con Pando, es elaborar una explicación para marchar con Pando y referentes autoritarios locales. Que Pando esté en la misma marcha es una cosa, puede ser una circunstancia, por cierto demasiado recurrente. Justificarlo es admitir la miseria.
Pero esta situación, la de marchar junto a un adversario ideológico, tuvo varios escenarios más en la marcha del 18F.
“Ni Macri ni Carrió”, dice el precandidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Humberto Tumini, en los afiches con los que empapeló su distrito.
Si alguien se preguntara dónde estaba Tumini el 18 de febrero pasado ¿no se sorprendería de verlo en la marcha, a la que también concurrieron Macri y Carrió?
Hubo mucha gente mayor en la marcha. Llamó la atención la ausencia notoria de jóvenes sub-30, a tal punto que los medios hegemónicos intentaban encontrar algunos para hacerles notas e intentar revertir esa imagen.
Patricia Bullrich, partícipe de aquel descuento del 13% sobre las jubilaciones durante el gobierno de De la Rúa, marchaba junto a esos ancianos que, como para aumentar las diferencias con Bullrich, durante este gobierno vieron aumentar considerablemente sus ingresos.
Ni los fiscales que no dudaron en marchar el 18F fueron en contra de aquella medida que recortaron las jubilaciones. ¿Qué cosas habrán cambiado tanto para lograr actitudes tan distintas?
Todos marchaban detrás de la idea fuerza según la cual “Nisman fue asesinado”. No importa que se pruebe lo contrario. A ojos del extranjero distraído, del cronista histórico, alguien relacionado al gobierno mató a Nisman y fraguó un suicidio. Se reclama una justicia que es sospechada a medida que se va confirmando. Y esa es la imagen cristalizada para siempre. En la causa, al menos hasta ahora, no hay una sola prueba que admita otra cosa que el suicidio. Y en derecho, todo lo que no está en la causa no existe. Sin embargo, hay que sostener una mentira basada en el número de los mentirosos: millones de moscas no pueden estar equivocadas.
Contradecirlos, es “faltar el respeto a la multitud”, como si muchos, millones, por sostener que tres por cuatro es veinticinco, hicieran que el error no sea tal.
Tal vez todos aquellos que marcharon la semana pasada no eran más que fragmentos quejosos de la sociedad, algo que por definición no puede generar una alternancia política duradera. Mucho menos, un proyecto.
Pero pareciera que para muchos, adentrarse en contra de Clarín es un verdadero agravio que invita a salir a las calles a protestar. La devoción de aquellos que acusan a los otros de ir a actos “por el chori y la coca” es aún peor, porque además de no ir “por propia voluntad” a las marchas, y de vivir creyendo que ejercen su libertad, olvidan que el diario y el cable no son, precisamente, gratis.
Que “la Patria sea Clarín” es peligroso. Que en definitiva, todos los que marcharon, incapaces de concretar un proyecto político, sean en definitiva, los idiotas útiles de un multimedios que no quiere cumplir la ley.
Durante la semana pasada, Clarín logró también que se suspendiera la adecuación de sus medios. Una vez más logran burlar a la ley, a esa justicia que esa gente que marcha dice defender.
Al mismo tiempo, las noticias sobre el caso Nisman perdieron importancia en el sitio del diario.
Tal vez no hay Nisman, ni justicia en peligro, ni mayor desastre que una megaempresa preocupada.
O al menos, habría que haber esperado que la Justicia que se tramita en los tribunales, y no la que se busca en kermesses masivas, haya dictaminado en forma más fehaciente, lamentablemente no tan rápido como las urgencias electorales reclaman.

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