El amanecer de la noche

barrio norteEn los últimos años, distintas personalidades, algunos historiadores, otros intelectuales y hasta memoriosos, han reiterado una idea que tiene que ver con la similitud que habría entre el gobierno actual y las dos primeras presidencias de Perón. Surgen en la comparación cifras sobre distribución del ingreso, empleo, derechos de los trabajadores, etc.Por lo tanto, en una consideración de trazo muy grueso, podríamos establecer que, a igualdad de acciones, igualdad de intentos de reacción. Es decir, igualdad de enemigos.

Pudimos asistir en los últimos tiempos a las manifestaciones de una indignada clase media, como también de ciertos empresarios y factores de poder que, como en las presidencias de Perón, sólo encubrían otros oscuros intereses.
Intentemos repasar cómo fueron los últimos años del gobierno de Perón, derrocado por las usuales mafias.
El gobierno peronista había prácticamente neutralizado a la oposición. Por lo tanto, la única manera de hacerse ver desde estos espacios que se consideraban postergados, era a través de la búsqueda de escándalos y alianzas con lo peor de la sociedad.
Sin embargo, los intentos eran infructuosos. Sólo una tragedia podría hacer que cierta opinión pública se diera vuelta.
Sin embargo, ocurrió. La muerte de Eva Perón, en 1952 desvistió al gobierno de un cierto carisma asistencialista. La ausencia de Evita dejó un hueco enorme que generó debilidades en un pueblo que no lograba superar el luto.
Para colmo, surgió una crisis económica que derivó en el desabastecimiento de algunos insumos, sobretodo en la carne, que los ganaderos –cuando no- destinaban en cantidades cada vez mayores a la exportación. Hubo un suicidio notable, por si queremos buscar rimas: el de Juan Duarte, hermano de Eva e influyente funcionario frecuentador de actrices y cabarets, envuelto en varios escándalos, uno de los cuales, por el precio de las carnes. Aún hoy, las señoras entradas en años mentan que fue el mismo Perón el que le entregó a Juan Duarte el arma con la que se terminó por suicidar, y le dijo “o te suicidás, o te suicido”. La referencia mítica indica que nadie creyó la teoría de la muerte por mano propia y Perón habría sido el Lagomarsino de Duarte.
Si bien Perón, como militar, podía sostener algunos embates formales del Ejército, entre algunos oficiales jóvenes que luego tuvieron demasiada participación en otros hechos trágicos, se comenzó a configurar una atmósfera de maniobras turbias.
Ante los embates de la oposición por la carestía y la muerte de Juan Duarte, la CGT convocó a una movilización para el 15 de abril de 1953.
Ese día, la Plaza de Mayo se llenó. Y en la propia cara de Perón, sucedió un inédito episodio dramático.
Perón comenzó a hablar, a culpar de la crisis económica a ciertos manejos de la oposición. Las semejanzas con la actualidad corren a cargo del lector:
“He repetido hasta el cansancio que en esta etapa de la economía argentina es indispensable que establezcamos un control de los precios, no sólo por el gobierno y los inspectores, sino por cada uno de los que compran, que es el mejor inspector que defiende su bolsillo. Y para los comerciantes que quieren precios libres, he explicado hasta el cansancio que tal libertad de precios por el momento no puede establecerse”, decía el Presidente.
En ese momento, una violenta detonación hizo volar a las palomas de la Plaza. Perón supo que no se trataba de pirotecnia.
“Compañeros, éstos, los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba”.
Casi sin terminar sus palabras, otra bomba estalló en las inmediaciones. El rostro de Perón se tornó adusto.
“Ustedes ven que cuando yo, desde aquí, anuncié que se trataba de un plan preparado, no me faltaban razones para anunciarlo. Compañeros: podrán tirar muchas bombas y hacer circular muchos rumores pero lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya, y de esto, compañeros, yo les aseguro que no se saldrán con la suya”, continuó el mandatario, visiblemente enardecido. Por primera vez, le estaban pegando en su propio rincón.
La gente comenzó a indignarse y a gritar: “Perón-Perón-Perón!!!”, y minutos después, el grito comenzó a transformarse en una especie de súplica hacia el líder: “Leña-Leña-Leña!!!-“.
El desborde del presidente sobrevino. Cada una de sus palabras desató hechos históricos posteriores:
“Eso de leña que ustedes me reclaman, ¿por qué no empiezan ustedes a darla? Compañeros: estamos en un momento en que todos debemos de preocuparnos seriamente, porque los canallas no descansan porque están apoyados desde el exterior. Decía que es menester velar en cada puesto con el fusil al brazo. Es menester que cada ciudadano se convierta en un observador minucioso y permanente, porque hoy la lucha es subrepticia. Todo esto nos está demostrando que se trata de una guerra psicológica organizada y dirigida desde el exterior, con agentes en lo interno. Hay que buscar a esos agentes, que se pueden encontrar si uno está atento, y donde se los encuentre, colgarlos en un árbol (…) El gobierno está decidido a hacer cumplir los precios aunque tenga que colgarlos a todos. Y ustedes ven qué tan pronto se ha comenzado, y el pueblo ha comenzado a cooperar, los precios han bajado un 25 por ciento. Eso quiere decir que, por lo menos, nos estaban robando el 25 por ciento. Han de bajar al precio oficial calculado, porque eso les da los beneficios que ellos merecen por su trabajo. No queremos nosotros ser injustos con nadie. Ellos tienen derecho a ganar pero no tienen derecho a robar. (…) Si para terminar con los malos de adentro y con los malos de afuera, si para terminar con los deshonestos y con los malvados, es menester que cargue ante la historia con el título de tirano, lo haré con mucho gusto. Hasta ahora he empleado la persuasión; en adelante emplearé la represión. Y quiera Dios que las circunstancias no me lleven a tener que emplear las penas más terribles.”
Sobre la Plaza yacían cinco de los tantos muertos de los que su historia han sido testigos, y un centenar de heridos graves. Eran los primeros de varios cientos.
Una de las bombas fue detonada en la entrada a la estación de subte A, casi frente al Cabildo.
Las palabras de Perón desataron la venganza: grupos de militantes incendiaron la llamada “Casa del Pueblo”, sede histórica del socialismo en la calle Rivadavia 2150, perdiéndose la valiosísima Biblioteca Obrera Juan B. Justo, uno de los archivos mas completos sobre la historia del movimiento obrero en la Argentina, también sucumbió bajo el fuego la Casa Radical, de Tucumán al 1600, el comité del Partido Demócrata y la sede del Jockey Club, de Florida al 500. En todos los casos, los bomberos llegaron tarde y sin agua en sus autobombas.

La historia siempre destaca la barbarie desatada por el peronismo, y relativiza la de los asesinos. Los criminales que colocaron las bombas en la Plaza fueron identificados: Félix Luna, los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse y Roque Carranza eran algo así como coordinadores del grupo, con un gran contacto con la oficialidad joven, sobretodo con el Capitán Eduardo Thölke, que tal vez proveyó las bombas y animaba a la tropa para que realizaran actos contra el gobierno.
Los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse eran miembros de una familia de la oligarquía ganadera, a la que también pertenecía Alejandro Agustín, luego presidente de facto y entonces preso en el Sur por participar de un intento golpista y tio abuelo del exfiscal Pablo Lanusse, tan activo por estos días. Roque Carranza llegaría a ser un destacado dirigente radical. Fue ministro de Obras y Servicios Públicos durante la presidencia del doctor Arturo Illia y de Defensa en la administración de Alfonsín. Una estación de subte de la línea D y el viaducto que une a Palermo con Belgrano llevan su nombre.
La escalada sólo había comenzado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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